Kate Moss y Johnny Depp (Foto: Capital/Daily Mail/Shutterstock)
Kate Moss y Johnny Depp (Foto: Capital/Daily Mail/Shutterstock)

Cuando el azar los juntó en un bar de Nueva York cada uno sabía quién era el otro. Es que el mundo tenía bien claro quién era cada uno. Johnny Depp contaba 31 abriles, una pareja con la maquilladora Lori Anne Allison, una relación intensa con su colega Winona Ryder y una fama creciente de seductor que estaba dispuesto a aumentar. Pero además era uno de los actores más interesantes de su generación, con una popularidad ganada en la serie Comando Especial y un prestigio que empezaba a despuntar con títulos como El joven manos de tijera.

También era un apasionado por la música y cargaba con una historia triste: la muerte de su amigo River Phoenix en The Viper Room, el bar que regenteaba en Sunset Strip y al que accedía la juventud rebelde de la generación X. Esa noche iban a tocar juntos, pero Phoenix sufrió una descompensación y murió en la calle. Fue un llamado de alerta sobre el abuso de drogas, al que pocos prestaron atención.

Kate Moss había cumplido 19 años. Era británica, era hermosa, era extraña. Fue el ícono de un cambio de paradigma en el modelaje. Si los 80 habían sido rimbombantes, fluorescentes y voluptuosos, los 90 tenían que ser lánguidos, grises y delgados. Y allí estaba el diseñador Calvin Klein para bajar línea, el fotógrafo Herb Ritts dispuesto a apretar el gatillo y el entonces cantante Mark Wahlberg como partenaire para una foto que cambió la historia. Su torso desnudo, su mirada triste, su apariencia andrógina configuraron la etapa de la heroin chic en el modelaje, una figura peligrosa que alertó hasta al presidente Bill Clinton. La gente se había empecinado en que también era anoréxica. Ella lo negó hasta que se cansó y dejó que hablaran. Tenía asuntos más importantes que atender.

Kate Moss, icono de la moda de 1990, en su campaña para CK unisex
Kate Moss, icono de la moda de 1990, en su campaña para CK unisex

Dos personas como Kate Moss y Johhny Depp no podían encontrarse en otro lugar que no fuera el Bar Tabac. Era la edad de oro del restó de Brooklyn, que marcaba el pulso de la vida social de las celebrities. De Madonna a Robert de Niro, de Bono a Liza Minelli, cualquiera podía estar allí una noche cualquiera. Como esa de febrero de 1994, en la que Kate, según la leyenda, entró a comprar cigarrillos y su vida ya no fue la misma.

George Wayne, periodista de Vanity Fair, se atribuye el rol de celestino en la historia que iba a copar las portadas de los periódicos del mundo. Estaba en el café cuando vio entrar a Moss acompañada por la diosa de ébano, Naomi Campbell. En una mesa al fondo, Johnny compartía unas rondas con amigos. Tomó a la rubia del brazo y se acercó al grupo. “Kate, este es Johnny. Johnny, ella es Kate”. Eso fue todo. Ni en su más aguzado olfato de periodista estaba lo que la pareja iba a protagonizar. Depp tiene otra versión de los hechos, en los que se acercó con su grupo a una mesa en la que estaba la modelo para saludar a una amiga en común y solo bebieron café. De una u otra manera, no se separarían por los siguientes cuatro años.

Hicieron público el romance meses después durante una gala benéfica. Dejaron de esconderse y se los vio juntos en la playa, en un recital de Johnny Cash y hasta en un parque de diversiones. Ahí tenían otro punto en común: cuanta más adrenalina, mejor. También salían, y mucho, de bares. Otro tipo de adrenalina, la que provoca la noche y todo lo que eso implica.

En su libro Champagne Supernova, la periodista Maureen Callahan describe con lujo de detalles la relación entre Depp y Moss. “El apetito de ambos por el alcohol, las drogas, los cigarrillos y el sexo era voraz”, cuenta la autora, y confiesa que no se había visto una relación tan plagada de excesos desde la de Keith Richards y Anita Pallenberg en los 60. Alta la vara.

Los novios hacían oídos sordos a lo que se podía decir de ellos. Johnny tuvo que pasar por boxes para modificar el tatuaje que le recordaba a un viejo amor y el “Winona for ever” se transformó en “Wino”, es decir, borracho. El alcohol fue uno de los principales combustibles en la relación. A pesar de su delgadez y aparente fragilidad, Kate bebía a un ritmo tal que su novio apenas podía seguir. El vodka era su preferido y podía tomar una botella por noche. Por eso la apodaban “El Tanque”. No iba a ser por su contextura física, claro.

Una madrugada el mundo fue testigo de que la relación entre Depp y Moss transitaba por caminos peligrosos. Eran las 5 y desde la suite presidencial del hotel The Markse se escuchan ruidos, cada vez más molestos. Vidrios rotos, objetos que caen, gritos de hombre y de mujer. Uno de los huéspedes, con conocimiento de causa, llama a recepción. Es Roger Daltrey, cantante de The Who, banda célebre por no dejar las habitaciones en las mejores condiciones. “En una escala de 1 a 10, le doy un 1 -sentenció Daltrey-. Les tomó mucho tiempo; The Who podría haber hecho el trabajo en apenas un minuto”.

