A 19 años de la muerte de Tamara Castro, el recuerdo de su hija Malena Dorado: “Me quedaron cosas sin vivir con ella”

La reconocida folclorista murió el 8 de diciembre de 2006 en un accidente de tránsito mientras realizaba una gira

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Portada Malena Dorado
Malena Dorado recuerda los días junto a su madre, Tamara Castro, y su hermana Tais Bornes

Hacía apenas cuatro días que había cumplido 34 años. Y estaba en un muy buen momento de su vida. Sin embargo, ese 8 de diciembre de 2006 ocurrió una tragedia que terminó con la muerte de Tamara Castro. La legendaria folclorista viajaba en una camioneta por la ruta provincial 13 rumbo a Chivilcoy junto a sus músicos. A las 10:30 de la mañana aproximadamente, a su marido y conductor del vehículo, Sergio Dorado, se le cayó el mate sobre la falda y terminó colisionando de frente contra otro auto. Además de la artista, en el accidente murieron el chofer del auto con el que chocaron y las tres mujeres que viajaban con él.

Malena era la hija menor de la cantante, tenía dos años en ese momento, y poco recuerda de aquellos días. Tras el choque, todo fue gritos, las corridas y la cara de miedo de su hermana mayor Tais, fruto del matrimonio de su madre con Cau Bornes. Sin embargo, el legado de Tamara sigue presente en Malena, que heredó su pasión por el canto.

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—Imagino que estos deben ser días muy movilizantes para usted...

—Para mí es un ritual desde hace 19 años, que hacemos todos juntos, en familia. Ayer, justamente, tuve una charla muy profunda con mi papá al respecto, porque todos los años se vive de una manera diferente. Quizá, uno cree que con el tiempo se va a ir acostumbrando y que esto termina siendo más llevadero. Que deja de sentir tanto. Pero la verdad es que esta vez fue muy movilizante para mí. Porque ahora, con 21 años de edad, casi 22, y después de haber pasado por muchas situaciones, lo atravieso de una manera distinta.

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Malena Dorado
La folclorista junto a Sergio Dorado y sus hijas, Tais y Malena

—Habla de un ritual, ¿qué es lo que hacen?

—Recordarla con alegría, tal como a ella le gustaría vernos. Es inevitable el dolor, porque es un día que a mí me gustaría pasar con mi mamá. Y no puedo porque no está físicamente. Así que depende del año, porque esto llega también cerca de las fiestas y hay que ver cómo estamos de ánimo según cómo nos fue y cómo nos pega. Sin embargo, con mi papá decíamos que de cualquier forma está bien. Que así sea que yo tenga ganas de llorar, de recordarla cantando o con nostalgia, está bien.

—¿Qué pasa con el público?

—Al ser tan conocida mi mamá, siempre recibo muchos mensajes de gente de todo el país que la recuerda. O que siente algo parecido a lo que me pasa a mí y, entonces, me ayuda con sus palabras. Por su cumpleaños, he recibido una inmensa cantidad de saludos. Y para el aniversario de su muerte siempre los sigo recibiendo. Eso también es un gran sostén para mí. Porque son muchas personas que la siguen amando y que se toman el tiempo de escribirme o dedicarle un posteo. Una artista como Yamila Cafrune, por ejemplo, tiene la delicadeza de llamarme para hablar conmigo un rato, porque sabe que es una fecha sensible para mí. Y eso se agradece de corazón.

—Usted encuentra contención en su padre, pero entiendo que para él que encima iba en ese auto debe ser muy complicado también...

—Sí. Él aprendió a vivirlo de otra manera. Me cuenta que, durante mi infancia tuvo que disfrazar esos días tan dolorosos para él. De hecho, después del accidente él estaba en el hospital, con riesgo de que le amputaran un pie, y pidió salir antes porque quería pasar las fiestas con mi hermana y conmigo que estábamos en casa y no entendíamos nada. Así fue siempre. Él hacía de cuenta de que estas fechas eran alegres. Yo, en realidad, sufría la ausencia de mi mamá todos los días. Pero él trataba de que el 4 de diciembre, día de su cumpleaños, no fuera un martirio, y que el 8 pasara desapercibido.

