Qué es el Año Litúrgico y por qué los curas visten de distinto color en las misas

En las ceremonias religiosas, nada está librado al azar. Desde la ropa que usan los sacerdotes, hasta qué leen en cada oportunidad. El calendario también está dividido de forma que cada época del año tenga sus propias fiestas y conmemoraciones

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Misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano el 2 de abril de 2023. REUTERS/Remo Casilli
Misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano el 2 de abril de 2023. REUTERS/Remo Casilli

A menudo escuchamos sobre el año litúrgico y los tiempos litúrgicos de la Iglesia. Son períodos de tiempo comunes a casi todas las confesiones cristianas de Occidente, tanto católicas como reformistas. Las Iglesias de Oriente poseen otro calendario, en algunos casos basados en el calendario Juliano.

¿Por qué creemos que es importante tener una idea clara al respecto? Porque cada tiempo litúrgico aporta no solo diferentes contenidos teológicos en el contexto de las ceremonias, la liturgia, los colores que se utilizarán en las celebraciones y los pasajes de las Sagradas Escrituras que se leen durante los oficios del culto. Cada tiempo litúrgico requiere una actitud mental diferente por parte del creyente, una predisposición de fe y de corazón que cambia según las fiestas previstas para ese período, el momento de la vida de Jesús o de los santos (para el caso de la Iglesia católica y algunas reformadas y anglicanas) que allí se celebran. Hay un tiempo de espera y un tiempo de realización, y esta afirmación es más cierta que nunca en los ciclos y reciclos del año litúrgico, que se repiten desde hace siglos involucrando a todos los cristianos.

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Mientras tanto, podemos decir que el año litúrgico celebra y renueva la vida de Jesús distribuida a lo largo de 365 días. El corazón del año litúrgico es el Triduo Pascual, ya que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Para las 34 iglesias que componen el universo católico, el año litúrgico comienza con el Adviento y termina con la solemnidad de Cristo Rey, celebrada el trigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario, a finales de noviembre.

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El año litúrgico se mide en semanas, e incorpora el ciclo navideño de Adviento y Navidad, el ciclo pascual con Cuaresma y Pascua y los 34 domingos del Tiempo Ordinario; y el Santoral, que incluye, en cambio, los días dedicados a la memoria de los santos.

El año litúrgico representa para todo cristiano un camino durante el cual todo creyente está invitado a hacer propia la experiencia terrenal y espiritual de Jesús, para transformar su vida y hacerla más digna y santa según su modelo.

Así es como se divide:

Adviento

¿Qué es adviento? Período que señala el comienzo del año litúrgico cristiano y comprende las cuatro semanas anteriores a la Navidad.
El Adviento es el período que señala el comienzo del año litúrgico cristiano y comprende las cuatro semanas anteriores a la Navidad.

Es el tiempo de la espera. Por un lado celebramos la inminente venida de Jesús, en vista de la Navidad; por otro, más ampliamente, se celebra la esperanza de su regreso con el fin de los tiempos (la llamada Parusía, la venida del Señor Jesús glorificado, con poder y gloria). Este tiempo litúrgico dura cuatro semanas. De hecho, comienza cuatro semanas antes de Navidad, aproximadamente entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. En el Rito Ambrosiano hay en cambio seis semanas. El Adviento comienza con las Vísperas del primer domingo y termina con las Vísperas de Navidad del 24 de diciembre y con el inicio del tiempo litúrgico de Navidad.

Comienza la tarde del 24 de diciembre, con las Vísperas, y termina el domingo siguiente a la Epifanía. Por lo tanto, dura de catorce a veinte días. Como y más que el Adviento, la Navidad es un tiempo de gran alegría, porque celebra la primera venida de Jesús, que se hizo hombre por amor a todos nosotros.

