Tenía 4 años y se paraba en puntas de pies frente al televisor. Imitaba los movimientos de Angelina Bailarina, una ratoncita animada de un canal infantil, que Milagros amaba. La miraba y en su mente de niña se imaginaba colocándose sus propias zapatillas rosadas, atando las cintas de raso en sus tobillos, haciendo un rodete con su larga cabellera. Sonreía frente al reflejo que confundía su pequeña silueta con la de aquella animación y volvía a bailar. Cuatro años después, bailó en el escenario del Teatro Colón, y ahora está a días de presentarse en el máximo escenario de Londres, la “Royal Opera House”, si logra juntar el dinero para llegar a la audición, el próximo enero.
“Estoy muy nerviosa, emocionada y ansiosa. Tengo una mezcla de sensaciones increíbles... Siento que estoy viviendo un sueño que se está siendo posible gracias al esfuerzo de mi mamá”, confía Milagros Cerruti Ruiz, de 13 años, aunque la suavidad de su voz la cuenta menor. Pero la manera en la que se expresa y todo lo que experimentó en los últimos cinco años sugieren que, al menos, vivió dos décadas más.
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Junto a otros diecisiete bailarines de todo el mundo, desde el próximo 16 de enero buscará un lugar donde seguir su formación en la Royal Ballet School, Londres. “Para poder costear los gastos de los 20 días de estadía (por la cuarentena y las audiciones) hice rifas, eventos para recaudar fondos y no salió como esperaba pese a que recibimos ayuda. Estamos viendo cómo hacer para que Milagros pueda viajar a cumplir su sueño”, le cuenta a Infobae Andrea Ruiz Flores (34), su madre.

El pasado lunes 20 de diciembre, el gobernador de Tucumán Osvaldo Jaldo las recibió en su despacho de la Casa de Gobierno y les comunicó que la provincia está a disposición de la única tucumana seleccionada para audicionar en el Reino Unido y la única argentina en llegar a esa instancias en muchos años. La bonaerense Marianela Núñez (39) fue la primera que lo logró en 1997, a los 15 años, y es una de las principales bailarinas del Royal Ballet.
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La historia
Milagros Pilar Cerruti Ruíz nació en San Miguel de Tucumán el 28 de enero de 2008 a las 22.33, cuando la luna atravesaba el signo de Libra y el Sol comenzaba a transitar Acuario. Fueron quince horas de trabajo de parto. Un presagio, quizá, de la tenacidad con el Milagros encararía su vida y sus sueños.
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Cuando apenas pudo sostenerse sobre sus pies, Miluz (su nombre artístico) comenzó a practicar gimnasia rítmica hasta que conoció el ballet y supo que su pasión era el baile clásico. A los 6 años empezó a estudiar. “A esa edad, prefería ensayar a ir a los cumpleaños de sus compañeritas. Se ocupaba por llegar a tiempo a los ensayos, se cambiaba solita en el colegio para no perder tiempo. Siempre se mostró comprometida con la danza”, recuerda Andrea sobre los inicios de la pequeña que también estudia canto.

