Caleb y Linda, de viaje en tren por Indonesia.
Caleb y Linda, de viaje en tren por Indonesia.

Fue en El Retamal, en El Bolsón, una mañana de marzo. Caleb Conde (que hoy tiene 27 pero en ese entonces tenía 20) se agarró la cabeza y supo que no podía seguir así. El paisaje le devolvía montaña y valle… Si quería disfrutarlo, tenía que curarse. “Necesitaba arreglar mi historia y resolver mi problema de abuso con las drogas”, cuenta desde su casa de Mar del Plata, donde está instalado desde hace unos meses, mientras planea los próximos pasos de su vida como ciudadano del mundo. Todo con una aliada, Linda Hermans (31), su novia holandesa –aunque nació y se crío en Inglaterra–.

Caleb es marplatense, del barrio Constitución, como toda su familia. Tiene padres, un hermano y tres hermanas. En la adolescencia empezó a consumir. Terminó el secundario, estudió unos años de sociología y se fue un mes de mochilero a la Patagonia. Entonces conoció gente que viajaba por el mundo. Y sintió una profunda admiración por tres amigos -una sueca, un inglés y un canadiense- que “eran sanos y disfrutaban de la naturaleza”. Cuando volvió a Mar del Plata, empezó un tratamiento de rehabilitación en Programa El Faro.

Tres años le llevó curarse, con permiso para trabajar y estudiar, siempre que no hubiera una recaída. Necesitaba tener dinero para costear el tratamiento. Y lo hizo con un objetivo: sanar para conocer el mundo. Una vez que lo terminó, trabajó toda una temporada, de noviembre a marzo. De día, como camarero en un balneario, y de noche en un restaurante.

Durante su rehabilitación con el programa El Faro, en Mar del Plata.
Durante su rehabilitación con el programa El Faro, en Mar del Plata.

“En abril de 2016 me fui de Mar del Plata a España. Nunca me había subido a un avión. Ni había salido de Argentina. Tenía 1.500 dólares. Y era tan inexperto que cuando llegué a Madrid me tomé el tren bala para ir a Barcelona, ¡que era carísimo! Sin duda, no sabía viajar”, ríe sobre sobre su aproximación al mundo. Con un amigo se fue a Noruega, Francia y Dinamarca. Cuando se empezó a quedar sin plata, buscó opciones de voluntariado: trabajaba a cambio de casa y comida. Pero tenía que hacerlo fuera del espacio Schengen (frontera en común de varios países europeos) porque se le cumplían los tres meses en los que podía permanecer de manera legal.

Gracias a Worldpackers y Workaway, dos plataformas para encontrar voluntariados, Caleb conseguió uno en Escocia. Sabía inglés. Pasó unos días en lo de un amigo en Londres y llegó con lo justo a Fort William, un pueblito perdido en el medio de las montañas. “Gasté lo último en el pasaje de tren. Pasé una noche en la calle, en Glasgow, sin ni siquiera tener para comer. ‘¿Está bien lo que estoy haciendo? ¿No es demasiado arriesgado?’, me pregunté. Hice dedo y al hostel llegué caminando. Pero entonces vino lo mejor. Me dieron un plato de cereales, techo y una ducha de agua caliente”, cuenta Caleb y agrega que acordó que además le pagaran 50 libras por semana por hacer dos horas extras por día.

Kayak en Koh Lanta, Tailandia.
Kayak en Koh Lanta, Tailandia.

Un destino en Escocia

Sin embargo, aquel hostel escocés terminaría significando mucho más en su vida. “En un desayuno conocí a Linda. Ella estaba viajando con sus compañeras de trabajo por una propuesta con fines caritativos de su empresa: escalar los tres picos más altos del Reino Unido en tres días. Me puse a charlar con el grupo y se enojaron porque les dije que Londres no me había gustado. Entonces me invitaron a Cambridge, dónde vivían y anoté el teléfono de Linda”, relata Caleb y jura que en ese entonces no la miró con intenciones de nada.

¿El detalle? El marplatense estaba de novio con una francesa que había conocido al mes de empezar a viajar. “Teníamos una relación, aunque era algo informal”, asegura. Después de dos meses en Escocia, con las 200 libras que ahorró, planeó ir a Barcelona, para trabajar durante la temporada. Eso sí, antes pasó por Cambridge. “Me quedé en la casa de Linda, pero no nos dimos ni un beso. Sí nos quedábamos hablando hasta cualquier hora… Y empezamos a planear un viaje a Asia”, rememora.

