Dos personas fueron detenidas en las últimas horas en la provincia de Santiago del Estero cuando se presentaron a retirar encomiendas con más de 30 kilos de cocaína. La droga estaba oculta dentro de varios dispensers y había sido descubierta por efectivos de la Gendarmería Nacional en un control de rutina sobre un camión que circulaba por Tucumán. El personal de la fuerza federal montó un operativo bajo la modalidad “entrega vigilada” para capturar a los sospechosos.
Todo comenzó en el puesto de control “Trancas” -que depende del Escuadrón 55 “Tucumán”- sobre el kilómetro 1.358 de la Ruta Nacional N°9. Allí, los gendarmes realizaban inspecciones vehiculares y, en ese marco, detuvieron la marcha de un camión para registrar los envíos postales de una empresa de paquetería.
Utilizando un scanner, los uniformados detectaron estupefacientes en seis paquetes. De inmediato se comunicaron con el Juzgado Federal N°1 de Tucumán y a continuación comenzaron a abrir los bultos, que contenían dispensers de agua. Lo siguiente fue desarmarlos ante testigos. Fue entonces que los peritos constataron que se intentó esconder la cocaína distribuida en 30 “ladrillos”. El peso total de los mismos fue de 32 kilos 101 gramos de polvo blanco.

El destino de las encomiendas era la localidad santiagueña de Colonia Dora, localizada a unos 160 kilómetros de la capital de esa provincia. Sin levantar la perdiz, el magistrado interviniente ordenó continuar con el itinerario de las cajas bajo la modalidad de “entrega vigilada”, con la finalidad de identificar a los destinatarios.
Así, este viernes, integrantes del Escuadrón de Investigación de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales de Gendarmería ubicados en ambas provincias, se hicieron cargo del operativo y detuvieron a las dos personas que se presentaron a retirar los envíos, según informaron fuentes del caso a Infobae. Por disposición judicial, además, les secuestraron sus teléfonos celulares, dinero en efectivo, una motocicleta y documentos de interés para avanzar en la investigación.

A fines de enero pasado, la misma fuerza federal participó de otro procedimiento similar. En un control en el peaje Lima de la Ruta 9, a la altura de Zárate y sobre la autopista que une a Buenos Aires y Rosario, los canes antinarcóticos que acompañaban a los gendarmes señalaron un paquete que tenía más de seis kilos de cocaína, distribuidos en seis ladrillos. En este caso, la encomienda tenía un remitente de Orán, en Salta, y el destino final de la droga era un centro de distribución en la provincia de Mendoza.
Ante ello, el Juzgado Federal de Campana dispuso la sustitución de la sustancia estupefaciente por envoltorios de idénticas características y peso, con el objetivo de realizar una entrega controlada, al tiempo que la Unidad de Procedimientos Judiciales Campana de Gendarmería, en conjunto con agentes de la Dirección Antidrogas de la misma fuerza, rastreaban los domicilios de los remitentes y destinatarios.
El paquete recorrió los más de mil kilómetros hasta llegar a destino y los sospechosos mordieron el anzuelo. El 25 de enero, dos hombres se presentaron en la sucursal mendocina de la empresa de distribución y reclamaron el paquete. No sabían que estaban rodeados por gendarmes que los estaban esperando. Fueron detenidos en el acto. Además, les secuestraron sus celulares.

En esos aparatos, los investigadores hallaron información clave: uno de los destinatarios de la droga era un interno alojado en el Complejo Penitenciario VI de Cuyo del Servicio Penitenciario Federal, por hechos vinculados al narcotráfico.
En esta etapa de la trama, entró en juego la actuación de un agente revelador, es decir, un efectivo que simuló interés en la compra de cocaína para poder bucear en el interior de la estructura que llevó adelante la maniobra, en apariencia, burda. Una vez más, la técnica de investigación, funcionó. Hubo allanamientos en domicilios mendocinos. Secuestraron dinero en efectivo, en moneda nacional y extranjera, y más teléfonos.
Al mismo tiempo, allanaron la cárcel de Cuyo en busca del salteño Luis Wilder “Gavilán” Zalazar, un reo con antecedentes por narcotráfico. Le secuestraron el celular que usaba dentro de la prisión y González Charvay ordenó su detención. Claro, no era la primera vez que lo esposaban.
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