Científicos argentinos diseñaron una proteína para tratar lesiones en la córnea tras una quemadura química

Investigadores de la Universidad Austral, el CONICET y la UBA utilizaron una nueva terapia en un modelo animal preclínico de lesión corneal severa. Avanzan los estudios para que se pruebe en humanos

Oftalmólogo de espaldas examina el ojo de un paciente con una lámpara de hendidura. Un monitor muestra una imagen ampliada del fondo de ojo.
El estudio de científicos argentinos evaluó una proteína que redujo inflamación opacidad y vasos anómalos tras quemaduras químicas de córnea (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La córnea necesita conservar una condición esencial para cumplir su función: transparencia y ausencia de vasos sanguíneos. Una quemadura química puede alterar ambas propiedades en pocos días y dejar secuelas que afectan la visión.

Un equipo científico argentino comprobó, en un modelo experimental, que una proteína de fusión redujo la inflamación, la opacidad y la neovascularización corneal provocadas por álcalis. El hallazgo abre una línea de investigación para lesiones oculares que todavía cuentan con recursos terapéuticos limitados.

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El estudio estuvo encabezado por el oftalmólogo Juan Eduardo Gallo, director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT), perteneciente a la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Los resultados aparecieron publicados en la revista International Journal of Molecular Sciences y luego motivaron una revisión científica sobre el tema en Journal of Translational Medicine.

Primer plano de un ojo humano con iris azul y amarillo, pupila negra, pestañas, vasos sanguíneos en la esclera y un reflejo de luz en la córnea.
La formación de vasos dentro de la córnea puede sostener la inflamación crónica, afectar la visión y elevar el riesgo en trasplantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación evaluó una molécula conocida como Cementoin–SLPI o proteína de fusión. Su diseño reúne dos componentes: cementoin, que posee capacidad de anclaje en tejidos donde actúa una enzima llamada transglutaminasa, y SLPI, sigla en inglés del inhibidor de la proteasa leucocitaria secretora.

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Esta última proteína posee propiedades antiinflamatorias. La combinación buscó prolongar la presencia del compuesto sobre la córnea lesionada y concentrar allí su efecto biológico.

La novedad no se limita a un mejor cierre de la lesión superficial. Los investigadores observaron cambios en varios procesos que determinan la evolución de una quemadura ocular: la recuperación del epitelio, la respuesta inflamatoria, la disposición de las fibras del estroma —la capa media de la córnea—, la pérdida de transparencia y el avance anormal de vasos sanguíneos.

El trabajo reunió especialistas de la Universidad Austral el Conicet y la Universidad de Buenos Aires, con aportes de distintas disciplinas (Conicet)
El trabajo reunió especialistas de la Universidad Austral el Conicet y la Universidad de Buenos Aires, con aportes de distintas disciplinas (Conicet)

Una lesión por álcali representa una de las agresiones químicas más dañinas para la superficie ocular. Este tipo de sustancia penetra con rapidez en el tejido, altera estructuras celulares y puede sostener un ciclo de inflamación. En ese contexto, el ojo puede desarrollar vasos donde no deberían existir, sufrir cicatrización desordenada y perder parte de la transparencia necesaria para enfocar la luz sobre la retina.

“El crecimiento de vasos sanguíneos dentro de la córnea altera su transparencia natural y favorece procesos inflamatorios crónicos que pueden comprometer seriamente la visión”, explicó a Infobae el doctor Gallo. La investigación comenzó a partir de una colaboración con el grupo del doctor Eduardo Chuluyán, investigador superior del Conicet, quien había comenzado a desarrollar esta proteína, que intentó caracterizarla y aplicarla como en úlceras y lesiones en la piel.

“Se trata de una proteína de fusión que abarca a dos moléculas fusionadas. Una busca la reducción de la inflamación en los neovasos. Y otra molécula Cementoin–SLPI que se ancla en el sitio de la herida, ya que actúa como sustrato de una enzima clave. Ese es el secreto de la eficacia de esta proteína para las quemaduras corneales”, añadió Gallo.

