
El amor después del amor , la serie de Netflix que es furor por estos días, ofrece diferentes aristas para bucear en los primeros 30 años de la vida de Fito Páez. Entre las canciones -propias y ajenas- que marcaron a una generación, la tragedia familiar que lo persigue casi desde su nacimiento, y sus historias de amor, se mezcla una escena perturbadora ocurrida durante su niñez en su casa de Rosario.
La protagonista es Felipa, una joven que la familia había contratado para cuidar al pequeño Rodolfo. Vale recordar que Margarita, la madre, murió meses después de dar a luz. Desde entonces, Fito quedó a cargo de su padre Rodolfo y de sus abuelas -”mis madres putativas”, como declaró alguna vez-, Belia y Pepa, que en rigor de la verdad, era su tía.
En el segundo capítulo de la biopic, mientras en la línea temporal el Fito adulto consolida su flechazo con Fabiana Cantilo, en la que retrata su infancia muestra su relación con su niñera Felipa, interpretada por Camila Plaate. Allí se ve cómo comparten las tardes en la plaza, donde el niño (Gaspar Offenhenden) antes que jugar con otros chicos prefiere pasar tiempo con ella, que a su vez empieza a relacionarse con hombres de su edad. También se percibe una curiosidad creciente en sus ojos de niño que lo llevan a observarla en su habitación, mientras se baña. Y ella parece advertirlo.
La escena cúlmine ocurre luego de lo que parecía ser un almuerzo como tantos otros, en la que los Páez comían en la mesa principal, Felipa en otra secundaria, pero todos bebían más de la cuenta. Incluido el pequeño Fito, con la venia de su padre. Algo mareada, Felipa se dirige a su habitación, y el niño la sigue. Vuelve a observarla a través de la ventana hasta que ve una puerta que se abre, como invitándolo a entrar. Ingresa, cierra y ya no muestra nada más.

Si bien el músico eligió contar hasta ahí en la biopic, y no ahondar en detalles de lo que ocurre en la habitación, ya se había referido en otras oportunidades al tema. De hecho, la base del guion de la serie es Infancia y juventud, su primer tomo de memorias (Planeta, 2022). Y allí dio más precisiones de la historia de Felipa. Cuenta que era santiagueña, “con el pelo entreverado como Ava Gardner y una juventud que se salía por todos lados”. Llegó a su casa a sus cuatro años y se instaló en un cuarto sobre el patio, el que luego ocuparía un Fito adolescente.
“Nos queríamos mucho, era mi nanny”, escribe el músico que pasó gran parte de su infancia con ella. “Jugábamos a los penales en el patio de baldosas falsamente andaluzas”, agrega, mientras su padre o sus abuelas protestaban por los pelotazos. “Éramos dos niños, jugábamos como si fuéramos hermanitos. Y también oficiaba de mamá”, completa, señalando que, cuando era necesario, le imponía algunos límites en la conducta.

Hasta allí no hay grandes diferencias con lo que relata la serie, hasta que llega aquella comida bien regada, los adultos que se van a dormir la siesta y Fito sigue los pasos de Felipa hasta su habitación. Aquí el autor narra con detalles subidos la situación de abuso que vive con la mujer. “Creo que abuela Belia escuchó el grito fuerte de Felipa”, escribe, y agrega que desde entonces se vivió un clima extraño en la casa. “Pasaron unos días y nunca más la volví a ver. El día que me dijeron que no trabajaría más en la casa lloré durante horas, durante días. Fue un terrible desconsuelo”, cierra.
A raíz de la visibilidad que tuvo la escena en la serie, se viralizaron algunas entrevistas en las que Fito se había referido a la situación de abuso. La revista Gatopardo subió días atrás un perfil escrito por la periodista Leila Guerriero en 2018, donde el rosarino las menciona como “experiencias con Felipa, una chica que me criaba”. Y de esta manera, evoca la escena en cuestión.
“Un día se puso en pedo y se me subió encima y me violó. En un sentido. Porque yo lo viví con mucha alegría. Siete, ocho años tendría. Es una situación que podría ser traumática para cualquier niño, porque es un chico violado. Pero yo tenía una intimidad de amor con ella. Por supuesto que pienso que podría ser una escena muy salvaje. Sin embargo, para mí fue un despertar erótico hermoso”, aseguró en la charla.
“Es algo muy serio el sexo. Hay algo que se revela cuando te sacás la camisa”, añadió. “Es ‘ah, estábamos en un mundo civilizado pero en bambalinas sucede esto’. Okey. A mí me gustan las bambalinas”, agregó en aquel entonces, con una versión más similar al de las páginas del libro que a los fotogramas del audiovisual.
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