
Las manos pueden parecer limpias después del lavado y, aun así, conservar microorganismos capaces de pasar a otra superficie si quedan húmedas. Un estudio de la Universidad de Bradford, en el Reino Unido, publicado en 2011, detectó que frotar las manos bajo un secador de aire caliente puede reducir parte del efecto bacteriano conseguido con el lavado. Investigaciones más recientes, realizadas entre 2022 y 2025, ampliaron esa evidencia con nuevos métodos de medición y matizaron algunas de sus conclusiones.
Ese conjunto de trabajos no evaluó contagios ni enfermedades en situaciones cotidianas. Analizó, en cambio, la presencia y la transferencia de bacterias y virus en condiciones controladas de laboratorio. Sus resultados apuntan a que el secado completo forma parte de una higiene eficaz, dado que los microorganismos se trasladan con mayor facilidad desde la piel húmeda hacia otras superficies.
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Cómo lavarse las manos correctamente para evitar que permanezcan las bacterias
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan mojar las manos con agua corriente, aplicar jabón y frotar durante al menos 20 segundos. El lavado debe cubrir las palmas, el dorso, los espacios entre los dedos, los pulgares y la zona debajo de las uñas.
Después corresponde enjuagar con agua corriente y secar las manos por completo. El jabón y la fricción desprenden microorganismos y suciedad de la piel, mientras que el enjuague los arrastra. Secarse evita que los gérmenes que hayan quedado se trasladen con facilidad a picaportes, teléfonos, alimentos u otras personas.
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La temperatura del agua no determina por sí sola la eficacia del procedimiento: los CDC indican que puede usarse agua fría o tibia, siempre que el lavado incluya jabón, fricción suficiente, enjuague y secado. Cuando no hay agua y jabón disponibles, puede recurrirse a un desinfectante con al menos 60% de alcohol, que debe cubrir toda la superficie de ambas manos y frotarse hasta que se seque, un proceso que suele durar cerca de 20 segundos. Ese producto no reemplaza el lavado cuando las manos están visiblemente sucias o grasosas.
El error común al secarse las manos
El estudio de Bradford comparó toallas de papel, dos secadores de aire caliente convencionales y un equipo de chorro de aire de alta velocidad. Los participantes realizaron cultivos antes y después del secado para medir las bacterias que permanecían en la piel y las que podían transferirse a una superficie. Cuando las personas mantenían las manos inmóviles bajo el aire caliente, los equipos eléctricos reducían la carga bacteriana, pero el resultado cambiaba si las frotaban: ese movimiento contrarrestaba la reducción de bacterias alcanzada durante el lavado. Los autores plantearon que la fricción puede llevar bacterias residentes desde capas más profundas de la piel hacia la superficie.
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Investigaciones posteriores agregaron matices a ese panorama. Un trabajo de la Universidad de Southampton publicado en 2024 en Journal of Hospital Infection comparó secadores de chorro de aire y toallas de papel con Pseudomonas fluorescens y el bacteriófago MS2 como marcadores. El resultado mostró una aerosolización baja y una transferencia limitada y similar entre ambos métodos, un hallazgo más favorable a los secadores de aire que el de estudios anteriores.
Otro estudio difundido en octubre de 2025 en Frontiers in Public Health, a cargo de investigadores de la Universidad de Leeds, evaluó dos modelos de secador Dyson Airblade frente a las toallas de papel mediante un bacteriófago. Encontró que la contaminación de manos fue diez veces menor con toallas de papel que con cualquiera de los secadores eléctricos, y que la contaminación de las paredes del baño llegó a ser hasta 78 veces mayor con uno de los equipos. Un tercer trabajo, publicado en 2025 en Aerosol Science and Technology, midió la dispersión de Escherichia coli con dos secadores comerciales y concluyó que el riesgo de infección por inhalación es bajo, aunque ambos aparatos dispersan bacterias a distancias considerables dentro de un baño.
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Un estudio de 2022 publicado en Infection Control & Hospital Epidemiology, con cuatro voluntarios, utilizó un bacteriófago para simular contaminación microbiana y encontró que las toallas de papel generaron menor contaminación de manos y de superficies hospitalarias que un secador de chorro de aire. En conjunto, los CDC señalan que no hay suficiente evidencia científica para determinar si una toalla limpia o un secador de aire es superior para reducir gérmenes en las manos, aunque coinciden con todos estos trabajos en un punto central: las manos deben secarse por completo, cualquiera sea el método elegido.
Qué enfermedades puede ayudar a prevenir un correcto lavado de manos
Lavarse las manos en momentos clave ayuda a reducir la propagación de microorganismos que causan enfermedades respiratorias y gastrointestinales. La medida resulta relevante antes de preparar alimentos o comer, después de usar el baño, tras cambiar pañales, luego de toser, estornudar o sonarse la nariz, y antes y después de atender a una persona enferma o una herida.
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El lavado con agua y jabón tiene una ventaja frente a los desinfectantes a base de alcohol en determinadas situaciones. Los CDC advierten que resulta más eficaz contra algunos gérmenes, entre ellos el norovirus, Cryptosporidium y Clostridioides difficile. El norovirus es una causa frecuente de gastroenteritis, con vómitos y diarrea, y puede transmitirse por alimentos, agua, superficies contaminadas o contacto cercano.
El lavado también puede reducir el riesgo de infecciones respiratorias al limitar el traslado de microorganismos desde las manos hacia los ojos, la nariz y la boca, o hacia objetos compartidos. La medida no elimina todos los riesgos, pero corta una de las vías de transmisión más habituales. La higiene de manos se completa al evitar tocar superficies de uso común mientras aún están húmedas, un punto que las investigaciones de los últimos años, desde Bradford hasta Leeds y Southampton, siguen confirmando como el paso que determina si el lavado cumple su función.
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