El caso de “Chucky”, condenado por sus “cuentos del tío”: en una hora estafó a tres jubilados y les robó 100 mil dólares y joyas

“Se viene el corralito” o “mañana esos dólares no tienen más validez”, fueron las mentiras de Brian Álvarez para engañar a sus víctimas. Poco después pasaba a buscar el dinero. Fue condenado a 10 años en un tribunal de La Matanza. La insólita historia de uno de sus ataques

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Video: Brian Álvarez en acción con una de sus víctimas.

En solo una hora y sin disparar un solo tiro, un delincuente se hizo de un suculento botín que sería la envidia de cualquier ladrón:89.500 dólares, 1600 euros, 15 mil pesos y joyas. Las víctimas fueron tres ancianos de zonas como Villa Luzuriaga, que en junio de 2019 cayeron en lo que se conoce como “cuento del tío”, una estafa telefónica y una de las modalidades delictivas que más crecieron durante los últimos años en la provincia de Buenos Aires. “Se viene el corralito” o “mañana esos dólares no tienen más validez”, les dijo por teléfono Brian Álvarez, el acusado.

Un hombre de 78 años y dos mujeres, de también 78 y 77 años fueron las víctimas de su ardid. Para el juez de correccional de La Matanza Sergio Gago la avanzada edad de las personas fue un elemento para agravar la pena: se trata de personas más vulnerables, lo que facilita cometer el delito.

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Álvarez, de 27 años y conocido como “Chucky”, fue condenado el viernes pasado a cinco años de prisión por el delito de estafa reiterada. Sin embargo, los tres casos no fueron el único delito que le imputaron. El juez Gago le aplicó una pena única de 10 años total por otras dos condenas previas, lo declaró reincidente y le revocó la libertad asistida que tenía desde fines de 2018, informaron a Infobae fuentes judiciales.

Su discurso era sumamente común entre los estafadores que tienen a jubilados con ahorros en sus casas como víctimas. “Chucky” se hacía pasar por un familiar, hijo o nieto. A las 12:15 horas del 12 de junio de 2019 sonó el teléfono en la casa de Villa Luzuriaga de F.E.L., de 78 años. “Soy Gustavo, se viene el corralito, abrí una caja blindada en el banco, no cuentes nada, no digas nada”, le dijo su supuesto hijo. Pero era Álvarez que le pidió la numeración de los dólares que tenía y le dio un número de código que tenía que decirle “la persona del banco que más tarde iba a pasar a retirar el dinero”.

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Diez minutos después, “Alejandro”, el presunto empleado del banco, le tocó timbre al jubilado. Era Álvarez que le dijo el código. F.E.L lo tenía anotado en un papel y luego le entregó un sobre de papel madera que tenía mil dólares, 15 mil pesos y una lata de dulce de leche que en su interior tenía un anillo de oro, aguamarina y piedras; un anillo de zafiro; un reloj de oro con malla de oro; varios dijes de oro; dos medallones de oro; dos cadenas con dijes de oro; una pulsera de oro; y tres alianzas de oro. “Pensé que era mi hijo Gustavo”, declaró la víctima en la causa judicial. De todo lo que le robaron solo pudo recuperar uno de los anillos que le secuestraron a Álvarez cuando fue detenido.

El mismo día, a las 13 horas, la víctima fue M.N, de 78 años. La mujer atendió el teléfono de su casa, en Ramos Mejía. Un hombre se hizo pasar por su nieto: “Hola abuela, mamá está en el banco, fijate los números de los dólares que tenés vos, porque a partir de mañana no tienen más validez”, dijo el estafador. También le preguntó si tenía euros. Le pidió los números de los billetes y que los separe porque una persona del banco iba a pasar a buscarlos. También le dio un código para verificar con la persona que iba a ir a su casa. “Era la voz de mi nieto”, declaró sin dudar la mujer ante la Justicia.

Unos minutos después, tres hombres llegaron a su casa para retirar el dinero: 1.600 euros y 7.500 dólares. Álvarez, según la investigación judicial, era el que manejaba el vehículo. Pero no iba a ser lo único que se llevarían de esa estafa. Una vecina de M.N les dio el botín mayor: 81 mil dólares.

M.B, de 77 años, es amiga y vive enfrente de la casa de M.N, quien le había pedido ayuda para guardar el dinero en los sobres. Le contó lo que le había dicho su falso nieto; que los dólares iban a perder valor. Entonces, M.B le dijo que también tenía dólares y le preguntó si su nieto se los podía cambiar. Los ladrones fueron a la casa de la mujer donde les entregó una lata de leche en polvo donde adentro estaban los 81 mil dólares.

Para M.N fue más que una estafa. “Iba a hacer un viaje a mi país, Italia, y ya no lo voy a poder hacer, son los ahorros de toda la vida”, contó en la causa penal.

“Chucky” fue detenido al día siguiente cuando los casos se conocieron públicamente en los medios de comunicación y en las redes sociales. Un llamado anónimo le informó a la policía donde estaba en ese momento Álvarez, quien fue detenido en Isidro Casanova.

“Es de público conocimiento que se tratan de hechos recurrentes donde se apunta a plurales víctimas, ancianas, con domicilios cercanos. Los relatos suelen mutar entre corralitos, cambio de moneda, premios otorgados o créditos adjudicados; pero estos tres hechos tienen, además, un muy especial común denominador: la mención de un código y nombre que en todos los casos va a aportar el comisionado para retirar los bienes de las víctimas”, explicó el juez Gago en su resolución sobre la modalidad del cuento del tío.

El acusado declaró en la causa: “Me quiero hacer cargo de lo que hice. Que es el primer hecho. Los otros dos hechos no los hice, no son míos. Le pido disculpas al señor y si tuviera la plata se la devolvería”.

Para el magistrado no solo fue el autor de la primera estafa, sino también de las otras dos. Si bien, por la declaración de las mujeres, Álvarez no fue quien retiró el dinero, sí era quien manejaba el auto con el que los ladrones llegaron a sus casas. Así se determinó con las imágenes de las cámaras de seguridad que constan en la causa judicial. Si bien la imagen del robo a las mujeres “no es nítida” si “cotejada con detenimiento y amplitud mediante, el perfil del conductor coincide en aspectos generales y algunos puntuales con los del imputado”. Además, el magistrado destacó que el modus operandi fue igual en los tres casos y los tres en la misma zona y con apenas poco menos de una hora de diferencia.

Álvarez fue condenado a cinco años de prisión por estafa reiterada. El juez tuvo en cuenta la “vulnerabilidad de las víctimas, por su ancianidad”, lo que “facilita la ejecución del hecho, permite actuar sobre seguro, y resulta aumentativa de la reprochabilidad”.

También lo declaró reincidente en el delito porque tenía dos condenadas previas por las que estaba en libertad asistida. Había sido condenado por portación de arma de fuego y por robo calificado en dos causas distintas a una pena única de cinco años de prisión. La libertad le fue revocada y ahora recibió una pena por las tres condenas de diez años de cárcel.

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