
“Hice entrar veinte cartuchos. En realidad me entraron diez y diez me tiene que entrar esta noche, mañana, porque le pago a la policía para que me lo entre”.
Aldo “Totola” Orozco estaba enojado. La cocaína que le había comprado a su proveedora, y que había hecho ingresar a la cárcel de Devoto donde estaba preso, era mala. “Mis clientes me la están devolviendo”, le recriminó a Cintia. “Totola” le dijo que la probaron en la cárcel y que la calidad no era buena y que iba a tener que conseguirse otro vendedor.
El diálogo ocurrió la tarde del 26 de agosto de 2015. Duró 40 minutos y fue una de las pruebas con las que la Justicia Federal de Rosario lo condenó en diciembre del año pasado por manejar su organización de narcotráfico en el sur de Santa Fe desde la cárcel de Devoto. Fue la tercera condena que recibió por venta de drogas y ya fue confirmada por la Cámara Federal de Casación Penal que la semana pasada también rechazó un pedido de la defensa para llegar con el caso hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Orozco-Hola, buenas tardes
Cintia-Hola, buenas tardes
O-¿Cómo anda?
C-Bien. ¿Y usted?
O-No tan bien como usted
C-Ja ¿Por qué?
O-Porque los cartuchos esos que me dejó, se lo digo sinceramente de corazón, son una porquería
Así comenzó el diálogo entre “Totola” y su proveedora. Los teléfonos del narco fueron intervenidos porque en otra causa, en la que se investigada un caso de narcotráfico, surgió el nombre de un César que terminó siendo Orozco. Así se pinchó el celular que usaba en la cárcel, algo que está prohibido pero que ocurre en todas las unidades de detención y que permite que en muchos casos se sigan cometiendo delitos.
Orozco le contó a Cintia que una primera tanda de cocaína que le había mandado envió era de muy buena calidad. “Esa me la sacaron de las manos”, le dijo contento. Pero con la segunda había pasado todo lo contrario.
O-¿Se acuerda de los cartuchos esos?
C-Nada che, no sé, ¿Cuándo fue eso que te llevé?
O-Y fue….porque yo, pasa que yo allá, vendo poco, lo cobro bien y yo me lo ahorro. ¿Qué pasa? Usted la última tanda que yo negocié con usted todavía no la toqué.
C-Ia, ia
O- ¿Entendés? La de la que llevó la última tanda, esa todavía no la toqué. Recién voy por la tanda de los 400 cartuchos
C-Ah, ya me acuerdo, ya me acuerdo
O-Bueno. Una porquería y me los traje para tomar yo acá adentro. Yo manejo algo acá adentro, y es más, la probamos con el cocinero, la probamos con la cuchara, no llega al 45 por ciento (Nda: de la calidad de la cocaína después de cocinada), y yo allá la cobro bien y son amarillas y es más, la blanca se desarma sola.


