
Hizo del misterio su principal atractivo. Por supuesto que era bello, seductor y talentoso. Sin embargo, el hermetismo que mantenía en torno a su vida sentimental lo hacía aún más deseable. Eran tiempos en los que, se suponía, que los ídolos debían mantenerse en una suerte de pedestal, tan disponibles como inalcanzables para sus fanáticos. Así que Sandro, por consejo de sus representantes, nunca hablaba de su vida privada. Sin embargo, Roberto Sánchez, el hombre detrás del artista, sí se enamoró. Y mucho.

A la prensa le hubiera encantado poder confirmar su romance con Soledad Silveyra, esa joven adolescente con quien encabezó Quiero llenarme de ti (1969) y Gitano (1970), con la mexicana Irán Eory, con quien hizo Muchacho (1970), con Cristina Alberó, con quien protagonizó Destino de un capricho (1972) o con la ascendente Susana Giménez, su compañera en Tu me enloqueces (1976). Pero no fue así. De manera que, si realmente existieron, esos amoríos quedaron guardados bajo llave y para siempre en los corazones de sus protagonistas. Tampoco superaron la categoría de rumores sus affaires con la animadora Vicky Amaya, la fotógrafa Olga Massa, la condesa María Carmille Borgogne Di Parma o la Miss Argentina Yoli Scurffi, quien dijo ser la destinataria del tema Una muchacha y una guitarra.
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La que sí fue una pareja consolidada en la vida del ídolo fue Julia Adela Visciani. La relación se extendió entre 1969 y 1982. Y dicen que Roberto hasta estuvo dispuesto a casarse con ella vía México allá por el año 1973. Es que, en aquella época, en la Argentina no existía la ley de divorcio y, como la mujer estaba separada de su primer marido, no podía contraer enlace con el ídolo acá. Pero la boda, que legalmente tampoco tenía demasiada validez por estas tierras, nunca se supo si se llegó a concretar. De todas formas, para ella no era fácil estar al lado de un hombre tan codiciado, a los que todos le recomendaban que no se mostrara en compañía. Y, finalmente, sobrevino la ruptura.

En 1982, en tanto, una foto robada lo obligó a blanquear su noviazgo con María del Pilar García, la ex esposa de Alberto Olmedo, a quien en el mundo de la farándula se la conocía con el nombre de Tita Russ. “A su lado conseguí algo difícil: bajarme del escenario y empezar a ser Roberto Sánchez”, les dijo a los periodistas que lo entrevistaron para hablar del asunto. Ese romance sí tenía los condimentos necesarios como para que las revistas del corazón de la época llenaran varias páginas. Incluso, se llegó a hablar de un escándalo con todas las letras. Pero, en apenas cinco meses, la pasión se diluyó. Y la breve historia que los unió tuvo su punto final.
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Por entonces, Sánchez comenzó un romance oculto con su amiga y colega María Martha Serra Lima. Él, como buen caballero, nunca hizo referencia a esa relación. Pero, en determinado momento, la cantante reconoció que había sido “la amante secreta” del Gitano. Y contó que el hombre había compuesto el tema Cosas de la vida, que ambos interpretaron juntos, dedicado a ella. “Lo quise mucho, lo quise muchísimo. Y todo lo que escribió en esa letra, lo viví con él”, aseguró sobre esa canción que habla de un encuentro junto al mar y un amor que no se animó a más.

Tras los muros de su casona de Banfield, en tanto, Roberto encontró el amor en los brazos de María Elena Fresta. La mujer era la encargada de cuidar a Nina, la madre del cantante, quien sufría de artritis reumatoidea de toda la vida por la que, finalmente, falleció en 1992. Y, junto a ella, Sánchez pudo encontrar la paz que tanto necesitaba cuando se apagaban las luces del escenario y los gritos de sus Nenas dejaban de retumbar en sus oídos. Es verdad que, cuando la relación salió a la luz, muchos se asombraron. Y no solo por el tiempo que había logrado mantenerla oculta, sino también porque el medio pretendía verlo junto a alguna estrella. Pero a él lo seducían las damas “posibles”. Y ella se convirtió en una pieza fundamental en su vida.
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El último gran amor en la vida de Sandro fue Olga Garaventa. Ella era la sobrina y secretaria de Aldo Aresi, su representante. Y, durante un buen tiempo, pasó inadvertida ante sus ojos. Pero, el mismo día que la miró de otra forma, decidió ponerle fin a su relación con Fresta. Es que, a pesar de tener a miles de mujeres suspirando por él, el cantante se jactaba de ser un hombre fiel. Así que, aunque no le resultó fácil convencerla de estar a su lado, se unió a ella e hizo público sus sentimiento durante un homenaje que se le realizó en el Congreso en el año 2004.

Así fue como, el 13 de abril de 2007 y cuando ya había cumplido 61 años, Roberto se casó legalmente con Garaventa. La ceremonia, oficiada por la titular del Registro Civil de Lomas de Zamora, se realizó en la casona de Banfield dado el delicado estado de salud del cantante. Los testigos de la boda fueron los hijos de la novia, Manuela y Pablo, y dos amigos de Sandro, Roberto Sanz y Alicia Cuellos. Y el festejo fue muy íntimo, pero sentido. Es que lo que los unía, para entonces, era algo que iba mucho más allá de lo terrenal.
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Olga fue quien acompañó a Roberto en los momentos más difíciles, cuando su exitosa carrera sobre los escenarios ya formaba parte del pasado. Fue quien lo contuvo en sus reiteradas internaciones. Quien le sostuvo la mano cuando lo sometieron a un doble trasplante de corazón y pulmones el 20 de noviembre de 2009 en Mendoza. Y quien estuvo a su lado aquel 4 de enero de 2010, cuando su cuerpo dijo basta y, con 64 años, “se fue de gira” para siempre con su guitarra en la mano.
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