Malena Dorado
Tamara amamantando a Malena y con Tais tomando su mamadera

—¿Pero él estaba en pleno duelo?

—Obvio. Yo perdí a mi mamá, pero para él era el amor de su vida. Sin embargo, tuvo que disimular, llorar a escondidas y trabajar igual en el estudio, tragándose las lágrimas, para poder salir adelante. Todo eso lo convierte en un héroe para mí. La gente quizá no lo ve, o algunos sí, pero es increíble lo que él se esforzó para que yo no sufriera este día. Ahora que soy grande y ya tengo otra conciencia, lo paso como puedo. Pero siempre acompañada. Y eso es lo más importante. Por lo demás, mi papá es la persona más fuerte que conocí. Porque aún sintiéndose solo y sin haber hecho terapia nunca, a pesar de lo traumática de la situación, hizo de todo para que yo pudiera estar feliz. Y así fue como él también fue superando su dolor, ayudándome a mí y curtiéndose con la propia vida. Igual, te puedo asegurar que la extraña todos los días.

—Recién mencionó a su hermana, que pasó el resto de su infancia con su padre y la esposa de entonces de éste, Valeria Lynch. ¿Pudo volver a hablar con ella?

—Después de la nota que hice con Infobae, hace dos años, nos encontramos detrás del escenario el día que se le hizo el homenaje a mi mamá en Brandsen. Y no hubo la misma emoción de ambas partes. A mí casi me dio un ataque de ansiedad cuando la vi llegar, así que respiré y me acerqué a abrazarla, esperando el mismo entusiasmo por parte de ella después de tantos años. Pero ella me saludó como si nos hubiéramos visto todos los días. Sonrió, se mostró incómoda cuando yo le dije que la había extrañado. No era el lugar indicado, porque estábamos rodeadas de gente. Uno nos pidió una foto. Y, después, Tais se fue. Desde entonces, no tuvimos más contacto. Tampoco una invitación a ir a un lugar más privado a hablar, que era lo que yo pretendía. Así que me quedé mal. Y casi me voy sin cantar en el show.

—¿Y cómo explica la reacción de Tais?

—Yo la entiendo. Espero que algún día ella pueda sanar. Yo sigo con el mismo cariño, pero respeto que ella no tenga ganas de estar conmigo. Habría que preguntarle a ella qué fue lo que sintió. O si no sintió nada. Pero no haber podido estar con ella durante mi infancia fue la gran pregunta que yo repetía a diario. Quería saber dónde estaba mi hermana, por qué no la podía ver. Y el día que la vi, pasó eso. Calculo que se habrá shockeado. Pero tampoco hay mucha explicación para eso. Tais tuvo otra crianza, con una vida difícil también más allá de lo económico. Yo, quizá, no tuve tanto desde lo material, pero estuve rodeada de una familia que me dio mucho cariño. Pero ella tuvo mucha soledad, en medio de una infancia muy mediática. Y eso tampoco debe haber sido fácil. De todas formas, aunque me gustaría hablar con ella, yo también logré sanar esa parte. Ahora tengo otra hermana chiquita, Angelina, que es de la nueva pareja de mi papá, y yo quiero ser para ella el ejemplo de la hermana mayor que no tuve.

Malena Dorado
Malena creció junto a su padre y heredó el legado musical de su madre

—Por último, usted era muy chica cuando murió Tamara. ¿Qué recuerdos le vienen a la cabeza cuando piensa en ella?

—Justamente, esa es la diferencia entre lo que me pasa a mí y lo que le pasa a otras personas que perdieron un ser querido. Yo, al ser tan chiquita, no tengo recuerdos tan vívidos. Por ahí, tengo presente como si fuera una foto una escena de estar tomando la teta o jugando con Tais. Pero, a medida que van pasando los años, también me voy olvidando de ciertas cosas. Y entonces recurro a los archivos, a las entrevistas, a los shows grabados y a todo lo que me permite verla siendo ella. Porque lo bueno de mi mamá es que era tan transparente que es exquisito escucharla hablar. Pero el duelo tiene que ver con todas esas cosas que me quedaron sin vivir con ella.

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