Un doble crimen y el video que aún estremece: comenzó el juicio contra un policía que acribilló a otros dos "por un farol"

Ocurrió en 2016 en Isidro Casanova, donde un oficial bonaerense mató a dos de la Federal en medio de una discusión

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El farol roto de un auto tras un choque. Ese fue el inicio de una serie de enfrentamientos a lo largo de dos años que terminó con el brutal doble crimen de Juan Carlos González (42) y Carlos Andrés Oxance (39), dos policías federales que fueron acribillados por el oficial bonaerense Marcos Daniel Fernández (46) en la localidad de Isidro Casanova.

Todo ocurrió la noche del 20 de octubre de 2016 en la avenida Cristianía al 1800. Allí se encuentra ubicada una panadería, propiedad del policía Oxance. Fue en la puerta de ese local que comenzaron a discutir González y el asesino. El otro oficial quiso intervenir, pero de un momento a otro, sacó su arma y les disparó a sangre fría.

El hecho quedó registrado por las cámaras de seguridad. Se ve cómo Fernández discutió con el dueño de la panadería, que había ido a cerrar el local y estaba hablando con una empleada. Después llegó González y la charla se fue tornando más violenta. En el medio hubo empujones y Oxance intercedió para separarlos.

Inesperadamente, el efectivo de la Bonaerense comenzó a disparar. Primero le tiró dos veces a Oxance, que estaba armado porque tenía que irse a trabajar. Después fue el turno de González, que estaba desarmado y había quedado acorralado contra la pared del local. Sin conformarse con eso, volvió sobre el propietario del local y lo remató de un tiro en la cabeza. Además, se tomó el tiempo de sacarle la pistola y vaciar su cargador contra una camioneta.

Otra de las escenas de la secuencia que todavía conmociona es cuando el hijo del asesino, que acompañó al padre para cometer los crímenes, le pateó la cabeza a una del víctimas cuando ya había sido baleada. "Los pateé porque tenía miedo de que mi papá me matara a mí también", dijo en ese momento para defenderse. "Tuve que pegarles patadas a los policías por miedo a que mi papá me mate. Es muy violento y tenía el arma en la mano. Yo les di patadas en la cabeza a los dos hombres en el suelo porque me gritó mi papá para que lo haga. Me dijo después que me fuera y lo hice, fui corriendo a la casa de mi abuela", declaró.

Hoy comenzó el juicio contra el homicida. Los abogados de las familias de los uniformados muertos pedirán que Fernández -hoy expulsado de la fuerza- sea condenado a prisión perpetua. El hijo, que está beneficiado con prisión domiciliaria, será juzgado por un tribunal de menores, ya que en el momento del doble crimen tenía 17 años.

Un incidente de tránsito y el comienzo del trágico final

El trágico doble crimen tuvo su génesis en julio de 2014, cuando Yanina Ascoli, la cuñada del policía González, sintió un fuerte golpe en la parte trasera del auto mientras cruzaba por la esquina de Ampato y Venezuela, en Isidro Casanova. En segundos y aún sin entender qué había pasado, observó que se le acercaba un hombre a los gritos e insultando: era el oficial Fernández, quien ese momento trabajaba en la comisaría de Don Bosco.

Asustada, pues era la primera vez que chocaba, Yanina llamó a Gastón, su marido. Cuando llegó, el hombre le dijo a Fernández que le pagaba el arreglo, a pesar de que él había sido el culpable. Pasaron tres meses y Fernández reapareció en el taller de la familia González. Encaró al esposo de Yanina y le reclamó su deuda de manera violenta.

El hermano de Gastón, el policía González, se encontraba trabajando en una camioneta, escuchó la discusión y echó a Fernández del local. El futuro asesino, lleno de ira, le dijo: "Vos no sabés con quién te metiste". Fue el primero de los encuentros que mantuvieron.

En enero de 2015, González -que trabajaba en la División de Drogas Peligrosas de la Federal- fue a buscar a su esposa en pleno centro de Casanova. Mientras esperaba, sintió un golpe en su camioneta. Inesperadamente, era el oficial de la Policía Bonaerense, quien estaba acompañado de su hijo adolescente. Fernández amagó con disparar, discutieron fuertemente y después se fue.

Pasaron bastante tiempo sin noticias del violento policía, hasta septiembre de 2016, un mes antes del doble crimen. Una tarde, Gastón, Yanina y su hijo de tres años fueron a una ferretería. Recordó que había dejado la puerta del auto abierta, salió del comercio y fue increpado por Fernández. Lo empujó contra la vidriera, el hijo adolescente se le fue encima y se defendió como pudo. Otra vez sacó el arma y amenazó con tirar. Lo tuvieron que frenar los otros clientes porque de lo contrario, aseguran, lo hubiera asesinado.

El agresor terminó preso, le retiraron el arma y le abrieron un sumario. Sin embargo, al poco tiempo salió libre y recuperó su pistola. "Yo sabía cómo iba a terminar todo. Este tipo tenía placer por hacer daño. No conocíamos ese nivel de maldad. Fui a la Fiscalía para ver qué iban a hacer y me contestaron: 'Esto no es un kiosquito, estamos haciendo lo que podemos'", relató Gastón a Clarín. Esto ocurrió cuatro días antes de los asesinatos.

González y Oxance eran amigos de la infancia. Las familias creen que el asesino sabía de la relación y se aprovechó de eso para enfrentarlos y matarlos en la panadería de la calle Cristianía.

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