
El jueves 12 de enero de 1899 levó anclas del dique 4 del puerto de la ciudad de Buenos Aires, bajo la atenta mirada del presidente Julio A. Roca, de su gabinete, más autoridades y familiares, la Fragata Presidente Sarmiento, una moderna nave que respondía a las aspiraciones de crecimiento, desarrollo y proyección internacional de la generación gobernante. Su comandante el capitán de fragata Onofre Betbeder, un mercedino de 37 años, estaba al frente del buque desde noviembre de 1897.
De nombrar a un responsable, sin dudas fue Sarmiento el que impulsó la idea de que el país contase con una marina de guerra acorde a los tiempos que se vivían.

Es que, ejerciendo la primera magistratura, se encontró con una situación complicada. Había terminado la guerra contra el Paraguay y las discusiones diplomáticas que se venían por las cuestiones limítrofes no podían ser respaldadas por nuestro país con fuerzas de tierra y mar considerables. Nuestro país estaba en inferioridad de condiciones respecto al Brasil, que como un pac man ocupaba territorio paraguayo y se adueñaba de los ríos interiores.
Y en el sur había que hacer frente a las pretensiones chilenas en la Patagonia, si hasta habían navegado hasta la ría de Santa Cruz, generando importantes roces que preanunciaba un conflicto armado.
La primera escuadra con la que contó nuestro país se resumía en modestísimas embarcaciones que operaron desde 1811 y que luego, el almirante Guillermo Brown haría milagros especialmente durante la guerra contra el Brasil. Pero el país no contaba con una dotación de naves a tono con los tiempos que se vivían.

Fue cuando Sarmiento encargó a astilleros ingleses varias naves de guerra: los monitores Plata y Andes, las bombarderas Pilcomayo, Bermejo, Constitución y República y las cañoneras Paraná y Uruguay.
La isla Martín García fue debidamente artillada y en Zárate se levantó un arsenal. También se ocupó de la formación de los marinos, fundando el 5 de octubre de 1872 la Escuela Naval -en 1869 había promovido la creación del Colegio Militar- sobre los cimientos de aquella Escuela de Náutica ideada por la mente inquieta de Manuel Belgrano. Sus dos primeras sedes fueron sobre el agua: comenzó funcionando en el vapor General Brown y luego en la corbeta Uruguay.
Este buque nació de la solicitud del capitán Martín Rivadavia para que el país contase con una nave moderna de instrucción. Este marino había comprobado algunas fallas en “La Argentina” y le comunicó al contraalmirante Daniel de Solier, jefe del estado mayor general de la marina, acerca de la necesidad de contar con una nave moderna.

Fue construido en los astilleros ingleses de Laird Brothers, establecidos en Birkenhead, cerca de Liverpool, y se dedicaban desde 1828 a la industria naval. Los buques escuela fueron, primero la corbeta Uruguay, luego la corbeta La Argentina, comandada durante mucho tiempo por Martín Rivadavia.
Botada en 1897, la Sarmiento fue una de las más adelantadas de su época. Contaba con un casco de acero forrado en madera de teca -resistente y durable- y chapa de cobre, tres mástiles y un imponente mascarón de proa con la efigie de la República Argentina, con su mano izquierda sobre el pecho y sosteniendo el Escudo Nacional, el que actualmente se conserva en el Museo Naval de la Nación de Tigre.
De 85,5 metros de eslora y 13,32 de manga, le costó al país 1.300.000 pesos fuertes. Salvo los 32 oficiales que contaban con camarotes, tanto los cadetes como 275 marineros debían dormir en las características hamacas.

Fue equipada con calderas y un motor a vapor de 1800 caballos de fuerza. Poseía una docena de cañones de distintos calibres, dos ametralladoras y tres tubos lanzatorpedos. Botada el 31 de agosto de 1897, su madrina fue Ana Cané Domínguez. Llegó a Buenos Aires el 8 de agosto de 1898.
En ese primer viaje de instrucción, de los 37 que haría, recorrió 48.500 millas náuticas en algo más de veinte meses. Secundaban a Betbeder, el capitán de navío Enrique Thorne y el teniente de fragata Julián Irízar. Eran, en total, 338 tripulantes. Se incluyeron, entre otros, al médico Prudencio Plaza, al farmacéutico Juan Fourment y al contador Luis Scarsi. También a un fotógrafo, Pastor Valdéz, quien además de dar clases a los cadetes, dejó valiosos testimonios de ese primer viaje. Para ello había comprado equipos y materiales en Buenos Aires y en la fragata se había acondicionado un cuarto oscuro. El buque contaba con todas las comodidades, como sastrería y una importante biblioteca.
La fragata participó de la flota que viajó al sur, donde los presidentes de nuestro país y de Chile protagonizaron el histórico abrazo del estrecho, el 15 de febrero de 1899.

Dio casi cuarenta veces la vuelta al mundo y en el viaje inaugural de instrucción tocó 71 puertos. En su cubierta caminaron los más altos dignatarios internacionales, y estuvo presente en diversos acontecimientos históricos del mundo como en la coronación del rey Eduardo VII en agosto de 1902, en los festejos del centenario de la independencia de México en 1910 y en la apertura del Canal de Panamá, el 15 de agosto de 1914.
Fue uno de los buques que integró la flota que estuvo en la inauguración del monumento al general San Martín en Boulogne-sur-Mer el 24 de octubre de 1909, el primero que se le levantó al Libertador en Europa, y también el que se erigió en Génova en memoria de Manuel Belgrano el 12 de octubre de 1927. Hasta sufrió el acoso de dos barcos piratas, por 1908, navegando hacia la isla de Cuba.
Tuvo su propia mascota. Por 1921, con la anuencia del comandante de entonces, el capitán Laprade, se sumó un perro terranova, que fue bautizado con el nombre de Lampazo. Fue por su cola peluda, en constante movimiento, que parecía un trapeador para limpiar los pisos. El animal se ganó la admiración de todos cuando un marinero cayó accidentalmente al agua y se tiró para ayudarlo a flotar hasta que lo rescataron. Cuando falleció, decidieron embalsamarlo y se exhibe, protegido por una vitrina, en el buque.
Entre 1889 y 1938 llevó a cabo 37 viajes alrededor del mundo y luego funcionó como buque de prácticas en aguas nacionales hasta 1960. Dos años más tarde fue declarada Monumento Histórico Nacional y museo.

La última travesía por el mundo fue en 1938. Entonces, la nave estaba al mando del capitán de fragata Luis S. Malerba y llevaba a 37 cadetes de la promoción 65. Desde 1998, el 31 de agosto es el día de esta fragata que, como dice su marcha, “es la Patria que va por el mar”.
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