La historia de “El pibe del chocolate”, que demostró sin querer que las donaciones no llegaban a los soldados de Malvinas

Hasta hace unos años Gustavo Vidal casi no hablaba del tema. Después de una charla con veteranos en Venado Tuerto, se amigó con su historia. Aquí, el repaso: la tapa de GENTE que protagonizó sin saber; la citación a declarar a su padre y una presencia inquietante de la SIDE; la nena que abrió el chocolate en Comodoro Rivadavia y el médico que denunció lo que pasaba

Gustavo, con la revista de julio de 1982, sus hijas, Amparo y Lara y su esposa, Sandra.
Gustavo, con la revista de julio de 1982, sus hijas, Amparo y Lara y su esposa, Sandra.

Julio de 1982. “¡Extra! ¡Extra! ¡El pibe del chocolate!”, grita un canillita que camina entre los autos por Mataderos. “Mirá a quien tengo atrás, nene”, le contesta Alberto Antonio Vidal y baja la ventana. El canillita queda absorto. Y el señor Vidal arranca. Tiene prisa. Gustavo, su hijo menor, está en la tapa de GENTE. Es “El pibe del chocolate” y tiene que pasar unos días en lo de su abuela. Las consecuencias de aquella tapa son demasiadas...

“Me acuerdo poco y nada de lo que pasó. Mis viejos me ocultaron mucho para preservarme. Pregunté de grande”, aclara Gustavo Vidal, que entonces tenía 7 y hoy, 45. Era la tapa de la revista GENTE del 17 de julio de 1982. Fue después de mandarle un chocolate a los soldados de Malvinas. Como hicieron miles de argentinos. “Soy introvertido. Durante muchos años me pesó haber estado en esa tapa”, agrega desde su casa de Caseros, dónde vive con Sandra, su esposa, y sus dos hijas, Amparo (13) y Lara (11). Es farmacéutico y trabaja en el Hospital Italiano. Su historia dice así…

El posteo de Mario Massaccesi, con la increíble historia de Gustavo.
El posteo de Mario Massaccesi, con la increíble historia de Gustavo.

Sábado 14 de abril de 1982. A semanas de empezada la Guerra de Malvinas, Gustavo cumplió con la indicación que le había dado Cristina, su maestra de la Holter Schule de Villa Ballester. Compró un chocolate Noel para donar. “Algunos juntaban arroz; a otros nos tocó chocolate”, apunta. Y como cualquier sábado, se fue con su mamá –Rosaria Vietri– a la farmacia de su padre.

“Porqué no le agregás una cartita”, le sugirió ella, sentada detrás del mostrador. Como a Gustavo le gustaba escribir, se entusiasmó. “‘Que este chocolate te endulce en esos días fríos de Malvinas. Gracias por defender mi patria. Te saluda, un futuro soldado de siete años', le puse. Y agregué mi domicilio, nombre y apellido. También, por sugerencia de mi mamá para que no se perdiera, en lugar de ponerla afuera, abrí el paquete, la metí, lo cerré y lo pegué con cuidado”, detalla. El lunes llevó el chocolate a la escuela y de ahí partió con el resto de las donaciones. Una escena que se repetía en todo el país.

La página de la revista GENTE con la carta que Gustavo le mandó a los soldados.
La página de la revista GENTE con la carta que Gustavo le mandó a los soldados.

LA CARTA QUE VUELVE

Martes 6 de julio de 1982. La Guerra de Malvinas terminó y a lo de Vidal llega una carta manuscrita con sobre celeste y PP en el remitente. La abre Mónica, la hermana de Gustavo, que en ese entonces tenía 12 años, y se pone a insultar a los militares. “Estimado Señor y Señora Vidal, acompaño esta carta con fotocopia de la carta que vuestro hijo enviara a Malvinas a un supuesto soldado nuestro que nunca llegó. Fue hallada en un chocolate Noel p/taza que fue adquirido en un comercio de Comodoro. El suyo parece no ser el único caso. El significado es claro. Nos han engañado y usado. Nuestros soldados pasaron hambre y volvieron desnutridos. (…)”, decía. Estaba fechada el 30 de junio, en Comodoro Rivadavia. Y, de hecho, venía con una fotocopia de la carta que Gustavo había mandado adentro del chocolate.

