
Esperó nueve años y tres meses para ser madre. En días, unos 3330. Pero además tuvo que volar 13.000 kilómetros para concretarlo. Porque Ignacio nació en Ucrania, el pasado 29 de abril, a través de la subrogación de vientre.
El nacimiento de su primer hijo no fue como lo imaginaba, porque se enteró por un mensaje de Whatsapp del otro lado del océano que había llegado al mundo. No pudo viajar a tiempo, ya que en el medio se desató la pandemia y con esta el cierre de las fronteras argentinas por parte del gobierno nacional.
Antes de optar por el alquiler de vientre en el exterior, Andrea Díez (45) y Fernando Montero (46) habían empezado su lucha por ser padres allá por 2011 y nunca habían imaginado el largo camino lleno de obstáculos que les esperaba. Les costó 2 tratamientos de fertilidad, 6 embarazos que no prosperaron, técnicas de ahorro de todo tipo para soñar con encontrar el tratamiento que sí funcionará, intentos de adopción en el país y fuera del país. Cuando estaba muy cerca de concretarlo, la propagación del virus hizo que ese deseo, fuera aún más incierto y largo.
Desde el pasado 29 de abril, Nacho estuvo en una guardería de la clínica de fertilización, al igual que otros cuatros bebés de padres argentinos que nacieron en el centro BioTexCom. Los papás los conocieron por la pantalla, y así vieron crecer a sus hijo del otro lado del océano. Se perdieron momentos trascendentales como el primer baño, la primera mamadera o la caída del cordón.

Pero después de tantas gestiones fallidas con Cancillería e intentos frustrados por llegar a Kiev, el 29 de mayo llegó la noticia tan esperada: “Nos comunicaron que un empresario, Ricardo Fernández Núñez, había donado un vuelo charter de Kiev a Madrid para que salieran de allí algunos argentinos que estuvieran varados. Y propuso también que ese vuelo volviera a la capital ucraniana con todos nosotros, para que pudiéramos conocer a nuestros bebés", relata Andrea.
El 28 de mayo el avión despegó de Ezeiza con destino al aeropuerto de Barajas. Los Diez-Montero y otras 8 parejas conectaron su vuelo hasta Kiev. Ya en Ucrania, tuvieron que seguir con los trámites y permanecer diez días en cuarentena. Recién con los resultados de los hisopados negativos fueron habilitados al encuentro.
Las buenas noticias llegaron el 10 de junio, el resultado del laboratorio les confirmó que no estaba contagiados. Y ahí se desató la ansiedad, pero bien distinta a la que vivieron estos últimos largos meses. “Fue duro ver crecer a Nacho a la distancia con videollamadas de 10 minutos por día, con conexiones malas que no dejaban verlo con nitidez. Pero con la habilitación del vuelo, todo fue distinto”, resalta Andrea.

A las 10.30 se subieron a una camioneta camino al esperado encuentro .“No nos dieron ni tiempo de procesar lo que íbamos a vivir, nos avisaron que teníamos un auto en la puerta”. . Una vez en la puerta del centro médico los esperaba un grupo de periodistas de medios internacionales que buscaban algún tipo de declaración previo a poder conocer a sus hijo.
“BioTexCom organizó una gran ceremonia, nos estábamos solo, también vinieron las otras ocho parejas de argentinos”. En una sala decorada con globos y carteles, se presentaron músicos que cantaron los himnos de Ucrania, y Argentina. “Se me aflojaron las piernas, en ese segundo viví todo el recorrido para llegar acá”. Terminados los aplausos, vino la enfermera con Nacho en brazos.
“Lo cargué y lo mire a los ojos, fue una conexión instantánea, un enamoramiento que nunca sentí. Me lo puse en pecho, y se me caían las lagrimas de la emoción… No sé si a todas las madres le pasa lo mismo pero ese instante fue mucho más fuerte de lo que había soñado durante toda mi vida”.

Con Nacho en brazos, lejos de pensar en la odisea que fue convertirse en padres, solo vislumbran el futuro. “Empieza una nueva etapa para nosotros tres. Estamos tan felices. Esto es mágico”.
Tampoco lamentan el tiempo pérdido lejos de su hijo. “Evidentemente era necesario, tuvo que pasar. No lo viví desde la falta. Me cayeron las fichas... era mucho más de los que imaginaba, es inexplicable. Es algo que no se traduce en palabras".
Ahora están los tres instalados en un departamento en Kiev. “Ya cambié pañales, le di la mamadera. Es un santo, muy tranquilo. Veremos cómo pasa la noche. Es todo nuevo, somos primerizos”.

Con los otros argentinos formaron un clan. “El empresario que gestionó el charter, además de su gesto disenteresado, estuvo todo el tiempo en contacto con nosotros, nos mandó vinos, comida, y presentes, incluso organizó un asado para festejar. Es un ángel”.
Desde 2015 Kiev se convirtió en la capital de vientres subrogados. Padres del mundo entero acuden a este proceso. El alquiler de vientre es una práctica que abre el debate en el seno del feminismo. Por un lado, hay quienes sostienen que es una de las formas de la explotación del cuerpo de las mujeres, dado a que hay que pagar a la gestante. Por el otro, hay quienes la defienden sosteniendo que la decisión reafirma la autonomía del cuerpo de cada mujer.

¿Y cuándo será la vuelta a casa? Este es otro capítulo incierto. Pero los flamantes padres lo sabían antes de tomar el vuelo a Ucrania. Hasta septiembre no hay vuelos comerciales disponibles, aunque poco a poco las fronteras en Europa se van habilitando haciendo más fácil el regreso.
Todavía es necesario tramitar el pasaporte provisorio, los papeles de ADN, y recién ahí tendrían la habilitación para volar a Buenos Aires. "Si todo sale bien en un mes podríamos volver en algún vuelo de repatriación. Lo importante es que ya estamos juntos los tres”.
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