
El 25 de noviembre de 2020 pasado el mediodía, el doctor Juan Carlos Pinto llegó al lote 45 del barrio San Andrés a bordo de la primera ambulancia que se acercó a la casa de Maradona tras el llamado a emergencias. Salió en código rojo y con todo el equipo necesario para hacer una reanimación que no se pudo concretar. “El paciente ya tenía signos de muerte“, declaró este jueves en el tribunal sanisidrense.
El médico fue el último testigo del día en el juicio por la muerte de Diego: ingresó a la sala de audiencia después del vecino Colin Campbell -el primero en socorrer al Diez- y coincidió con él en que Maradona ya llevaba algunas horas sin vida para el momento en el que fue auxiliado. Una declaración que fortalece la teoría de la acusación, que asegura que al astro del fútbol argentino “lo dejaron morir”.
Juan Carlos Pinto tuvo un rol fundamental porque fue quien firmó el acta de deceso de Diego y quien debió informarle a los familiares que ya no había nada más por hacer. “No querían aceptar que había muerto", contó el testigo sobre la reacción de la familia ese día.

Cronológicamente, relató: “Cuando llegamos al barrio nos guiaron a donde estaba la casa de Maradona. Llevamos todo el equipo para hacer una reanimación. Entramos a la casa y nos dijeron donde estaba él. Ahí en la habitación había una persona que le hacía compresiones en el pecho y otra que le estaba haciendo respiración boca a boca. Nosotros desplegamos todo nuestro equipo y continuamos”.
Pinto, de acuerdo a su declaración, intentó utilizar un desfibrilador para restaurar los latidos del corazón de Maradona. Pero fue en vano: para ese momento, el Diez ya no tenía signos de vida.
“Estuvimos unos 15 minutos más haciendo reanimación, pero no había actividad eléctrica y el paciente ya tenía signos de muerte. Yo le dije a Claudia (Villafañe) que ya había fallecido, pero me decían que no, que había que llevar a una clínica. No querían aceptar que había muerto", recordó el médico.

Ante esta postura de la familia, Pinto volvió a la habitación y le pidió a sus colegas -para ese entonces ya había siete profesionales, según contabilizó- que siguieran insistiendo con las maniobras.
“Traté de intubarlo, pero no pude. Posiblemente, eso tenga más que ver con la rigidez que con el cuello corto que tenía Maradona. El maxilar no lo podíamos abrir porque estaba rígido. Salí a los 10 minutos y les dije que ya había muerto”, señaló Pinto.
El testigo enfatizó en que en la habitación donde estaba Maradona no había ningún elemento médico para brindar auxilio inmediato a un paciente en esta situación. Asimismo, remarcó que, por las condiciones en las que lo encontró, el Diez llevaba mucho tiempo fallecido.
“Hace rato que estaba muerto. Hace más de dos horas aproximadamente. Lo digo por varias razones: por los signos de rigidez que tenía, su postura cadavérica, que se hace más manifiesta a partir de las dos horas, y porque tenía manchas cadavéricas en la espalda”, explicó. Este último punto detalló que tiene que ver con la sangre que cae por la gravedad. Como estaba acostado, fue hacia la espalda.

En un primer momento, Pinto dijo que Maradona estaba rígido desde que él llegó. Sin embargo, ante la pregunta de un abogado defensor que le recordó su declaración del mismo día del hecho, el testigo se rectificó y dijo que su estado de rigidez comenzó tras las maniobras de reanimación,
El momento en el que ocurrió la muerte Diego es una de las principales discusiones entre la Fiscalía -encabezada por Patricio Ferrari y Cosme Iribarren- y la defensa. Mientras los primeros sostienen que el Diez llevaba toda la mañana del 25 de noviembre sin vida y que nunca se levantó a desayunar, tal como había dicho el personal médico a cargo de su cuidado; los representantes de los imputados buscan probar lo contrario.
En este aspecto, Pinto dejó en clara una cuestión: “El horario en el que yo firmé el acta es el horario en el que confirmé que el paciente estaba muerto, no la hora en que murió”.
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