Cada estreno de una nueva Misión: Imposible es un evento mundial. La historia de estas películas empezó en 1996, pero la serie que la inspiró salió al aire por primera vez en 1966 y tuvo siete grandes temporadas, e incluso un regreso en los 80. Su espíritu alcanzó a todo el mundo, incluyendo la brillante variación con humor que se hizo en Argentina llamada Los Simuladores, que a su vez tuvo sus remakes. La fórmula creada por Bruce Geller hace ya 55 años que es una fuente inagotable de inspiración.
La serie era muy clásica y repitió su estructura casi sin variaciones. El comienzo de cada episodio es un clásico: Mr. Phelps (interpretado por Peter Graves, líder del grupo desde su aparición en la segunda temporada) recibía una misión. Solía hacerlo con una carpeta y un pequeño reproductor de cinta abierta. La voz en la cinta lo saludaba, le explicaba la misión y, en la mayoría de los casos, decía “la cinta se autodestruirá en cinco segundos”. En varios episodios también dice que en caso de que algún miembro del equipo muriera o fuera capturado, se negaría cualquier vinculación con el mismo. Pero eso dejó de aparecer en las últimas temporadas. Todos los episodios tenían una misión concreta contra un enemigo. Hubo pocas excepciones, donde algún conflicto personal o la captura de alguno de los agentes alteraban la lógica del show.
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Pero vayamos al legado más poderoso que nos dejó la serie. El músico argentino Lalo Schifrin compuso el inmortal tema de Misión: Imposible. Los créditos del comienzo también han pasado a la posteridad, asociados a esta partitura. Una mano con un fósforo encendía una mecha que se iba consumiendo mientras un montaje al ritmo de la música de Schifrin mostraba escenas del capítulo. Este vértigo de los títulos era mucho mayor que el que tenía la propia serie y su velocidad se parece más a lo que después serían las películas. Este comienzo fue uno de los grandes hallazgos que las siete temporadas tuvieron.

El primer año no tuvo a Peter Graves como protagonista. Mr. Briggs fue durante la temporada uno quien comandaba la misión, recibía instrucciones y elegía al equipo. El actor Steven Hill tuvo diferencias con los productores de la serie y no renovó contrato. Además de Hill, en la primera temporada estaban Greg Morris (Barney Collier, experto en tecnología), Martin Landau (Rollin Hand, experto en disfraces), Barbara Bain (Cinnamon Carter, la única mujer del grupo) y Peter Lupus (William Armitage, encargado de los trabajos físicos). Es muy difícil disfrutar de esa primera temporada sin la presencia de Graves.
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Las que realmente son las temporadas más importantes y representativas de la serie son la segunda y la tercera: representan a Misión: Imposible en estado puro. El elenco se mantiene, salvo por el fundamental cambio de jefe. Mr. Phelps (Peter Graves) entra en escena sin explicación alguna, está al mando y nada más. Esta clase de recursos son típicos de la serie. Porque uno de los elementos más originales e interesantes era que los agentes protagonistas no tenían psicología alguna: no se peleaban entre sí, no se enojaban, nada los sacaba jamás de su eje. Aceptaban la misión, la realizaban y se iban. La mayoría de los episodios terminaban así, con el equipo abandonando el lugar luego de terminar su tarea.
Los villanos tenían algunas categorías reconocibles y recurrentes. Estaban los agentes enemigos de la Guerra fría, es decir, la Unión Soviética y Europa del este, y las fronteras entre ambos bandos también eran un desafío habitual. Aparecían las organizaciones mafiosas puras, es decir, gángsters. Había criminales de guerra nazis que habían escapado y planificaban retomar de alguna forma el poder. Muchos de estos criminales se refugiaban o se habían refugiado en Latinoamérica, incluyendo, claro, Argentina. Y finalmente las republiquetas bananeras absurdas, algunas no tan alejadas de la realidad, otras completamente disparatadas. Es que el delirio total tratado con seriedad es otra de las claves de la serie. Y ahí es donde es importante la construcción bidimensional de los personajes.
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A esas máquinas de espionaje que son los agentes se le contrapone toda clase de personajes ridículos, exóticos, con carácter irascible, malvados, manipulables a la larga, víctimas del trabajo de los protagonistas. Para realizar las misiones más lógicas se creaban los planes más absurdos. A los agentes de Misión: Imposible, la línea recta nunca les pareció una opción.
Las máscaras también eran un elemento clave de la gracia de la serie. Disfraces y toda clase de trucos, aun con las limitaciones técnicas de aquella época, eran moneda corriente en cada capítulo. Otro punto fundamental eran los falsos viajes. Al villano le hacían creer que viajaba en camión, avión o incluso submarino, cuando en realidad nunca salía de un galpón. También se fingían países ¡Y hasta llegaron a fingir años completos! Estos capítulos, no es necesario aclararlo, eran de los más divertidos.
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Luego Landau y Bain, marido y mujer en la vida real, dejaron la serie en la cuarta temporada y entró Leonard Nimoy, quien venía de una ficción que se había cancelado prematuramente: Star Trek. Recién en la quinta temporada se incorpora una actriz fija, Leslie Ann Warren, lo que le aporta un costado juvenil a una serie que se fue volviendo algo vieja para la época. Entre los villanos aparecieron personajes más jóvenes y temáticas más cercanas a la juventud.
No dejaron en ningún momento de aparecer actores invitados, algunos verdaderas leyendas del Hollywood clásico y también rostros recurrentes de la televisión. Los intentos de generar sentimientos en los personajes para que tuvieran una psicología compleja no mejoraron la serie. El intento de modernizarlos convierte a la quinta temporada en la menos interesante.
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Las temporadas finales son intentos de retomar el camino original. Desde lo visual se nota un mejoramiento de la técnica y los efectos. El último capítulo termina sin nada especial. Es una misión más. La serie se despidió, luego de siete temporadas, sin dar explicación alguna, fiel a su estilo seco y concreto.
Misión: Imposible ganó muchos premios, en una época donde había menos premiaciones, hay que recordarlo. Entre estos premios hay que incluir el Emmy a mejor serie dramática, tres veces seguidas. Barbara Bain mejor actriz, y Peter Graves una vez mejor actor. Lalo Schifrin ganó un Grammy por la música.
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En la década del 80 la serie volvió con dos temporadas, producidas en Australia, con Peter Graves en el rol protagónico de Jim Phelps y con un elenco joven que incluía a Phil Morris, el hijo de Greg Morris en la vida real y en la serie. Greg y otros actores de la serie original hicieron apariciones especiales, pero hoy esta secuela se ve más antigua que la original. Las películas producidas y protagonizadas por Tom Cruise son una continuación más respetuosa y fiel, aun cuando al comienzo parecía alejarse.

A 55 años del estreno, la creación de Bruce Geller sigue funcionando y generando nuevas historias. Está autorizado el lector, si acepta la misión, a tararear la música de la serie a partir de este momento. Y recuerden: esta cinta se autodestruirá en cinco segundos.
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Agradecimientos: Estudio Faiketen (@faiketen)
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