
El avance tecnológico ha hecho realidad visiones que antes solo existían en la ciencia ficción distópica, que leíamos en libros o veíamos en películas. Sistemas como Sora, el generador de videos de OpenAI, y la Cybertruck de Tesla, demuestran cómo conceptos que originalmente pretendían alertar sobre futuros indeseables se han convertido en modelos reales y que hacen parte de nuestra vida, según un análisis de The New York Times.
El caso de Sora es uno de los más claros para entender esta situación. Esta plataforma permite crear videos cortos mediante inteligencia artificial a partir de cualquier indicación del usuario.
En teoría, podría abrir nuevas posibilidades para la creatividad humana, pero en la práctica, la mayoría de los videos generados reproducen fórmulas sensacionalistas y escenarios absurdos, como enfrentamientos entre figuras históricas en contextos ridículos.
Según The New York Times, la producción de Sora recuerda más a los garabatos de un estudiante aburrido que a una explosión de imaginación, y ha generado polémica por la representación de personajes como Martin Luther King Jr., lo que llevó a OpenAI a modificar sus políticas de uso.
Cuál es la influencia de la estética cyberpunk en la tecnología
Esta fascinación por lo distópico no se limita a la inteligencia artificial. El diseño de la Cybertruck de Tesla, por ejemplo, se inspira abiertamente en la estética de películas como Blade Runner. Elon Musk, director ejecutivo de Tesla, describió el vehículo como “lo que Blade Runner habría conducido”.
Sin embargo, la Cybertruck también ha enfrentado problemas técnicos que refuerzan su aura de distopía: ventanillas supuestamente a prueba de balas que se rompen en público, carrocerías que se decoloran y demandas por fallos en las puertas electrónicas.
El resultado es un producto que, más allá de su imagen, encarna las mismas preocupaciones sobre el desorden social y la inseguridad que inspiraron las obras de ciencia ficción de las que toma referencia.
La influencia del género cyberpunk y su estética de “alta tecnología, bajos instintos” se extiende a otros ámbitos de la cultura digital. Desde los paisajes urbanos decadentes de las novelas de William Gibson hasta los antihéroes hackers de Matrix, la industria tecnológica ha adoptado elementos visuales y narrativos que evocan megacorporaciones omnipresentes, modificaciones corporales y realidades virtuales alienantes.

Y desde Silicon Valley ha asimilado estos símbolos sin reparar en que, en su origen, representaban advertencias sobre la deshumanización y el control social.
Los problemas y polémicas de esta innovación de ciencia ficción
Los problemas derivados de esta inspiración no se limitan a cuestiones estéticas. La adopción superficial de motivos distópicos ha dado lugar a productos plagados de fallos técnicos y controversias éticas. La Cybertruck, por ejemplo, ha sido objeto de múltiples retiradas del mercado y demandas por problemas de seguridad.
En el ámbito de la inteligencia artificial, Sora ha generado críticas por la banalización de figuras históricas y la reproducción de estereotipos ofensivos. Además, la tendencia a crear sustitutos tecnológicos para las relaciones humanas, como chatbots y dispositivos de vigilancia personal, plantea interrogantes sobre la alienación y la pérdida de interacción genuina.
El impacto de estas innovaciones en las relaciones humanas es otro de los problemas. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, ha señalado que su ideal de inteligencia artificial se asemeja al personaje interpretado por Scarlett Johansson en la película Her, una entidad que evoluciona hasta distanciarse emocionalmente de su usuario humano.

Por su parte, Elon Musk ha impulsado chatbots como Grok, que ofrecen “compañeros” virtuales con características inspiradas en la cultura popular y la literatura romántica. Incluso se han lanzado dispositivos como Friend, un collar de inteligencia artificial que actúa como vigilante constante y se promociona como alternativa a la complejidad de las relaciones reales.
Según The New York Times, estos desarrollos reflejan una tendencia a manifestar la interacción humana y a tratar la amistad y el afecto como problemas que la tecnología puede resolver.
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