
Numerosas personas que sobreviven a un accidente cerebrovascular (ACV) logran retomar su vida cotidiana, pero con el paso del tiempo pueden aparecer dificultades en la memoria, la atención o el razonamiento. Estos cambios no siempre se detectan a tiempo y, en algunos casos, evolucionan hacia cuadros de demencia que afectan de forma profunda la autonomía y la calidad de vida.
Con el objetivo de anticiparse a ese deterioro, un equipo del Centro para el Envejecimiento Cerebral Saludable de la Universidad de Nueva Gales del Sur desarrolló una herramienta que permitiría estimar la probabilidad de que una persona desarrolle demencia en los cinco años posteriores a haber sufrido un accidente cerebrovascular, también conocido como ictus o ACV.
El objetivo es ayudar a los médicos a detectar de forma temprana a los pacientes con mayor riesgo y así mejorar el seguimiento, el apoyo y las estrategias de prevención, especialmente en sistemas de salud con recursos limitados. El estudio, fue publicada en la revista Neurology.
Qué es un ictus y por qué puede afectar la memoria
Un ACV ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro, ya sea por un coágulo que tapa una arteria o por la ruptura de un vaso sanguíneo. Como el cerebro necesita oxígeno constante, esa interrupción puede dañar las neuronas en cuestión de minutos.

Aunque muchas personas logran recuperarse físicamente, el daño cerebral puede afectar funciones como la memoria, la atención, el lenguaje o la capacidad para planificar tareas.
Con el tiempo, estos problemas pueden progresar hasta convertirse en demencia, un trastorno neurológico en el que el deterioro cognitivo es lo suficientemente intenso como para dificultar actividades cotidianas básicas, como manejar dinero, seguir una conversación, recordar citas importantes o vivir de forma independiente.
Un estudio con datos de varios continentes
La investigación analizó información de más de 2.600 personas que sobrevivieron a un ictus en diez países de Asia, Oceanía, África, Europa y Estados Unidos. Los datos provienen del consorcio internacional STROKOG, que reúne estudios sobre deterioro cognitivo posterior al accidente cerebrovascular.

Según explicó la investigadora Jess Lo, cerca del 60% de los pacientes presenta algún grado de deterioro cognitivo durante el primer año después del ictus, y aproximadamente una de cada tres personas desarrolla demencia en los siguientes cinco años. Sin embargo, hasta ahora no existían herramientas simples para predecir quiénes estaban en mayor riesgo.
Cómo funciona la herramienta predictiva
A diferencia de otros modelos que requieren estudios de imágenes cerebrales o análisis complejos, esta herramienta utiliza solo datos clínicos que los médicos ya registran habitualmente, como:
- Edad
- Sexo
- Nivel educativo
- Gravedad del ictus
- Presencia de diabetes
- Antecedentes de accidentes cerebrovasculares previos
Con esta información, el sistema calcula una estimación del riesgo de desarrollar demencia en los próximos cinco años. El cálculo puede hacerse mediante una planilla digital y demora solo unos minutos.
Esto resulta especialmente útil en hospitales y centros de salud que no cuentan con acceso a resonancias magnéticas u otros estudios costosos.
Por qué es importante detectar el riesgo a tiempo
El profesor Perminder Sachdev, codirector del centro de investigación, explicó que la atención médica después de un ictus suele concentrarse en la recuperación física, como volver a caminar o hablar con normalidad. En cambio, los cambios en la memoria y el pensamiento muchas veces pasan desapercibidos hasta que el deterioro es más evidente.
Identificar a los pacientes con mayor riesgo permitiría realizar controles cognitivos más frecuentes, iniciar estrategias de estimulación mental, brindar apoyo temprano a las familias y ajustar tratamientos para reducir factores de riesgo.

Si bien la herramienta ya está disponible para uso clínico preliminar, los investigadores señalan que todavía es necesario validarla en otras poblaciones y contextos sanitarios. Esto implica comprobar que funcione con la misma precisión en distintos países, edades y sistemas de salud.
La universidad destacó la importancia de probarla especialmente en regiones con menos recursos, donde una herramienta sencilla puede tener un impacto mayor en la prevención y el seguimiento de la demencia.
Prevención: el rol de los factores modificables
Los especialistas recuerdan que tanto el ictus como la diabetes son factores de riesgo que pueden prevenirse o controlarse con tratamiento médico y cambios en el estilo de vida. Mantener la presión arterial bajo control, tratar la diabetes, evitar el tabaquismo y realizar actividad física regular son medidas clave para reducir el riesgo de daño cerebral.
Aunque no todos los casos de demencia pueden evitarse, mejorar el control de estas enfermedades podría disminuir de forma significativa la cantidad de personas que desarrollan deterioro cognitivo después de un accidente cerebrovascular.
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