
C.A y R.I se veían algo diferentes entre ellos, no tenían mucho que ver a simple vista. El primero un hombre de 23 años, el segundo, de 50, dedicado al comercio minorista en los papeles, empleado gastronómico, ninguno de ellos con antecedentes penales. Estaban uno junto al otro, mientras observaban un poco nerviosos el movimiento a su alrededor en la esquina de Corrientes y Olleros en la tarde del jueves.
Esperaban una cita. La Policía de la Ciudad también los esperaba a ellos, con una guardia de la División Análisis del Narcotráfico, que los encararon con algunas preguntas. Comenzaron a transpirar y a tardamudear.
Así, fueron arrestados y allanados, con una causa de la Fiscalía Penal y Contravencional N°7. Lo que les encontraron es algo nuevo para el mercado dealer de la Argentina, una nueva frontera en el mapa de las drogas sintéticas con un producto, por lo menos aquí, literalmente nunca visto.

Durante semanas, según la acusación en su contra, ambos hombres habían ofrecido a través de un grupo de Telegram una serie de chupetines de cannabis a 1500 pesos la pieza. También vendían otras golosinas curiosas, gomitas con forma de hoja de marihuana, color verde profundo, 1300 pesos cada una. Las gomitas de marihuana sintética no son nada nuevo, suelen ser ofrecidas por dealers de alto nivel o contrabandeadas por usuarios de cannabis, un clásico moderno de la industria de la marihuana legal en Estados Unidos, con dosajes de 10 miligramos de THC o más que garantizan alta pureza y efectos de calidad. El riesgo de intoxicación es obvio, con situaciones como ingerir una dosis excesiva, o que la comita la coma un niño por accidente.
Sin embargo, los tests de laboratorio químico revelaron que dentro de las gomitas vendidas por Telegram incluían nBome-25, una sustancia psicodélica frecuentemente comercializada en Argentina como LSD, un gato por liebre distribuido en troqueles o comprimidos con efectos un tanto más tóxicos, y MDMA, el principio activo del éxtasis. No solo eso: también se encontró un porcentaje de THC dentro de la mezcla, con dosajes desconocidos.
Los detenidos tenían 58 de estas golosinas. “Gomitas locas” las llamaban, con poca imaginación. La combinación es curiosa: no suele verse en un mismo producto. Si era un caso de gato por liebre para buscadores de un producto de marihuana, queda por verse. Pero que este producto haya llegado al país supone una ruta de contrabando, una compra en el exterior y un envío con disimulo. En los primeros cinco meses de 2019, la Aduana capturó 24 paquetes con drogas sintéticas que llegaban del exterior en puntos como Córdoba, Mendoza, La Rioja, Santiago del Estero, con dos sobres termosellados con 114 gramos de cristal de MDMA que fueron enviados a Santa Teresita. Incluso se encontró un pequeño paquete con 12 gramos de heroína, una rareza inédita para las incautaciones locales. Las encomiendas en sobres sellados de correos privados fueron la norma.

Los chats en los grupos de Telegram, cerrados al exterior y a los que solo se podían acceder por invitación, eran sin tapujos, conversaciones explícitas. La aparición de las gomitas, por otra parte, presupone un cambio en el mapa: nuevas sustancias, nuevas combinaciones y nuevos contextos.
La cocaína rosa, el compuesto 2CB, un poderoso euforizante para inhalar, pasó en los últimos cinco años de ser una rareza consumida por ladrones colombianos en discotecas a parte de la conversación diaria sobre drogas en la ciudad de Buenos Aires, ofrecida por dealers y adoptada por usuarios. “Le gusta a las chicas, es como jalar chicle en polvo, se cagan de risa”, dice cínico un joven movedizo que frecuenta círculos de la clase alta con el 2CB entre sus ofertas. Este año, ocurrió un hallazgo crucial que demostró el cambio en el viento: el hallazgo de la primera cocina a nivel local.
Ocurrió en Villa Lugano, luego de que el juez federal Sebastián Casanello ordenó seguir la pista de un colombiano y un hombre coreano detenidos en el centro con una bolsa de pastillas de éxtasis. El colombiano fue allanado. En la hornalla de su casa se hallaron cien gramos de polvo. Otra cocina fue encontrada por la Policía de la Ciudad poco después. Esta semana, el polvo volvió a aparecer en el menú de otro dealer de Villa Luro que guardaba 400 pastillas de éxtasis en una caja fuerte.
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