
Está claro que la ingesta sostenida de alcohol tiene consecuencias para el organismo de los seres humanos. Año a año, la ciencia avanza en nuevos descubrimientos que ponen en foco esta problemática que, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos”.
En ese marco, recientemente, un estudio realizado por expertos de la Escuela Universitaria de Medicina de Wake Forest, en Carolina del Norte, Estados Unidos, encontró que el uso nocivo de bebidas alcohólicas puede aumentar el riesgo de padecer Alzheimer.
“La exposición crónica al alcohol altera el metabolismo relacionado con el amiloide-β (una proteína que suele acumularse en el cerebro de las personas con Alzheimer)”, introdujeron en la investigación, que fue publicada en la revista Neurobiology of Disease. Para los autores, el consumo problemático “aumenta la atrofia cerebral y el número de placas amiloides, y altera los comportamientos relacionados con la ansiedad y la demencia”.
Shannon Macauley, una de las científicas a cargo del trabajo, señaló: “Estos hallazgos sugieren que el alcohol puede acelerar una cascada de patologías de las fases tempranas del Alzheimer”.

Y, en ese tono, advirtió: “Incluso el consumo moderado de alcohol puede tener como resultado una lesión cerebral y puede ser un factor de riesgo modificable de la enfermedad de Alzheimer y de la demencia”.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos trabajaron con 40 ratones de laboratorio para estudiar los efectos del consumo de alcohol durante 10 semanas. “Se evaluaron los cambios en la ansiedad y los comportamientos relacionados con el Alzheimer durante un período de abstinencia de tres días”, describieron.
Tras aquel procedimiento, los autores postularon: “El alcohol puede influir en la aparición del Alzheimer a través de cambios en la actividad neuronal. En conjunto, este estudio proporciona evidencia de que el etanol de las bebidas alcohólicas aumenta la patología amiloide a través de alteraciones en la homeostasis de la glucosa y la excitabilidad cerebral. El consumo crónico de alcohol, incluso en cantidades moderadas, puede exacerbar el desarrollo de patologías como el Alzheimer y déficits conductuales asociados”.
Para concluir, los investigadores llamaron a “identificar más factores de riesgo que aceleran la aparición de la enfermedad de Alzheimer, ya que los estudios epidemiológicos identificaron el trastorno por consumo de alcohol como uno de ellos”.
Los efectos del alcohol en el cerebro

En 2022, una investigación realizada en Alemania aportó datos para prestarle más atención a los efectos del consumo de alcohol en el cerebro, y encontraron que solo una dosis puede alterar a este órgano de manera permanente. El estudio estuvo a cargo de especialistas de la Universidad de Colonia y las Universidades de Mannheim y Heidelberg. Según detallaron, con una sola administración de alcohol se puede modificar la morfología de las neuronas, particularmente la estructura de las sinapsis y la dinámica de las mitocondrias, que suministran energía a las células, especialmente a las nerviosas.
Los autores realizaron una serie de análisis en modelos de ratón y en moscas de la fruta, y hallaron cambios inducidos por el etanol en dos áreas: el equilibrio entre las sinapsis de las neuronas y la dinámica mitocondrial.
“Antes de realizar el trabajo, nos preguntábamos cuáles eran los cambios en el cerebro que acompañaban la transición del consumo esporádico de alcohol al abuso crónico. La mayoría de las investigaciones científicas han examinado los efectos del consumo crónico de alcohol en el hipocampo, el centro de control del cerebro humano. Por eso, se sabía poco sobre las interacciones neuronales agudas de los factores de riesgo críticos, como una primera intoxicación por alcohol a una edad temprana”, explicó Henrike Scholz, uno de los científicos que lideró el trabajo.

En ese sentido, días atrás, el reconocido psiquiatra estadounidense Richard Friedman explicó en el Washington Post que la mayoría de las personas “no aprecia que mientras las sensaciones placenteras del alcohol son casi instantáneas, los efectos negativos se retrasan, a menudo por varias horas o incluso días. Y ese lapso de tiempo hace que sea difícil ver la conexión entre el alcohol y sus efectos adversos”.
De acuerdo a Friedman, “no hay duda de que beber en exceso es malo para el cerebro, pero la evidencia reciente sugiere que incluso beber moderadamente (alrededor de cuatro a cinco copas de vino por semana) está relacionado con una función ejecutiva y un tiempo de reacción más lentos”. Por lo tanto, sugirió que si una persona “se siente ansiosa, deprimida, cansada o mentalmente confusa, intente eliminar el alcohol durante una semana o dos. Los resultados pueden ser gratamente sorprendentes”.
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