“Nos la mandó Pedro Peralta, un médico pediatra que tuve el gusto de conocer en 1989. La envió con miedo y usó sus iniciales, sin imaginar que asustaría también a mi padre, por si se trataba de una misiva del Partido Peronista”, explica Gustavo. Como fuere, Peralta denunciaba lo que ya se comentaba y lo que él mismo veía en Comodoro Rivadavia. Las donaciones no llegaban y los soldados que atendía en el hospital estaban muy debilitados.

¿Cómo supo Pedro Peralta del chocolate? Porque era amigo de un tío de Silvana Daniela Pérez, la chica de seis años que abrió el chocolate. Ella vivía en Rada Tilly y a mediados de junio había ido a Comodoro Rivadavia a visitar a su abuela. Bruna la esperó con un chocolate y se sorprendió cuando la oyó decir: “¡Mirá abuela! Un papelito”. Lo había comprado en Giménez, el almacén de la ciudad. Hoy, 38 años después, Silvana asegura que no recuerda nada y que no tiene mucho para aportar de lo que le contaron.

La carta que el doctor Pedro Peralta le mandó a la familia Vidal para denunciar lo que había pasado.
La carta que el doctor Pedro Peralta le mandó a la familia Vidal para denunciar lo que había pasado.

PRIMERA PLANA

“Sin embargo, la cosa no quedó ahí. Charla va, charla viene, mi papá comentó en la farmacia lo insólito de la carta devuelta. Así se enteró un periodista del barrio y le propuso la historia a Editorial Atlántida. Lo mandaron a investigar a Comodoro Rivadavia y –después supimos– volvió con la explicación de la almacenera que había vendido el chocolate…”, cuenta Gustavo.

“Cuando volvió a Buenos Aires me vino a entrevistar a mi casa. A mi papá le dijo que era simplemente una notita. ¡Jamás imaginamos que sería la tapa de la revista!”, apunta. Y agrega que tiene un recuerdo borroso de aquella sesión de fotos: el armado de la escena con un nuevo chocolate comprado para la foto y el disparo del flash.

El almacén de Comodoro Rivadavia dónde se vendió el chocolate que adentro tenía la carta de Gustavo.
El almacén de Comodoro Rivadavia dónde se vendió el chocolate que adentro tenía la carta de Gustavo.

“Unos días después a mi papá le dieron un adelanto de la revista sin la tapa. Tal vez porque era una exclusiva... No sé. La empezó a hojear y se encontró con que no era una notita. Estaba en varias páginas. Ansioso por ver la edición final, la noche del miércoles, cuando se distribuía, fue hasta Chacarita para tenerla antes que nadie. Se quería morir al ver mi cara en la tapa copando los kioscos”, relata Gustavo. La nota, firmada por el periodista Rodolfo Zibell, tenía la palabra de la almacenera. Decía que unos soldados le habían pedido fiambre a cambio de dejarle el chocolate. Que tenían hambre. No tenían dinero. Y que era algo que pasaba seguido.

Silvana Daniela Pérez, la chica que abrió el chocolate y se encontró con la carta en Comodoro Rivadavia, junto a su abuela Bruna.
Silvana Daniela Pérez, la chica que abrió el chocolate y se encontró con la carta en Comodoro Rivadavia, junto a su abuela Bruna.

EL DÍA DESPUES

Más allá del chiste al canillita –”¡Extra! ¡Extra! ¡El pibe del chocolate!”–, la cosa no estuvo fácil en lo de Vidal después de que Gustavo saliera en la tapa. “A mi papá lo citaron a declarar. También a Pedro Peralta. Además, todo fue un caos. Estuve varios días sin ir a la escuela y me llevaron a lo de mi abuela. Después, por suerte vinieron las vacaciones de invierno. Además, nos investigaban. Parece que un vecino que era de la SIDE empezó a ir seguido a la farmacia. Papá lo hacía pasar y le decía que le preguntara lo que quisiera, que no tenía armas. Creo que se dieron cuenta que no tenía nada que ocultar. Su hijo, simplemente, había mandado un chocolate a los soldados”, reflexiona.

El interior de la revista que salió a mediados de julio de 1982.
El interior de la revista que salió a mediados de julio de 1982.

Además, a los Vidal les llegaban ofrecimientos para que Gustavo hiciera la publicidad de un chocolate. O lo reconocían en la cancha, viendo a San Lorenzo, y lo felicitaban por haber dejado de manifiesto –por absoluta casualidad– que las donaciones no llegaban. Entonces empezaban a cantar contra los militares y él se tenía que ir entre tanto alboroto.