La policía llegó al hotel. La imagen del actor junto a un oficial de civil, esposado, con anteojos negros y gorro de lana hizo inundó todas las portadas. Depp minimizó los hechos, argumentando que era toda una movida publicitaria del lugar. “¡Fui a la cárcel por haber agredido a una lámpara y a un marco! Ahora pueden jactarse de haber arrestado a Johnny Depp”, bramó. Exculpó de los incidentes a su novia, desmintió los rumores acerca de que la había agredido y brindó diferentes explicaciones sobre lo sucedido, todas en clave de comedia. Que era responsabilidad de un armadillo, que había estado persiguiendo una cucaracha gigante. Finalmente, se hizo cargo de los gastos.

Johnny Deep y Kate Moss, en 199 (Foto: Crollalanza/Shutterstock)
Johnny Deep y Kate Moss, en 199 (Foto: Crollalanza/Shutterstock)

El affaire del The Mark no hizo mella en la balada de Johnny y Kate. Sin maquillajes ni anteojos negros, con camperas de cuero, con ojeras, prolijamente despeinados, con miradas un poco lánguidas y otro poco desafiantes. Eran la imagen hollywoodense del desprolijo seductor.

La pareja no tuvo residencia fija. Un poco por sus respectivas profesiones y otro por la adrenalina, vivieron prácticamente en hoteles. Cada cual atendía su juego, y en algunos puntos, coincidían. La música era uno de ellas y Kate lo llevó de la mano al corazón del brit pop. Empezaron a frecuentar Supernova Heights, la mansión que Noel Gallagher y su esposa transformaron en un club nocturno. Con los Oasis grabaron una versión de “Fade away” para un álbum a beneficio, en la que Johnny toca la guitarra y Kate la pandereta.

En 1997, la balada de Johnny y Kate empezó a escribir sus últimos compases. Según la versión del actor, dos motivos precipitaron el fin de la relación. Uno fue su obsesión por el trabajo. El otro, quizás el decisivo, fue su deseo de ser padre y formar una familia, que chocaba con el rotunda “ni loca” de Moss, enfocada en su carrera de modelo. “No había nada que hacer, salvo terminar la relación”, esgrimió Depp. Kate no dio demasiadas explicaciones al respecto, solo contó que había llorado. Y mucho.

Tuvieron una reaparición pública en el Festival de Cannes en 1998. Allí fue Kate la que se las agarró con el Hotel du Cap con tanta violencia que le prohibieron la entrada de por vida. Por entonces, Depp se enamoró a primera vista de Vanessa Paradis, actriz y cantante francesa, una burla maestra del destino. Fue Vanessa la primera elegida por Calvin Klein para la célebre producción de ropa interior que lanzó a la fama a Moss. Pero la francesa dijo no… ¿La que ríe última, ríe mejor? Según su biógrafa, Laura Collins, Kate tenía esperanzas porque la pasión estaba intacta, pero cuando se enteró que Vanessa estaba embarazada, entró una espiral de excesos y depresión que derivaron en su internación en una clínica por agotamiento. Luego llevaría al límite su rock and roll con Pete Doherty, vocalista de The Libertines. Después de unas cuantas patinadas, se reencontró con su profesión y encontró algo de calma en Jeferson Hack, creador de la revista Dazed, con quien tuvo a su hija.

Depp y Paradis estuvieron 14 años juntos y tuvieron dos hijos. El actor consolidó su carrera profesional como fetiche de Tim Burton o el Jack Sparrow de la saga de Piratas del Caribe. Sus ataques de ira parecían haber quedado en el pasado hasta que Amber Heard, su tercera esposa, lo denunció y pidió una orden de alejamiento por violencia doméstica. El actor se defendió argumentando que era ella quien lo había agredido y la causa todavía no tiene un veredicto final.

Pero pese a que cada uno siguió con su vida, Johnny Depp y Kate Moss marcaron a una generación. Quién sabe si será el irresistible encanto de la nostalgia, la fantasía de sentirse un poco más jóvenes o la adrenalina de vivir al borde. Como sucede con los fenómenos que dejan huella, tienen su grupo de fanáticos que solo le piden que se vuelvan a juntar. Algo de momento imposible de conseguir… salvo que seas un beatle y además una leyenda viva. Paul McCartney lo logró en el video de “Quennie eye".

"Queenie Eye", el video de Paul McCartney en el que aparecen Johnny Depp y Kate Moss (Youtube)

Mientras tanto, habrá que contentarse con esa galería de instantáneas que inunda la web para revivir la historia de amor protagonizada por dos jóvenes salvajes, ojerosos, despeinados, con una copa en la mano y un cigarrillo entre los dedos. Y aún así, eternamente bellos.

Aquellos años dorados: Kate y Depp (Foto: Alan Davidson/Shutterstock)
Aquellos años dorados: Kate y Depp (Foto: Alan Davidson/Shutterstock)

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