
Es sábado por la tarde en la sede del CENARD ubicado en Nuñez. Los chicos de la Selección argentina practican bajo la atenta mirada de su entrenador, Sebastián Tisera. Falta poco para el Mundial de Australia y el entusiasmo crece cada vez más. Sus familiares alientan desde las tribunas de la cancha, son una fiel hinchada que no decepciona.
El Powerchair Football se juega en el país desde hace ya diez años y cuenta con doce sedes. Fueron los papás de Valentino, el joven de 18 años, quienes asistieron a una convención sobre atrofias musculares en Estados Unidos y al ver a dos muchachos jugar al fútbol en silla de ruedas a motor, no dudaron en impulsar esta disciplina en Argentina.
Las reglas del juego son simples, se enfrentan dos equipos de cuatro jugadores (incluido el arquero) en una cancha de básquet e incluye dos tiempos de 20 minutos cada uno. La silla motorizada se maneja con un joystick y cuenta con un paragolpes para realizar los pases. A diferencia del fútbol tradicional, la pelota tiene el doble de tamaño para una mejor pegada.
Tanto Valentino Zegarelli como Lisandro Uretti y Juan Bautista D’Angelo conviven desde muy pequeños con atrofia muscular espinal, una enfermedad neurodegenerativa que afecta las neuronas motoras que controlan acciones como hablar, caminar, respirar, etc. Debido a este impacto, los tres tuvieron que buscar nuevas alternativas en hábitos de su vidas diarias con la ayuda de distintas terapias y, sobre todo, el respaldo de sus familiares y amigos.

El deporte no fue una excepción dentro de esos cambios, ya que la propia patología lo dificultaba con el paso del tiempo. Por eso, cuando conocieron el Powerchair Football, encontraron un espacio donde dejaron de ser espectadores para pasar a ser ellos los protagonistas, más allá de sus limitaciones.
“Hay veces que no me gustaba tanto el fútbol porque decía, “yo no puedo practicar este deporte”, me daba cierta bronca, pero cuando descubrí el Power, el fútbol se volvió prácticamente mi vida”, confiesa Juan Bautista (18), más conocido como Juano, quien arrancó a jugar a los 12 en Tigres de Pacheco hasta el día de hoy, y este año empezó la carrera de Comunicación Digital e Interactiva.
A su vez, logró adquirir una libertad que nunca había sentido antes: “todos los días necesito asistencia para hacer cualquier tipo de cosa, y yo acá adentro de la cancha no necesito ayuda de nadie, soy libre de elegir a dónde le puedo pegar, cómo, con qué parte de la silla, a quién se la quiero pasar, si le quiero pegar al arco, o si la quiero volver a cruzar”.

Para Lisandro fue “encontrar un deporte que me permitiera entregarlo todo, es decir participar competitivamente y dedicarle el tiempo que yo quisiera a tratar de alcanzar el mejor nivel posible”. Es cordobés, tiene 23 años y es Licenciado en Relaciones Internacionales. Fue en 2013 cuando se involucró en el fútbol adaptado gracias a la familia Zegarelli. Junto a Agustín, su compañero de equipo, decidieron llevar esta actividad a su provincia natal y fundar el club Titanes de Córdoba.
Además, para él el fútbol adaptado representa la posibilidad de “quitar la vista de la discapacidad en sí, que no se vuelva el eje de la persona, sino que lo sea el deporte”.
Por su parte, Valentino empezó a jugar con tan sólo 8 años en los Tigres de Pacheco. “Yo siempre veía a mi hermano al rugby, y cuando empecé este deporte, él y toda mi familia me venían a ver”, recuerda contento y agrega que además le brindó muchas posibilidades que él no hubiera pensado fuera de la competencia, tales como viajar y hacer amistades.
Próximamente, del 15 al 20 de octubre se llevará a cabo la competencia internacional del Powerchair Football, donde Argentina enfrentará a nueve países, los cuales son Inglaterra, Australia, Francia, Irlanda del Norte, Dinamarca, Uruguay, Japón, Irlanda y Estados Unidos. Será una primera rueda todos contra todos y los cuatro primeros se clasificarán a las semifinales.

En abril del corriente, se dieron a conocer la lista de convocados que formarían parte del plantel del conjunto nacional. La emoción inundó los cuerpos de Valentino, Lisandro y Juan Bautista al escuchar sus nombres en la lista. Un momento que quedará marcado en sus vidas.
“Estábamos todos juntos acá cuando nos dieron la noticia y la verdad fue una euforia y una alegría enorme. Me sentí muy contento y casi se me cae una lágrima”, revela Juano con una gran sonrisa que ilumina su rostro. “Jugar con la selección argentina significa que lo logré, que pude hacer las cosas bien jugando a algo que me encanta”, enfatiza el joven nacido en Avellaneda.
Para el cordobés y Zegarelli, subcapitán y capitán, esta es la segunda vez que defienden la camiseta celeste y blanca en una competencia mundial. La primera ocasión fue en 2017 en Estados Unidos donde salieron séptimos. Ahora la vida les dió una segunda oportunidad para sacar revancha y aspirar a ser campeones. “Es una sensación hermosa saber que formás parte del equipo, y que se vienen la ansiedad y las ganas de jugarlo al máximo como si fuera la primera vez”, describe con mucha esperanza Lisandro.

En cuanto a Valentino, ser líder y jugar un mundial son dos sueños que tuvo desde chico, meta por la cual trabajó y se esforzó: “por suerte se me dió. Ya representar la camiseta es un orgullo, siendo capitán más todavía”.
Uno de los referentes con mayor peso para los tres jóvenes jugadores es nada más ni nada menos que Lionel Andrés Messi: “nunca se rindió, siempre siguió”. Es que para ellos, el mejor jugador del mundo supo ganar todo, pero también es un ejemplo de pura humildad, perseverancia y resiliencia que lo engrandece aún más.
Al pensar en todo el camino recorrido, a Juan Bautista, Lisandro y Valentino jamás se les hubiera cruzado por la cabeza poder jugar al fútbol, ni siquiera ser convocados a un torneo internacional.

“A mí yo más pequeño le diría que aunque quiera bajar los brazos, que no los baje, que insista a mamá y a papá que lo lleven a entrenar, porque yo soy de Avellaneda y entreno en Pacheco”, concluye Juano e insiste en que hay que luchar por cada objetivo que uno se proponga.
Al mismo tiempo, el capitán y diez del equipo coincide con esta última declaración, “hay que seguir adelante, siempre tratando de mejorar y nunca desistir, hay posibilidades de todo”.
“De a poco todo se va alineando, es darle tiempo”, deduce el futbolista cordobés y añade, “está bueno para toda persona que tenga alguna restricción, tanto motriz, cognitiva o cualquier tipo de dificultad física, que no se cierre las puertas antes de que se las cierre el mundo. Hay que darse la oportunidad uno mismo de intentar”.
La cuenta regresiva para el Mundial ya empezó, y los tres están enfocados en darlo todo junto al resto de sus compañeros para dejar a Argentina en la cima. Capaz puedan levantar la tan ansiada copa como hizo aquel niño oriundo de Rosario que superó obstáculos y se volvió su gran ejemplo.
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