
Marcelo Alberto “Bebu” Fernández (45) fue condenado este lunes en Rosario a 20 años de prisión por haber cometido un crimen macabro: mató a una docente jubilada de 73 años, la desmembró en siete partes y después arrojó distintos fragmentos del cuerpo en bolsas de nylon al arroyo Saladillo, a la altura del Parque Regional Sur.
El homicidio ocurrió en febrero de 2020 en la zona Sur de Rosario y “Bebu” Fernández aceptó haber cometido el bestial crimen de María Isabel “Tití” Ruglio, la mujer a la que cuidaba en su casa de Uriburu al 500, en el barrio Las Heras, a dos cuadras de la casa en la que nació Lionel Messi.
El asesino confesó el crimen en una audiencia en la que se acordó la pena entre el fiscal Adrián Spelta y la defensora pública Marianela Di Ponte, que fue homologada por el tribunal integrado por los jueces Gonzalo López Quintana, María Trinidad Chiabrera y José Luis Suárez.
De acuerdo con la teoría de la fiscalía, Fernández mató a la jubilada asfixiándola con sus manos. Luego, cortó la cabeza, los brazos, las piernas y el torso en dos, y colocó cada una de las partes en distintas bolsas que luego tiró al agua.
Se presume que el asesinato fue entre el 6 y el 7 de febrero de 2020. Sin embargo, las bolsas fueron halladas el 10 y 11 por pescadores que dieron aviso a la Policía y a la Prefectura, que trabajaron con perros en toda la zona.
Los cortes quirúrgicos al cuerpo de la víctima tenían una explicación: Fernández trabajó doce años en España cortando patas de jamón crudo, por lo que tenía habilidad para manejar cuchillos. De hecho, se encontraron muchas de esas armas blancas en el domicilio donde se cometió el crimen.

Al comienzo de la investigación, el móvil del crimen estaba enfocado en que Fernández habría cometido el ataque con la finalidad de quedarse con la casa. Sin embargo, en el avance de la causa eso quedó descartado porque se conoció que el homicidio ocurrió antes de firmar un documento para hacer un usufructo vitalicio del inmueble. “No se llegaron a firmar los documentos. Además, él sabía de la existencia de herederos de la propiedad”, aseguraron fuentes judiciales a Infobae.
La jubilada era cuidada después de una operación de columna tanto por el hombre como por su pareja, Josefa “Pepa” Richarte Carrasco, quien aún se encuentra imputada como presunta partícipe, pero podría ser desvinculada ya que no se encontraba en el lugar al momento del ataque.
La pareja le alquilaba una parte de la casa a la víctima e incluso llegó a montar una verdulería en el garaje. Una actitud sospechosa que ocurrió en ese negocio en la noche del 6 de febrero es lo que encendió las alarmas de los vecinos.
Según los testimonios recogidos en el Ministerio Público de la Acusación, el jueves 6 de febrero de 2020 dos mujeres fueron a comprar verduras cerca de las 21.30, media hora antes del cierre del local. Sin embargo, el lugar estaba cerrado y con la puerta de la casa entreabierta.
Las clientas tocaron timbre y luego decidieron ingresar a la propiedad, pero “Bebu” Fernández salió al cruce, les dijo que no hicieran ruido porque, supuestamente, tenía problemas con Ruglio y las sacó del inmueble. Se sospecha que fue en ese momento en el que se habría cometido el macabro asesinato.

La pena de 20 años fue explicada por el fiscal Spelta en conferencia de prensa este lunes. “Fue un homicidio simple, más allá de lo macabro del momento posterior. Tiene una pena de 8 a 25 años. Inicialmente se le imputó a Fernández el delito de homicidio calificado por codicia, pero luego se descartó el interés económico”, sostuvo.
En la causa llegó a haber una tercera persona acusada. A Marcelo Fernández y Josefa Richarte se le agregó un remisero que fue apuntado por la pareja por, supuestamente, haber colaborado en descartar las partes del cuerpo al arroyo Saladillo. Sin embargo, ese hombre quedó desvinculado por no tener relación alguna con el hecho. Es más, se presume que fue señalado por una cuestión económica entre la pareja acusada y él.
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