Orozco, de 40 años, está detenido desde 2013. Ya había pasado por la cárcel. Comenzó en el mundo criminal a los 20 años y era uno de los más reputados jefes del narcotráfico en el sur de la provincia de Santa Fe. Tenía su base en el barrio centenario de Firmat, una ciudad de industria agrícolas ubicada a 100 kilómetros de Rosario. Ya tenía dos condenas por narcotráfico a seis y 12 años de prisión. Las estaba cumpliendo cuando continuaba al frente de su organización.
El narco y Cintia hablaban de la calidad de la cocaína. Cintia le pregunta si su cuñado, a quien le dio la droga, no pudo adulterarla de alguna manera. Orozco le dijo que no y le ofreció mandarle una foto para que vea que le habla de la droga que le envió ella (“usted conoce la mercancía que es de usted”). También le habló de que hay otra gente en la cárcel que quiere ser su proveedor. “No sé si buscar por otro lado o que, porque yo necesito mercadería buena, de primera calidad, así lo digo y acá estoy en un pabellón de todos los narcos VIP, todos los que salen en la tele están conmigo acá y se pelean para venderme”, le dice Orozco y nombra a Delfín Zacarías y a Rodolfo Bomparola.
O-Si usted no me soluciona el problema de los 400 cartuchos estos, yo lamentablemente tengo que salir a buscar a otro lado
C-¿Y ahora cómo lo podemos hacer con eso?
O-No sé, yo ahora lo único que puedo hacer es agarrar lo que me queda, mandárselo al pibe que me maneja todo ahora, y decirle a ver si hay algo que se pueda rescatar
C-Mmmm
O-Porque yo el otro día rescaté la mitad y es más, me la están devolviendo, él le daba a clientes míos de diez años y me la están devolviendo. Si quiere yo le puedo pasar por si tiene whatsapp yo le puedo pasar la foto, usted conoce la mercadería de usted.
Orozco les mandó las fotos de la cocaína desde la cárcel. La Justicia Federal de Rosario obtuvo esos registros del celular de “Totola” cuando se allanó el pabellón en el que estaba alojado. Está preso en la cárcel de Marcos Paz.
La Justicia no pudo dar con Cintia. Solo supieron que era una mujer de nacionalidad boliviana y que fue ubicada en la villa 1-11-14 del bajo Flores. Pero no pudieron identificarla.
C-Si….mmmm ¿y ahora como podemos hacer che?
O-Y no sé, yo le digo la verdad sinceramente la tengo acá, si quiere yo le puedo mandar mire, las tengo estaban sin envolver sin nada, le puedo mandar si quiere eh la rescato, le saco la cinta de como me la mandaron los pibes y le mando la foto, yo me hice traer veinte porque digo no puede ser. Hice entrar veinte cartuchos. En realidad, me entraron diez y diez me tiene que entrar esta noche, mañana, porque le pago a la policía para que me lo entre. Pero le digo sinceramente es una…es más, me lo dicen los cocineros que están acá, que es toda gente de allá que no pasa el 45 por ciento.
Orozco se hacía ingresar parte de la droga que compraba a la cárcel de Devoto. Allí la probaba y daba la aprobación para su venta en Santa Fe. Cuando se descubrió que hacía ingresar la cocaína a su lugar de detención se abrió una investigación para determinar cómo lo hacía y qué autoridades y penitenciarios de la unidad se lo permitían. Nada de eso se pudo determinar y la causa se cerró sin responsables.

“Totola” y Cintia comenzaron una negociación para solucionar el problema que el narco le planteó.
C-Bueno, bueno. Te lo dejo a 78 para saldar
O-No, no. Vamos a lo real. ¡Yo la pagué 80 mil por esa mercadería y no me sirve! ¡No me sirve! ¡No me sirve! ¡No me sirve la mercadería! ¡Así me diga 50 mil pesos no la quiero tampoco! No sé si me entiende
C-Que grave. No sé, yo llevé bien, revisaron todo, está bien me dijo tu cuñado
0-Si. Está bien de pinta. Acá el hombre anoche cuando la abrió, eh, cuando la desenvolvimos, eh, psicológicamente dijo lo mejor que coso, aceitosa, eh brillaba, pero cuando la tiramos a la cuchara, ehh, nos queríamos matar. Quiero mercadería buena. Si usted tiene mercadería buena le compro. Si no tiene mercadería buena, bueno, lamentablemente hasta acá llegamos.
C- Y pero ¿cómo lo podemos arreglar?
O-Que se yo. Usted tendrá que buscar la manera, usted me la vendió. Ya no me importa a mí si usted me dice que no te lo puedo cambiar nada. Me busco otro proveedor y chau, de una manera u otra a la larga la venderé, de acá a diez años la venderé. Venderé uno y la iré metiendo. Pero yo hoy, hoy estoy renegando, encima que estoy en cana estoy renegando.

Pero no hubo acuerdo para solucionar el enojo de Orozco y Cintia terminaron negociando la venta de cocaína para una persona de otro pabellón.
En diciembre del año pasado, los jueces del Tribunal Oral Federal 2 de Rosario, Ricardo Vázquez, Osvaldo Facciano y Germán Sutter Schneider, lo condenaron a ocho años de prisión y a una pena única de ocho años y 10 meses por sus anteriores condenas. También fueron condenadas otras dos personas de la organización: Daniel Riera, a siete años y a nueve años como pena unificada por otras causas, y Liliana De Marco, la madre de Orozco, a cuatro años y seis meses de prisión. En la casa de la mujer se encontró droga.
La acusación del caso estuvo a cargo del fiscal federal Fernando Arrigo que pidió las condenas en base a las pruebas que se obtuvieron en la investigación, entre ellas la escucha en la Orozco contaba cómo entraba droga a la cárcel de Devoto, desde donde seguía manejando su organización.
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