
“Quiero comprarme un camión”, le dijo Diego Maradona a Guillermo Coppola. Corría el año 1997. Por entonces, el astro había vuelto a jugar en Boca Juniors, el club de sus amores. Y, cual si se tratara de un chico encaprichado con un juguete, se había obsesionado con la idea de tener un Scania. Así que no paró hasta tener uno. Entonces, muchos aseguraron que el jugador prefería movilizarse en un vehículo de esas características para evitar el acoso de la prensa. “¡Vieron qué linda maquinita! Ahora va a ser difícil hacerme notas: ningún periodista se va a poder colgar”, cuentan que le escucharon decir. Pero la realidad era que él, simplemente, quería cumplir su sueño de niño.
Claro que, el primer día que decidió usar este vehículo para ir al entrenamiento de su equipo, el Diez tuvo un pequeño inconveniente. Y es que, cien metros antes de llegar al complejo de Ezeiza dónde lo esperaba el resto del plantel, el camión se detuvo. El astro tuvo que aceptar la ayuda de un vecino, que se ofreció a acercarlo con su coche para que no tuviera que completar el trayecto caminando. Y luego fue su representante, que iba de copiloto, el que se encargó de llamar a un auxilio. ¿Qué había pasado? Según indicó el mecánico que fue a revisarlo, le habían cargado el combustible en el tanque equivocado...
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El camión original de la marca, modelo 113 h, venía en color celeste azulado metalizado, con algunos detalles en otros tonos. Pero, con el tiempo, Maradona mandó a pintar el suyo de negro. Y pidió que, sobre el parabrisas, colocaran una calcomanía con las sílabas “Dal” y “Gia”, abreviatura de los nombres de las dos hijas que tuvo durante su matrimonio con Claudia Villafañe: Dalma y Gianinna.

Años más tarde y ya separado de hecho de su esposa, el astro se mudó junto a su representante a una casa que habían alquilado en el paquetísimo Barrio Parque. Y la verdad es que los vecinos de la zona no veían con buenos ojos que el jugador estacionara el Scania sobre la vereda, justo enfrente de la residencia de Flavia Palmiero y en las cercanías de los domicilios de personalidades como Marcela Tinayre, Mariano Grondona y Susana Giménez, entre otras. Además, cuentan que cuando Maradona llegaba con semejante vehículo, cortaba con el techo del mismo las ramas de los árboles del lugar, llenando de hojas todas las calles.
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De todas formas, la realidad es que los vecinos nunca se quejaron con él por el camión. Sí, en cambio, se hicieron oír cuando en las fiestas que tenían lugar en la casa de Maradona se empezaron a utilizar cada vez con más frecuencia fuegos artificiales y pirotecnia. Pero la realidad es que todo terminó en un verdadero escándalo barrial en enero del 2002, cuando se produjo un incendio en la vivienda que habitaba Diego provocada, supuestamente, por un cortocircuito. Y tanto él, como su mano derecha y su impactante camión, debieron marcharse...
A decir verdad, Diego no usaba demasiado el vehículo en cuestión. ¿Adónde podía ir con él? De hecho, al no tener lugar para guardarlo, tras el incidente le había pedido a su asistente personal, Gabriel Buono, que se lo llevara a su casa de Béccar dónde había espacio suficiente como para tenerlo estacionado. Y allí pasaba meses y meses sin que nadie le diera marcha. Sin embargo, cada tanto, el astro le pedía a sus colaboradores que se lo acondicionaran para ir a dar una vuelta. Y entonces tenían que cambiarle la batería y hacerle una revisión técnica, con tal de darle el gusto al Diez.
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Cuentan que una vez, cuando los problemas económicos los agobiaban, Coppola le sugirió a Maradona que vendiera el Scania. “Ya tenés la Ferrari, la Montero, el Porsche, las motos de agua...”, le dijo para tratar de convencerlo. Pero la respuesta de Maradona fue terminante: “Vendé todo lo que quieras, menos el camión”. Es que, sin lugar a dudas, ese vehículo tenía para él un valor sentimental que nadie más entendía.
De hecho, en el año 2004 y mientras atravesaba uno de los momentos más difíciles en su lucha contra las adicciones, Diego se había alojado en una quinta de General Rodríguez, sobre la ruta 28, propiedad del empresario Carlos Mastellone. Y había mandando a pedir que le llevaran el camión. ¿Para qué lo quería? Según le contó a su entono de entonces, lo quería tener a mano por si en algún momento se tenía que “escapar”. Como si, de alguna manera, con él en su poder se sintiera invencible...
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Años más tarde, Buono vendió su casa y no tuvo más remedio que llevar el Scania al estacionamiento de su oficina de Capital Federal, ubicada en Holmberg y Monroe, dónde el vehículo continuó estacionado por varios años más. Hasta que allá por el 2008 y ya estando en pareja con Verónica Ojeda, Maradona le pidió que lo llevara a un galpón de Ezeiza, dónde se supone que aún hoy permanece.
Hasta donde se sabe, el camión había sido gestionado mediante un canje publicitario y estaba a nombre de Maradona Producciones, una sociedad anónima creada en su momento por Jorge Cyterszpiler y cuyo presidente habría sido don Diego Maradona padre. Sea como fuere, lo cierto es que tras la muerte del ídolo, ocurrida el 25 de noviembre del año pasado, el vehículo no entró en la sucesión de bienes que los hijos del astro, que incluyen a Diego Fernando, Diego Junior y Jana además de las chicas cuyos nombres decoraban el Scania, llevan adelante en los tribunales de La Plata.
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