Navidad costumbres y pesebres
La Navidad comienza el 24 de diciembre por la tarde y termina el domingo siguiente a la Epifanía

Tiempo Ordinario 1

El tiempo que sigue a la Epifanía cae dentro del llamado Tiempo Ordinario, es decir, todos aquellos períodos del año litúrgico durante los cuales no se celebran fiestas de especial importancia. Dura treinta y tres semanas, divididas en dos períodos distintos del Tiempo Ordinario: desde el lunes siguiente al domingo del Bautismo de Jesús, o el domingo siguiente a la Epifanía, al inicio de la Cuaresma (Miércoles de Ceniza); después de Pentecostés y hasta el siguiente tiempo de Adviento. Durante el Tiempo Ordinario la Iglesia y los fieles se concentran en la lectura y comprensión de los Evangelios, según el ciclo trienal de lecturas establecido por el Leccionario, identificado por las lecturas A – B – C:

Año A: La mayoría de los textos evangélicos del Evangelio de Mateo.

Año B: La mayoría de los textos evangélicos del Evangelio de Marcos.

Año C: La mayoría de los textos evangélicos del Evangelio de Lucas.

El evangelio según Juan siempre se lee en Pascua y se usa para otros tiempos litúrgicos, como Adviento, Navidad y Cuaresma.

La Cuaresma recuerda a los 40 días que Jesús pasó en el desierto
La Cuaresma recuerda a los 40 días que Jesús pasó en el desierto

Cuaresma

Dura cuarenta días y precede a la celebración de la Pascua. Comienza el miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo. Hay pues cinco domingos de Cuaresma: el sexto da comienzo a la Semana Santa y lleva el nombre de domingo de Ramos y de la Pasión del Señor. Este tiempo litúrgico recuerda el período de cuarenta días que Jesús pasó en el desierto. Para todas las Iglesias es un período de penitencia, oración y preparación a la Pascua.

Viernes Santo
La Semana Santa se conmemora desde la entrada de Jesús en Jerusalem hasta su crucifixión y sepultura

Semana Santa

Es el tiempo anterior a la Pascua y es la semana más importante del año. Se sigue a Jesús desde su entrada en Jerusalén (Domingo de Ramos), hasta su arresto, su Pasión, su muerte y sepultura. El Jueves Santo conmemora la Última Cena y abre el solemne Triduo Pascual, tiempo central del año litúrgico, porque en esos tres días Jesús instituyó la Eucaristía y pronunció el mandamiento del amor fraterno. El Viernes Santo conmemora su muerte en la Cruz. El Sábado Santo se suspende toda celebración litúrgica, para conmemorar la sepultura de Jesús mientras se prepara la Vigilia Pascual (la noche entre el sábado y el domingo).

Pascua

Es un período de cincuenta días y dura hasta el Pentecostés. Durante todo este tiempo se celebra la alegría de la Resurrección, con una sucesión de ceremonias y fiestas litúrgicas durante todos los domingos del tiempo pascual. Cuarenta días después de la Pascua se celebra la Ascensión de Jesús, que junto con la Pascua y Pentecostés es una de las fiestas más importantes del Calendario Eclesiástico. Es el momento en que Jesús, después de estar muerto y sepultado, ascendió al Cielo. Cincuenta días después de la Pascua celebramos el Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles que inició su misión evangélica y el nacimiento de la Iglesia.

Pentecostés: el espiritu santo llegando a los apostoles
El Pentecostés: la llegada del Espíritu Santo (Getty images)

Tiempo ordinario 2

Como ya se ha especificado, el segundo período del Tiempo Ordinario comienza después del Pentecostés. Son tiempos de escucha y contemplación. Los temas cambian a medida que nos acercamos al Adviento.

Vestiduras litúrgicas y sus colores

En los diversos tiempos litúrgicos, los colores utilizados para las vestiduras con motivo de las diversas fiestas tiene un significado preciso, y fueron codificados por testamento de Pablo VI en el Rito Romano en 1969. Los más importantes son cuatro: blanco (Pascua), verde (Tiempo Ordinario), rojo (Domingo de Ramos, Viernes Santo, Pentecostés), violeta (Adviento, Cuaresma, Misas de difuntos)

Las vestiduras litúrgicas de los sacerdotes católicos y de muchos pastores y presbíteros de diversas comunidades cristianas durante las celebraciones religiosas y las numerosas vestiduras sagradas que utilizan difieren según una gama de colores que tiene un significado simbólico preciso.

