
A tres años de la aparición del coronavirus, los científicos siguen descubriendo los potenciales y dañinos alcances que el SARS-CoV-2 tiene sobre el organismo. Ahora, están investigando si el virus COVID puede afectar la visión y la percepción de profundidad de las personas infectadas. Para ello, buscan comprender cómo el SARS-CoV-2 afecta la vista. En su investigación encontraron que los ojos y los nervios trigéminos son susceptibles al virus y que (en modelos animales) el COVID-19 puede infectar el ojo a través del tracto respiratorio, a través del cerebro.
El profesor Suresh Mahalingam de la Universidad de Griffith, Australia, líder un nuevo estudio sobre esta asociación entre vista y coronavirus, aseguró que el COVID-19 puede comenzar a afectar la visión cuando la inflamación de los nervios ópticos, la acumulación anormal de líquido y la infiltración de células inmunitarias hacen que la retina se vuelva más gruesa. Los hallazgos fueron publicados en la revista Nature Communications.
“El virus puede infectar el ojo a través de los tejidos nerviosos en la parte posterior del mismo, que desempeñan un papel en los aspectos visuales del ojo y envían señales con fines visuales. El resultado de esta inflamación de la retina fue una reducción en la percepción de profundidad debido a la visión borrosa”, dijo el profesor Mahalingam. Esta visión borrosa parece ser solo sintomática, no una degeneración permanente del tejido ocular. También es probable que afecte a un número muy pequeño de personas.

Doctorado de la Universidad de Griffith, el estudiante Wern Hann agregó que si bien gran parte de la investigación de COVID se ha centrado en las infecciones respiratorias, particularmente en los pulmones y la región nasal, no se ha investigado mucho su influencia en los ojos. “Descubrimos que el virus puede infectar el ojo a través de un enfoque intranasal normal, pero también si las gotas del virus entran en contacto directo con el ojo”, dijo.
Y agregó: “El receptor ACE2 es a lo que se adhiere el virus para infectar una célula en particular en un tejido u órgano, y este receptor se encuentra en abundancia en los pulmones, las amígdalas, la cavidad nasal , los riñones y el corazón, razón por la cual muchos informes se han publicado para esos órganos, pero encontramos que los receptores ACE2 también están presentes en el ojo, lo que facilita la infección”.

El año pasado, un estudio científico realizado por investigadores del Reino Unido, Turquía y Qatar encontró un nuevo síntoma del Post Covid-19. La pérdida de fibras nerviosas y el aumento de células inmunitarias clave -llamadas dendríticas- en la superficie del ojo pueden ser una característica distintiva, según sugiere el estudio observacional publicado en el British Journal of Ophthalmology.
Descubrieron que esos cambios en la córnea del ojo fueron especialmente evidentes entre quienes presentaban también síntomas neurológicos, como pérdida del gusto y el olfato, dolor de cabeza, mareos, entumecimiento y dolor neuropático, tras la infección causada por el coronavirus.
El síndrome del COVID prolongado se caracteriza por una serie de síntomas potencialmente debilitantes que se prolongan durante más de 4 semanas después de que haya pasado la fase aguda de la infección y que no se explican por un diagnóstico alternativo. Alrededor de 1 de cada 10 personas infectadas con COVID-19 desarrollará el Post COVID.
Se ha sugerido que la infección puede producir daño en las células nerviosas. Para profundizar en esta cuestión, los investigadores utilizaron una técnica láser de imagen de alta resolución, no invasiva y en tiempo real. Se conoce como “microscopía confocal de la córnea”. Sirve para detectar daños en los nervios de la córnea.
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