
Mañana inaugura Fotoplástica, la exposición emplazada en la Sala 512, del 5° piso del Palacio Libertad (Sarmiento 151). Allí se recupera la obra de Jaime Bolotinsky, el fotógrafo ruso que, entre 1930 y 1942, produjo en Buenos Aires un fragmento fundamental de la evolución fotográfica en el país.
Bajo la curaduría de Francisco Medail, la muestra -que estará abierta al público de martes a domingo de 14 a 20 horas, hasta el 7 de septiembre- refleja las composiciones del artista, construidas a partir de objetos cotidianos, despojados de su contexto habitual. Esto genera una mirada renovada sobre las cosas, que deshabitúa a la percepción alienada de los objetos comunes.

“Una toalla, un sombrero, la cámara y el tratamiento de la luz, con la simpleza de estos elementos, Jaime Bolotinsky creó una serie de imágenes que anticiparon el surrealismo“, resume el curador acerca del ADN de la obra del fotógrafo ruso.
Fotoplástica no solo rescata la obra de Bolotinsky, sino que también revaloriza su aporte a la historia de la fotografía en Argentina, mostrando cómo, a partir de lo cotidiano y mediante la luz, es posible abrir nuevas perspectivas sobre la realidad.
Vale recordar que, entre el 23 y el 27 de abril, Fotoplástica formó parte del stand de la Galería Vasari en la célebre exposición The Photography Show, en Nueva York.
Quién era Jaime Bolotinsky
Nacido en 1894 y radicado en Buenos Aires desde principios del siglo XX, Bolotinsky dirigió durante décadas el estudio Foto Nobel frente a Plaza Italia.
Más allá de su labor comercial, desarrolló una producción personal inusitada para su época: una galería de retratos elaborados a partir de elementos domésticos, donde cada personaje se configura por su bagaje cultural, la imaginación y un manejo exquisito de la luz.

El trabajo de Bolotinsky fue presentado en La Rural y también en la Sociedad Hebraica Argentina, donde recibió amplia difusión en medios gráficos. Pero la exposición de Fotoplástica en la galería Nordiska, en 1993, marcó un hito al reunir un conjunto de personajes de carácter surrealista, todos surgidos de la imaginación y la maestría en el manejo de la luz de Jaime Bolotinsky.
Fotoplástica, un libro editado por la Fundación Lariviere, también recupera aquel trabajo durante sus años de efervescencia artística. Allí presenta una selección de imágenes donde millonarios, cocineros, campesinos, monjas y soldados emergen con ironía y humor.

Estas figuras, según Medail (uno de los autores de la obra junto a Juan Cruz Pedroni), “construyen un universo de época atravesado por flujos migratorios y el inicio de una nueva guerra mundial".
La crítica de la época alabó con creces la obra de Bolotinsky, destacando su capacidad para crear escenas que combinan elementos surrealistas y referencias históricas subrayando la importancia de su aporte al arte visual argentino.

“El humor y la ironía presentes en sus composiciones permiten una lectura múltiple de cada escena, mientras que la cuidada iluminación acentúa el carácter onírico de sus creaciones”, destacó el curador.
Y, a pesar de la circulación que tuvo su obra en aquellos años, resulta difícil ubicar a Bolotinsky en un lugar preciso dentro de la historia de la fotografía argentina.

Su filiación artística lo acerca menos a fotógrafos como Grete Stern o Anatole Saderman y más a escritores como José González Castillo y Raúl González Tuñon, o al escultor Stephan Erzia.
Según Medail, si se intentara trazar una genealogía transhistórica, el trabajo de Bolotinsky podría inscribirse en un mapa de artistas que va desde el manierista Giuseppe Arcimboldo hasta el colectivo argentino Mondongo, pasando por el ilustrador Pablo Bernasconi y el fotógrafo Vic Muñiz.

“Más aún, las imágenes de Bolotinsky son plausibles de ser entendidas en clave surrealista, ya que comparten con este movimiento una operación elemental: la estrategia del extrañamiento”, completa el texto curatorial de la muestra.
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