
Gustavo Daniel Breciaroli, un albañil de 31 años, murió de un disparo en la cabeza el domingo por la noche en la puerta de su casa en el barrio Parque Peña de Mar del Plata, mientras su esposa terminaba de preparar la cena. Su muerte no fue un hecho aislado: fue el desenlace de meses de amenazas, disparos y denuncias que no tuvieron respuesta policial.
El crimen ocurrió alrededor de las 21:30 en inmediaciones de Los Talas al 4600. Antes del ataque una moto circuló repetidas veces frente a la vivienda. El albañil salió a enfrentar a sus ocupantes y minutos después recibió al menos un disparo en la cabeza. Murió en el acto.
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Según informaron fuentes de la investigación al medio regional 0223, una ambulancia del Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME) llegó al lugar y constató el deceso. Personal de la Policía Científica y efectivos de la Comisaría N° 15 trabajaron en la escena. Los investigadores lograron identificar al presunto asesino.
Laura Albornoz, esposa de la víctima, reconstruyó cada detalle de esa noche. Estaba dentro de la casa cuando escuchó el primer disparo. “Alrededor de las 21:30, estaba en la vereda con los amigos y salí a avisarle que en 5 minutos iba a estar la comida. Entré, agarré el puré de tomate, lo metí en la olla y cuando estaba por salir a decirle que me había olvidado de comprar arroz, escuché la primera detonación”, relató. Puso a sus hijas a resguardo en el cuarto y quiso salir, pero los amigos de Daniel se lo impidieron: le dijeron que la iban a matar y que su marido ya tenía un disparo encima.
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“Salí y estaba muerto en el piso. Lo primero que hice fue mirarlo a la cara y quedó con los ojos y la boca abierta. Me tiré encima y le repetía ‘amor’, pero no respondía. Sabía que no estaba más”, contó. Mientras abrazaba el cuerpo de Breciaroli y pedía ayuda a los gritos, apareció frente al lugar “una moto grande de color gris con la luz muy alta”, conducida por el mismo hombre que había amenazado a la familia durante meses. El sujeto aceleraba el rodado y los miraba. “Me tiré encima de mi marido, pensando que lo iba a atropellar, le di un beso y le dije ‘amor, nos vamos juntos’“, describió.

El origen del conflicto no involucraba directamente a Breciaroli. Según el testimonio de su esposa, todo comenzó en agosto del año pasado, cuando la pareja alojó en su casa a la ex novia de un primo, una mujer que había quedado en la calle junto a sus dos hijas tras una situación de violencia de género. Esa mujer mantenía un conflicto de larga data con sus sobrinos, del mismo barrio. Al poco tiempo, estas personas se presentaron en la vivienda y una noche dispararon contra la propiedad.
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A partir de ese primer incidente, la situación no hizo más que escalar. “A partir de ahí recibí amenazas cada vez que salíamos a comprar. Nos gritaban de todo, nos amenazaban, venían a mi casa y decían que eran los dueños del barrio. Tiempo más tarde, una noche escuchamos detonaciones que destruyeron los vidrios y empezaron a entrar las balas. Nos gritaban que nos íbamos a tener que ir porque éramos ‘ortivas’ por las denuncias”, relató Albornoz al mismo medio. La familia radicó múltiples denuncias y solicitó restricciones de acercamiento, pero el hostigamiento no cesó.
El último intento de obtener una respuesta del Estado data de febrero. Albornoz llamó al 911 porque el mismo hombre que los amenazaba intentó atropellar a su hija y su yerno con un auto. El móvil policial que llegó al lugar le respondió que sin heridos no podía tomar la denuncia. “¿Tengo que venir con mi hija, mi yerno o mi marido muertos para que hagan algo?”, le preguntó a la agente, según relató a 0223. La oficial responsabilizó a la Fiscalía y se desligó de culpas. Tres meses después, la respuesta llegó de la peor forma posible.
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Ante los rumores que circularon en el barrio tras el crimen, Albornoz rechazó de plano cualquier vinculación con un ajuste de cuentas. “Si fuera un ajuste de cuentas, no hubiera denunciado tantas veces pidiendo que la Policía nos proteja porque tenía miedo de que nos maten”, afirmó. La mujer dijo que busca justicia y “limpiar el nombre” de su esposo. “Era una persona que se había hecho querer por todos sus vecinos. Le podés preguntar a cada uno sobre cómo era como persona, familia o papá. No se llevaba mal con nadie, tenía muchísimos amigos y el día que murió estaba la cuadra llena de gente, todos llorando, igual que en el velorio”, lo describió ante ese medio.
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