Gustavo, con su papá, Alberto Antonio, su mamá, Rosaria, y su hermana, Mónica.
Gustavo, con su papá, Alberto Antonio, su mamá, Rosaria, y su hermana, Mónica.

Durante años, Gustavo casi no habló del tema. Periodistas como Néstor Ibarra mencionaron mucho a “El chico del chocolate” en radio Mitre. Y María O’ Donnell lo entrevistó ya adolescente, en 1992, a diez años de la Guerra de Malvinas. “Para los aniversarios siempre alguien me trata de ubicar”, apunta Gustavo, que no se sentía del todo cómodo con hablar de su historia.

Sin embargo, la cosa cambió hace tres años. “Me contactó Daniela Mimiza, una directora de escuela de Venado Tuerto. Gracias a ella empecé a hablar del tema. Era una fanática del ‘El chico del chocolate’. Es que muchos veteranos son del Sur de Santa Fe. El dolor por Malvinas es muy fuerte. Ella siempre quiso saber quien era yo y sus alumnos del profesorado la animaron a buscarme por redes sociales. Puso Gustavo Gabriel Vidal, mi nombre completo, y aparecí ligado al Hospital Italiano. Mandó un familiar a buscarme y le devolví el llamado. Un tiempo después y por su insistencia, participé de una mesa redonda con veteranos. Para mí fue muy movilizante”, resume.

Con Owen Crippa, héroe de Malvinas, una maestra de segundo grado de la Escuela 446 J.B.Alberdi de Venado Tuerto, la directora, Daniela Mimiza, y el escritor, Franco Vaccarini.
Con Owen Crippa, héroe de Malvinas, una maestra de segundo grado de la Escuela 446 J.B.Alberdi de Venado Tuerto, la directora, Daniela Mimiza, y el escritor, Franco Vaccarini.

Gracias a ella, el periodista Mario Massaccesi –gran coleccionista de revistas– también llegó a Gustavo, después de treinta años. Le pidió que se sacara una foto en la misma mesa, con el mismo mantel –su madre lo conservaba– y la revista. La subió a su genial cuenta de Instagram @mariomassaccesi1.

Además, Gustavo es parte de Operación Chocolate, un documental que se está haciendo sobre las donaciones que no llegaron a destino. Lo produce Pablo Navarro Espejo y dirigen Silvia Maturana y Carlos Castro. Está basado en la tesis de un apasionado por el tema, Santiago García. “Tienen, entre otras cosas, la citación que le llegó a mi papá. Además, para el documental viajé Comodoro Rivadavia en noviembre del año pasado. Recorrí el deposito a dónde estuvieron los chocolates. E incluso conocí a Silvana”, cuenta y reflexiona: “Es loco como una historia mínima habla de una gran historia”.

Durante la filmación del documental Operación Chocolate, que está en etapa de postproducción.
Durante la filmación del documental Operación Chocolate, que está en etapa de postproducción.

Hoy a Gustavo le gusta que se sepa que “El chico del chocolate” no es un mito. “Somos un pueblo solidario. Donamos por Malvinas. Lo vamos a volver a hacer cada vez que haga falta. Más allá de aquellos que no hicieron las cosas bien…”, asegura. “Con dolor confieso que cuando los veteranos reclamaban su subsidio en el tren, yo era de los que bajaba la cabeza. No sé… Me daba vergüenza. ¡Como si hubiera hecho algo malo! Malvinas era un tema intrínseco para mi. Pero hice terapia, lo laburé, hoy puedo hablar del tema y estoy mucho mejor”, cuenta desde su casa de Caseros.

La tapa que lo incomodó durante algunos años, pero hoy cobra un nuevo significado.
La tapa que lo incomodó durante algunos años, pero hoy cobra un nuevo significado.

Y como de ribetes insólitos va la cosa, Gustavo se entretiene con la última anécdota de esta historia. Así la cuenta: “Mis viejos tenían la revista, pero sin la tapa. Algún familiar guardaba la suya, pero no me la quería dar. Y después de muchos años, yo quise tener la mía. Así que un día, allá por 2007, me metí en Mercado Libre y la encontré. La pagué 15 pesos. ‘¿Sos coleccionista?’, me preguntó el flaco cuando la fui a buscar. ‘No’, le digo. ‘Para mi es especial’, agrego. Y le muestro mi tarjeta, con mi nombre. Se quedó helado y nos reímos”.

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