Con Linda en Cambridge, cuando todavía eran solo amigos.
Con Linda en Cambridge, cuando todavía eran solo amigos.

Una vez en Cataluña, trabajó de mozo durante 5 meses, siempre en contacto con Linda. Claro que entre medio voló a al país galo para terminar las cosas con la francesa: había conocido a una inglesa y se iba a ir con ella a Oriente. Mientras tanto, Linda, una exitosa neurocientífica, renunció a su empresa.

“Reservamos el mismo hostel y nos encontramos en el aeropuerto de Bangkok, Tailandia, en enero del 2017. Era muy loco estar del otro lado del mundo con una chica que había conocido en la otra punta. Salimos esa primera noche, me hizo probar escorpiones y nos dimos nuestro primer beso”, cuenta Caleb. No se separaron más.

Recorrieron Tailandia “en un sueño de enamorados”, durante un mes y medio con los ahorros que tenían. “Después yo tuve que empezar con los voluntariados y ella, a pesar de que no necesitaba la plata, quiso seguir conmigo. Entonces descubrí que no se le caían los anillos por ser moza o recibir huéspedes”, cuenta Caleb y agrega que recorrieron Indonesia, Singapur y Malasia. Y fue en el sudeste asiático donde el impacto de una playa repleta de basura los impulsó a crear una cuenta de Instagram conjunta (@bambooandbackpacks) para inspirar cambio de hábitos sustentables.

En Tailandia decidieron empezar a llevar una vida sustentable y abrieron la cuenta de Instagram @bambooandbackpacks
En Tailandia decidieron empezar a llevar una vida sustentable y abrieron la cuenta de Instagram @bambooandbackpacks

En julio conocieron a la familia de Linda, en Inglaterra, y volaron a Barcelona, dónde Caleb consiguió trabajo de fotógrafo –“aprendí de manera informal pero me perfeccioné”–. Linda, en tanto, hizo un curso para trabajar como profesora de inglés por Skype y a eso de dedica ahora. Cuando él tuvo que volver a salir del espacio Schengen, regresaron a Cambridge –de marzo a septiembre– y trabajó como mozo en el café de su cuñado.

Siguieron por Europa del Este: Bulgaria, Rumania, Eslovenia, Polonia y República Checa. Hasta que se fueron a Marruecos y estuvieron dos meses, pero la cosa no resultó. “El machismo, la inseguridad… No nos sentimos cómodos. Porque al viajar no todo es color de rosas. Entonces buscábamos pasajes para Argelia, cuando abajo leí ‘Argentina’ y le dije a Linda: ‘¿Y si le caemos de sorpresa a mi familia?’. Y así fue. En febrero del año pasado volví a Argentina, después de casi 3 años”, relata Caleb.

En el desierto del Sahara, en Marruecos.
En el desierto del Sahara, en Marruecos.

Una mochila y un amor

Pasaron dos meses en Mar del Plata y se fueron a recorrer Sudamérica: Bolivia, Perú, Ecuador –3 meses– y Colombia –un mes y medio–. Siempre haciendo voluntariados, trabajando como fotógrafo y filmando. Volvieron a la Argentina y el papá de Linda se sumó a la aventura. Recorrieron desde Iguazú hasta Ushuaia en un mes. E incluso el suegro de Caleb se conoció con sus padres.

En un hostel de Ecuador.
En un hostel de Ecuador.

Desde diciembre, Linda y Caleb están en Mar del Plata… Siempre trabajando. ¿Lo próximo? Reunir los papeles, tramitar la ciudadanía italiana e instalarse un tiempo en Cambridge. Quieren probar la vida solos en una casa. “Porque según Linda, aprendimos a hablar para lidiar con los problemas. Y, para mí, ella es una mujer de un amor tan sano, que todo resulta fácil. No me deja estar mal, ni hacer boludeces. Nos ponemos en los zapatos del otro y nuestro amor crece, más allá de los egos”, resume sobre la convivencia 24 por 24.

Mientras sobre su recuperación apunta: “No tuve recaídas. Implementé un sistema: ni bien conocía a alguien, le contaba que venía de terminar mi rehabilitación. Entonces, aquel que consumía, no me ofrecía. Sí tomo alcohol, pero no es un problema. Me entrené como sommelier y lo disfruto desde otro lugar”.

Sobre el sueño de vivir viajando, resume: “Hay momentos difíciles, pero con trabajo y ganas, es posible. Tiene que haber un deseo muy grande. Por momentos siento que estos últimos años significan una vida entera… Y una vez que uno se lanza, la ganancia de semejante experiencia es cuantiosa”.