El blanco simboliza la alegría y la pureza que proviene de la fe. Es uno de los colores más recurrentes en las vestiduras litúrgicas independientemente del tiempo litúrgico y de la festividad en curso. Está ligada en particular a la adoración de Jesús y a los Oficios de Pascua y Navidad. Simboliza también la resurrección, el Cristo resucitado en la exultación de la Fe.

Después del blanco, el color más utilizado en los oficios dominicales y entre semana, fuera de los días festivos definidos, es el verde, símbolo de esperanza, constancia y escucha perseverante. Acompaña el camino cotidiano.

El Papa con vestimentas de distintos colores
El Papa Francisco con distintos ropajes, según la misa que le toque celebrar. Las dos últimas imágenes (de celeste y dorado) son cuando aún era el Cardenal Jorge Bergoglio

El color púrpura recuerda la penitencia, la espera y el luto. Se utiliza especialmente durante el Adviento y la Cuaresma. Las vestiduras litúrgicas moradas caracterizan las Misas de difuntos, en las que pueden ser reemplazadas por vestiduras negras

El rojo simboliza la pasión de Cristo y la sangre derramada en el martirio por él y los santos. Por ello se utiliza para las vestiduras litúrgicas del domingo de Ramos, Viernes Santo, Pentecostés, en las celebraciones dedicadas a la Pasión del Señor, en las fiestas de los Apóstoles, evangelistas y santos mártires.

En cuanto a los colores no codificados, el azul se utiliza sobre todo para celebraciones en honor a la Santísima Virgen María, especialmente en países de cultura española o portuguesa. El rosa indica alegría y solemnidad para el III Domingo de Adviento y el IV Domingo de Cuaresma. Mientras que el oro simboliza la realeza y puede sustituir a todos los colores en cada ocasión, aunque suele utilizarse sólo en algunas solemnidades de especial importancia.

Como podemos ver, nada está librado al azar y acompaña el ciclo de la vida de un año del calendario civil. Por lo tanto, las festividades religiosas muchas veces son días no laborables, para que los fieles puedan disfrutar de estos encuentros en la sociedad en la cual viven. Últimamente, sin embargo, hay una gran desacralización de las festividades religiosas cristianas. Se arguye que las mismas pueden ofender a alguna minoría en algunos países. Por ejemplo, el engalanar las calles y plazas con motivos referidos a un culto, como ser Navidad y Pascua, puede ser ofensivo para aquellos que no practican ninguna religión. Y en virtud de varios pedidos, se ha solicitado que los Estados indiquen a los creyentes que solo podrán manifestar su fe en los lugares de culto, y no en los lugares públicos, así como impedir que los elementos decorativos de festividades religiosas no se visualicen en aceras o calles, como ocurrió en varias localidad de Francia. Allí, como en muchas Iglesias católicas o reformadas se habían instalado pesebres dentro de los atrios de las Iglesias, pero los transeúntes al pasar por las aceras lo podrían ver, podían ofender a los que no practican el cristianismo y son miembros de otros cultos, o de ninguno.

Así también, se ha propuesto que la Unión Europea quite la frase “feliz Navidad” y la sustituya por “felices fiestas” o “felices vacaciones”. Dado que se considera a la palabra “Navidad” como discriminatoria, ya que existen más religiones o cultos en el mundo y en Europa, aunque dicho continente posea fuerte raíces cristianas. Asimismo fue solicitado que en nombre de la neutralidad religiosa no se usen nombres cristianos o típicos de una de una religión, como ser Concepción, María, José, Asunta, Jesús, etc… dado que pronunciar dichos nombres a los no cristianos que viven en la comunidad europea puede ser ofensivo. Vale la pena aclarar que este intento de descristianización de Europa no funcionó y la Unión Europea retiró el pliego propuesto para ser “mejor estudiado en profundidad”.

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