
Las últimas palabras de Brenda Barattini en el juicio fueron contundentes: “Quiero justicia, jamás quise matar”. La mujer de 28, condenada a 13 años de prisión por mutilar los genitales de su amante con una tijera de podar, encontró en la Justicia de Córdoba una sentencia que generó un notable quiebre emocional mientras escuchaba la lectura del veredicto.
Barattini había sido imputada por “tentativa de homicidio calificado por el vínculo y alevosía” por un episodio ocurrido el 25 de noviembre de 2017 por la noche, en su departamento ubicado en la calle Chacabuco del barrio Nueva Córdoba. La arquitecta reconoció haber tomado una tijera de podar para atacar a Sergio Aníbal Fernández: “Pensé lastimarlo. Planifiqué lastimarlo. Quise herirlo, no más que eso”.
Carlos Nayi, por aquel tiempo abogado defensor de Barattini, había revelado que la mujer le confesó a la Justicia que el hombre abusó sexualmente de ella y que por eso lo atacó. Su estrategia se derrumbó rápidamente tras la investigación de la fiscal Laura Battistelli, quien pidió la imputación mencionada tras el testimonio del por entonces novio de la mujer.
Fernández, de 42 años, fue rescatado por los vecinos que oyeron los gritos de Barattini y dieron aviso a la policía. “Dije que me había violado pero fue más para denigrarlo, porque yo me sentía humillada”, afirmó la mujer el miércoles 11 de septiembre de este año en el juicio. La teoría que ella misma introdujo se esfumó a los pocos días del ataque, hecho que provocó el abandono de su letrado.

Tras esa versión Barattini sostuvo que su intención primaria era sacarle el celular al hombre, ya que él había grabado escenas sexuales de ambos y las había distribuido entre sus amigos. Esta teoría se constató con los dichos de Fernández, quien aún tirado en el suelo y sosteniendo su pene manifestó: “Quería revisarme el celular”.
El propio Nayi fue quien explicó por qué Barattini poseía una tijera de podar: “Tenía un jardín y la había comprado hace un año”. Respecto a la relación de la mujer con Fernández, agregó: “Me dijo que estaba con su pareja con quien llevaba siete años de relación. Y me reconoció que efectivamente tenía un vínculo afectivo con este hombre, pero que había terminado hace dos meses ya”.
El 12 de enero de 2018, mientras permanecía detenida en el penal de máxima seguridad de Bouwer, Barattini redactó una carta en la que sostuvo: “Con esta carta no quiero justificarme, porque sé que reaccioné de una manera horrible, como nunca tendría que haberlo hecho, me sentía oprimida, devastada, vi perjudicada mi carrera, mi vida, mi mente, mis afectos. Llegué a un punto que no di más… Y dije ¡basta!”.
En su computadora personal, la Justicia halló una serie de búsquedas en Google en donde la mujer se interiorizó acerca de las formas de amputar un miembro. También un cuaderno, en su casa, en donde había escrito algunas inscripciones en un cuaderno que también se incorporó en la causa. “Bisturí”, “cortarle”, “cinta”, “su celular" y “pedir ayuda”. Cuando se conoció esta prueba y la joven retrocedió en su propia historia, su propio abogado dejó de creer que se trataba de un acto de legítima defensa contra un ataque sexual.
Bettina Croppi, fiscal de Violencia de Familia que pidió su prisión preventiva, había declarado: “Le cabe la agravante de alevosía. Ella preparó todo para ese momento. Tenía estricta premeditación. Puso a la víctima en situación de vulnerabilidad, le tapó los ojos impidiendo que pudiera defenderse y obró sobre seguro y para no salir lastimada ella”.

Barattini, en su carta desde la cárcel, también sostuvo haber sido víctima en diversos episodios de violencia por parte de Fernández. Sin embargo, la Fiscalía no adujo en la causa ninguna mención sobre presunta violencia por parte del hombre hacia ella. Fue allí cuando la Justicia archivó la denuncia por abuso sexual presentada por la mujer.
El lunes 26 de agosto de 2019 fue el día que comenzó el juicio oral y público contra Barattini en la Cámara de Segunda Nominación del Crimen de la capital cordobesa, conformada por los jueces Ítalo Vitozzi (presidente), Mónica Traballini y Mario Centeno. La instrucción estuvo a cargo de la fiscal de instrucción, Bettina Croppi, y la fiscal de Cámara, Laura Battistelli.
“La muerte o la vida de la víctima no dependió del accionar de la imputada, sino de la intervención de vecinos, una enfermera y el médico que intervino. Si uno ve las circunstancias, la vida de él dependió de quienes intervinieron y no de la imputada”, expresó la fiscal de Cámara, quien hizo hincapié en la premeditación de Barattini a la hora de llevar a cabo el ataque: “La intencionalidad no depende del resultado. El resultado agrava la situación pero no varía la intencionalidad”.
El jurado popular, conformado por cuatro hombres y cuatro mujeres, decidió condenarla por unanimidad. Tras esta decisión, los magistrados, pasadas las 18:30, ratificaron el pedido de condena que había realizado la fiscal y dictaron la pena. La defensa de Barattini confirmó que apelará el fallo. En caso de confirmarse, deberá cumplir dos tercios de la condena.
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