
El avance de la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo los caminos de la ciencia, permitiendo que los descubrimientos salgan del laboratorio y se conviertan en soluciones concretas para la sociedad. Gracias a nuevos formatos de divulgación y a estrategias colaborativas entre instituciones, la frontera entre la investigación teórica y las aplicaciones prácticas se vuelve cada vez más difusa.
Un reciente informe elaborado por HEPI y Taylor & Francis pone el foco en el impacto transformador de la IA dentro del proceso científico, especialmente en la transferencia de resultados al mundo real.
El documento, titulado HEPI Policy Note 67, fue desarrollado por Rose Stephenson, directora de Política y Estrategia en HEPI, y Lan Murdock, responsable sénior de Comunicación Corporativa en Taylor & Francis. La investigación se nutre de las opiniones de líderes universitarios, expertos en IA y financiadores, además de estudios de caso que ilustran los desafíos y oportunidades del momento.

El informe destaca, entre sus principales hallazgos, que la IA ofrece una capacidad inédita para analizar grandes volúmenes de datos y sintetizar información de diferentes disciplinas. Esta potencia tecnológica no solo acelera la investigación, sino que también facilita la identificación de conexiones inesperadas, lo que puede dar lugar a innovaciones disruptivas en áreas como la salud, la energía y la educación. El desarrollo de habilidades en IA y el trabajo conjunto entre disciplinas emergen como condiciones indispensables para capitalizar estos beneficios.
Además, el texto resalta el valor de la IA en la difusión de la ciencia. Herramientas como los resúmenes automatizados en lenguaje claro, los sistemas de búsqueda semántica y las plataformas interactivas permiten que el conocimiento científico llegue a públicos más amplios y diversos. Para Taylor & Francis, este tipo de recursos amplía la visibilidad y la reutilización del saber, rompiendo con la tradicional barrera académica y permitiendo que los avances repercutan directamente en áreas como la política pública y la industria.

Sin embargo, la adopción de la IA en el ámbito científico no está exenta de riesgos. HEPI advierte sobre los desafíos relacionados con la reproducibilidad de los experimentos, la aparición de sesgos algorítmicos y la pérdida de ciertas competencias técnicas entre investigadores. Taylor & Francis añade preocupaciones en torno a la integridad académica, la protección de la propiedad intelectual y la necesidad de definir con claridad la responsabilidad por los resultados que generan los sistemas automatizados.
El informe propone una serie de recomendaciones dirigidas a financiadores, universidades y editoriales científicas. Entre ellas, se destaca la urgencia de establecer normas claras sobre el uso responsable de la IA, alinear las prácticas con las recomendaciones de la Oficina de Integridad de la Investigación del Reino Unido e invertir en infraestructuras abiertas y seguras. También se subraya la importancia de fomentar el intercambio de datos y la colaboración entre equipos multidisciplinarios, con el objetivo de garantizar que las soluciones surgidas de la investigación tengan un impacto social positivo.

Rose Stephenson, de HEPI, afirmó: “Reino Unido cuenta con capacidades de investigación extraordinarias, pero muchos descubrimientos no se convierten en aplicaciones reales. La inteligencia artificial puede ayudar a acelerar el análisis, conectar disciplinas y mejorar el acceso a la investigación. Sin embargo, estos beneficios solo se alcanzarán si la IA se emplea de manera transparente, ética y como refuerzo del conocimiento humano”.
Rebecca Lawrence, vicepresidenta de Traducción del Conocimiento en Taylor & Francis, explicó: “Las discusiones sostenidas y el desarrollo conjunto de la nota de política han demostrado el valor de actuar de manera colectiva para aprovechar las oportunidades que la inteligencia artificial responsable ofrece a la investigación traslacional”.
A medida que la IA se integra en el universo científico, surge la necesidad de adaptar la formación de los profesionales y actualizar los marcos regulatorios. El compromiso de los actores involucrados será clave para asegurar que la innovación tecnológica beneficie a la sociedad en su conjunto y no profundice desigualdades existentes.
En definitiva, el futuro de la investigación traslacional dependerá de la capacidad de todos los sectores para consolidar infraestructuras sólidas y sistemas éticos, transformando los avances científicos en soluciones tangibles y significativas para la sociedad.
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