Antes de los 9 años llegó a Buenos Aires por sugerencia de su tío, hermano de Andrea. El destino: el Teatro Colón. “El 13 de diciembre de 2016 iniciaron las pruebas de ingreso para formarse en la Meca de la danza argentina. Yo no conocía Buenos Aires, ninguna había viajado en avión y me pareció bien que lo conociera y viviera esa experiencia. Solo quería que supiera cómo era una audición en el teatro más importante del país; le dije que tenía que prepararse para probar suerte el año siguiente ”, rememora la mamá.
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No fue así. “Mili” pasó la primera prueba, la segunda y quedó seleccionada para la tercera, para sorpresa propia y de su madre. “A medida de que iba pasando las etapas comencé a pensar: ‘¿Cómo vamos a hacer para mudarnos a Buenos Aires?’ Sentí un poco de pánico y llegué a desear que no pasara la segunda prueba para no tener que decirle que no podríamos mudarnos. Pero me di cuenta de que tampoco podía decirle que no se presentara a la prueba final, cuando había sido seleccionada dentro de los 16 finalistas de entre más de 400 chicos”.
La cabeza de Andrea dio un giro completo: debía cambiar su vida para apoyar el sueño de su hija. Mudarse con la niña y el pequeño Emanuel, dos años menor que “Mili”, conseguir un empleo, encontrar escuelas a fin de año... Tras haber clasificado a la tercera instancia, debieron regresar a Tucumán ya que la niña tenía que bailar con su ballet de Tucumán y abrir la gala. Luego regresaron a Buenos Aires para la última audición. Once profesores la esperaron y quedó seleccionada para integrar el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, del que aún es alumna.
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“Yo soñaba con conocer el Teatro Colón y estar allí. Fue algo maravilloso, sentí que vivía un sueño. Cuando entré por primera vez no podía creer donde estaba. Durante las audiciones no tomaba dimensión de lo que significaba esto que me estaba pasando. Yo solo hacía lo que me pedían los maestros... Recuerdo que escuchaba a los demás niños que contaban que hacía tiempo se estaban preparando para rendir esa prueba. Y yo no tenía idea de qué iban a tomarme, había llegado sin tener idea de nada. Eran muchos maestros, pasábamos de a uno, yo era una de las primeras por mi apellido”, cuenta Milagros sobre las pruebas de flexibilidad, masa corporal y medidas, la danza improvisada que dio.
Después de cada prueba debía esperar junto al grupo a que el cuerpo de profesores colgaran el listado con los nombres de quienes seguían en carrera. “Yo veía que mi nombre seguía pasando y pasando, y la veía a mi mamá muerta de miedo...”, recuerda la niña.
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A principios de 2017, Andrea, Milagros y Emanuel se mudaron a Buenos Aires. “Costó mucho, pero nos acomodamos. Extrañábamos mucho a la familia, los nenes extrañaban al papá, ya que no teníamos presupuesto para viajar cada tanto, sólo volvíamos por las Fiestas. Con el tiempo se adaptaron muy bien. Y el Colón se portó increíble con nosotros, nos recibió de la mejor manera, incluso nos ayudó a poco de terminar el primer año, cuando casi debimos dejar todo porque el dinero no alcanzaba: yo cobraba $ 15 mil por mes y pagaba $ 13 mil de alquiler, pero el Instituto del Colón no quería perderla como alumna e intercedió con el gobierno de Tucumán. Los padres de sus compañeritos también nos ayudaron . Con el tiempo mi situación se estabilizó”, revela la mujer.

Durante la cuarentena, “Mili” siguió sus estudios vía zoom y se anotó para ingresar a los cursos virtuales del Ballet de Royal con la ayuda económica de su abuelo, el primer abogado ciego de Argentina, quien falleció en junio pasado. “Las clases arrancaban a las 9 hora de Londres, o sea, a las 4 de Argentina. Ella se levantaba a las 3 para desayunar y prepararse para estar lista frente a profesores de todo el mundo, que la convocaron en dos oportunidades para que audicione en Londres”. En junio, recibió la primera invitación, pero unos días antes falleció el abuelo Ruíz y el vuelo las llevó a Tucumán donde permanecen. “Pese a que dije que no podíamos ir y expliqué los motivos, no creí que la volverían a convocar, pero lo hicieron en noviembre para que esté allá en enero. Con el poco tiempo que había para juntar el dinero, confirmamos que iría”.
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“Mili” no termina de caer. “Cada vez que pienso en lo que está por venir tengo una mezcla de sensaciones que no sé describir con una palabra: estoy nerviosa, ansiosa, preocupada por todo el esfuerzo que está haciendo mi mamá para llevarme. A veces la miro y pienso: ‘¡Qué ganas hay que tener para hacer todo lo que hace!’. ¡Con conocer ese teatro ya soy feliz!”, admite.
Que su sueño de ser seleccionada se cumpla no depende solo de ella, sino de la ayuda económica que pueda recibir en estos días: necesitan £ 3000, cerca de $ 411 mil pesos, sin contar lo que pueda necesitar si es seleccionada. “La semana pasada hice un evento a través de las redes en el que puse todo, pero no salió como esperaba, y eso me angustió. Unos amigos nos están ayudando con donaciones y con lo que pueden; casi desesperadas nos reunimos con el gobernador Jaldo y prometió ayudarnos -dice Andrea-. El pasaje de Tucumán a Buenos Aires puedo llegar a cubrirlo, pero queda el que nos llevaría a Londres, que ronda los $ 800 mil”.
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Miluz y su mamá deberían viajar a Buenos aires y llegar el 6 de enero a Londres. “A mediados de la próxima semana espero que todo se resuelva. Si los pasajes salen de la gobernación solo quedaría el dinero para mi hospedaje, porque Milagros va a dormir en la institución. Pero estoy dispuesta a dormir donde sea para que mi hija, que es mi orgullo, pueda audicionar en Londres y cumplir su sueño. Si queda seleccionada, en abril deberá viajar sola”.
“Mili” espera. Anhela que la ayuda para poder cumplir su sueño llegue a tiempo. “Lo único que deseo es que todos los niños tengan la ayuda de sus padres y que los guíen. Y les pido que nunca dejen de luchar por sus sueños”, finaliza la niña.
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