En 2021, Yésica Acuña salió a la vereda de su casa en Villa General Belgrano, Córdoba, para ver una exhibición aérea que se realizaba como parte de un casamiento en un campo cercano. Lo que comenzó como una tarde tranquila, con cielo despejado y aviones dibujando figuras en el aire, terminó en un accidente que transformó su vida para siempre.
El accidente ocurrió el 30 de octubre de ese año, cerca de las 19, en la calle Rivadavia al 300. Acuña, que entonces tenía 26 años, estaba en la puerta de su casa con su hija Isabella, mientras su otro hijo de tres meses dormía en una cuna.
Ambas sobrevivieron, pero cargan con secuelas físicas y emocionales. Casi cuatro años después, Acuña enfrenta un nuevo problema: reclama que el municipio no le entrega una vivienda social por la que ya abonó una parte del dinero.
“Me dieron un plazo de cinco meses, luego otro más, pero nunca empezaron a construirla. Yo no pido que me regalen nada: ya pagué una parte y el resto se tiene que pagar en cuotas. Si no pueden hacerlo, quiero que me devuelvan la plata”, afirmó en una entrevista con el programa Arriba Córdoba.
Su situación es urgente: debe dejar la cabaña que alquila el próximo 30 de agosto y no tiene adónde ir. “El arreglo económico fue de ocho millones y medio, pero se me fueron en tres meses en alquiler”, explicó.

Según relató la joven cordobesa, en medio de una de las maniobras de las aeronaves, sintió que algo andaba mal. “De golpe, en un inicio de la caída libre de la avioneta, siento como un ruido raro. Creo que al piloto se le apagó el motor y no lo pudo volver a encender”, recordó en diálogo con Infobae.
La aeronave, una RANS S9 Chaos, matrícula LV-X571, cayó sobre una calle de tierra. En el impacto, Yésica e Isabella fueron golpeadas por el ala del avión. “Atiné a empujar a mi hija para que no le diera de lleno”, relató.
El piloto, Fernando Endrigo, de 35 años y con domicilio en la provincia de Buenos Aires, quedó en estado vegetativo irreversible. La secuencia quedó registrada en un video filmado por la propia Acuña con su celular.

Las heridas fueron múltiples. Acuña sufrió fracturas de fémur y pelvis, y permaneció internada casi un mes. Luego pasó tres meses en un centro municipal de rehabilitación. Su hija, por su parte, sufrió fractura de cadera y politraumatismo de pulmón.
Aunque Isabella se recuperó, Yésica vive con una pierna más corta, una cadera dañada y la columna desviada. Aún siente dolores frecuentes y utiliza plantillas especiales. “Durante todo ese tiempo pude ver muy poco a Isabella. Y mucho menos a mi bebé. Casi no me reconoció cuando pudimos volver a estar juntos”, señaló.
El accidente también alteró su entorno familiar. Mientras estaba internada, se distanció del padre de su hija. Con el tiempo, la relación se recompuso por el bien de los hijos. Hoy tiene cuatro hijos y trabaja en un complejo de cabañas cercano al aeródromo donde ocurrió el siniestro. Todavía no puede ver una avioneta sin sentir miedo. “Cada vez que pasa una tengo que estar bajo techo. Si estoy a cielo abierto y la veo, me da miedo. Siento como se me eriza la piel y me falta el aire”, contó.
La investigación posterior al accidente reveló que el piloto involucrado tenía licencia aeronáutica, pero no la habilitación especial para realizar vuelos acrobáticos. Así lo determinaron informes de la Junta de Seguridad en el Transporte, la Dirección Nacional de Investigación de Sucesos Aeronáuticos y la ANAC. En base a esas pericias, en junio de 2022 el fiscal federal imputó a ambos pilotos por realizar funciones aeronáuticas sin habilitación y efectuar vuelos arriesgados con resultado de lesiones graves. También fueron imputados los dueños de la aeronave.
El caso fue inédito. La propia abogada de Acuña lo describió en medios cordobeses como “un caso sin jurisprudencia”, ya que no existen antecedentes de una persona atropellada por una avioneta mientras caminaba por la calle.
El sobrevuelo excedía el perímetro del aeroclub y se realizó sobre una zona residencial. Además, el avión no estaba asegurado para maniobras acrobáticas.
A partir del proceso judicial, Acuña y su hija recibieron una indemnización. El dinero fue utilizado para cubrir gastos urgentes. Por orden judicial, los fondos destinados a Isabella debían emplearse para la compra de una vivienda y un vehículo. Sin embargo, según relató Acuña, la vivienda aún no se terminó y el auto que adquirió presenta fallas mecánicas.
Hoy, lo que más preocupa a Yésica Acuña es no tener un lugar donde vivir. “Estoy con operaciones encima, tengo la cadera dañada, la columna desviada y una pierna más corta. Mis hijos me necesitan entera y estable”, afirmó. Su pedido es claro: una solución concreta o la devolución del dinero que ya entregó.
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