
Esta historia es un truco sucio dentro de otro, una capa de mugre sobre otra. Primero, hay que explicar el truco principal.
Carlos Iván Fresneda no parecía tener nada de especial a simple vista, no parece un delincuente maestro o alguien que pueda tener una gran idea para obrar el mal y llenarse los bolsillos. Sin embargo, la acusación en su contra hablaba de una maniobra ingeniosa.
De 44 años, con una larga lista de empleos varios, comenzó a trabajar para la Municipalidad de Pilar a mediados de 2016. Con el tiempo, llegó a estar a cargo del combustible de los vehículos municipales. En diciembre pasado, el Departamento Inteligencia contra el Crimen Organizado de la Policía Federal lo arrestó en la zona de Zelaya, también en Pilar, en una causa instruida por el fiscal Andrés Quintana.
Fresneda, supuestamente, “tenía las tarjetas de carga de combustible de los autos de la Muni”, asegura un investigador. “Estaba conectado con una estación de servicio y los playeros. Entonces, él iba un día y mandaba a sus amigos a cargar nafta, o venía uno con un trailer cisterna. Llenaba, a él le daban el 50 por ciento del valor y él pasaba la tarjera de la Muni por el 100 por ciento”, detalló.
Así, lo acusaron de robar $60 millones de pesos de las arcas públicas.
El combustible, desde ya, se vendía. Había quienes lo compraban, entre ellos un transportista de Pilar. Aquí, comienza la otra historia en esta trama, una avivada un tanto vil.

Carlos Alberto Guerra, de 44 años, con domicilio en el centro de Pilar, sin empleo en blanco desde 2017, fue detenido ayer por Crimen Organizado de la Federal, también en una causa a cargo del fiscal Quintana. Cayó, precisamente, por la denuncia de un transportista que habría comprado combustible al esquema de Fresneda. El relato del transportista a la Justicia fue curioso. Dijo que lo llamó un supuesto policía de la Federal, que le aseguró que lo involucraría en el expediente si no le entregaba 500 mil pesos en un depósito bancario.
El supuesto PFA, incluso, le había dado un alias de Mercado Pago, “OFICINA 10″, por la supuesta “Oficina 10″ de la fuerza que representaba. Esa oficina, desde ya, no existe. El hombre se negó a pagar, ya que los huecos en la historia le llamaba la atención. Entonces, hizo la denuncia.
Así, los policías ataron cabos, en más de un sentido. Una serie de triangulaciones llevaron a Guerra. El celular desde el cual se hicieron los llamados y la cuenta de Mercado Pago estaban a nombre de él. Ahora, ¿cómo conocía a su víctima? Supuestamente, obtuvo una foto de uno de sus camiones con los tambores de nafta en un simple recorte periodístico. Así, vinculó el camión a su dueño y comenzó a llamar.
Su indagatoria se esperaba para hoy jueves, confirman fuentes judiciales.
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