El tratamiento evitó vasos en las capas media y profunda de la córnea

Hombre con bata blanca señala modelo anatómico de ojo. Mujer de espaldas en silla de examen. Máquina de examen ocular. Pantalla con gráfico de riesgo y texto, tabla optométrica.
La córnea necesita transparencia y ausencia de vasos sanguíneos, dos condiciones que una quemadura por álcalis puede alterar de forma rápida (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para estudiar el efecto de la proteína, el equipo indujo quemaduras estandarizadas con álcalis en ratas. Después aplicó por vía tópica la proteína de fusión a un grupo de animales, SLPI por separado a otro y una solución tampón al grupo control. Luego comparó la evolución clínica de las córneas y analizó muestras de tejido con técnicas histológicas, inmunofluorescencia, estudios de expresión genética y evaluación de proteínas.

El resultado más marcado surgió del análisis de la penetración vascular. En el grupo control, los seis ojos examinados presentaron vasos sanguíneos en la capa media de la córnea. Además, tres de esos seis ojos exhibieron vasos en la capa profunda. Entre los animales que recibieron Cementoin–SLPI, en cambio, no aparecieron vasos en ninguna de esas dos capas.

Esa diferencia resulta relevante porque la vascularización corneal constituye una de las complicaciones más difíciles de revertir después de una quemadura química. La córnea carece de vasos en condiciones normales, una característica que facilita el paso de la luz.

Médico con guantes blancos examina el ojo de una paciente con un oftalmoscopio iluminado. Equipo de examen ocular en primer plano y de fondo borroso
La proteína Cementoin SLPI aceleró la recuperación del epitelio corneal, la capa externa que protege al ojo de agresiones externas

Gallo indicó que cuando capilares procedentes de tejidos vecinos invaden ese espacio, aumenta el riesgo de inflamación prolongada, opacidad y alteraciones estructurales. También puede complicar un eventual trasplante de córnea, ya que los vasos favorecen respuestas inmunológicas que incrementan el riesgo de rechazo.

La proteína de fusión también redujo la superficie total de córnea ocupada por nuevos vasos frente al grupo de control. A los siete días del procedimiento, los ojos tratados mostraron menor opacidad. Ese dato indica una mejor preservación de la transparencia, aunque el trabajo no evaluó visión en seres humanos ni permite anticipar resultados clínicos.

El epitelio, la capa externa del tejido corneal, recuperó su integridad con mayor rapidez en los animales que recibieron el compuesto experimental. Esta cobertura cumple una función de barrera ante microorganismos, sustancias irritantes y lesiones mecánicas. Cuando una quemadura destruye parte de esa superficie, la reparación temprana puede reducir la exposición del tejido interno y limitar otras consecuencias de la agresión química.

Oftalmólogo, paciente, lámpara de hendidura, ojo, luz, frasco blanco de gotas para los ojos.
El estudio de científicos argentinos, evaluó una proteína que redujo inflamación opacidad y vasos anómalos tras quemaduras químicas de córnea (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ensayos con SLPI aislado aportaron una protección parcial, pero los resultados quedaron por debajo de los obtenidos con la proteína de fusión. Esa comparación respalda la hipótesis central del proyecto: unir la molécula antiinflamatoria a una región capaz de adherirse al tejido lesionado puede mejorar la llegada y la permanencia local del tratamiento.

“Hay patologías que todavía no tienen un buen tratamiento respecto a las córneas como estas lesiones que pueden derivarse como consecuencia del contacto con sustancias como la cal, la lavandina de alta concentración, que causan una desnaturalización del tejido corneal”, resumió Gallo, que contó que los estudios se realizaron in vitro y luego preclínicos con animales, como ratas y conejos.

“Estamos trabajando para diseñar bien un protocolo clínico en fase 1 para estudio en humanos en 2028”, sostuvo el experto oftalmólogo.

La investigación reunió también a los doctores Juan Pablo Salica, María Constanza Potilinski y Gustavo Ortiz, integrantes del IIMT; a Paulo Maffia, investigador del CONICET; y a Diego Guerrieri y Eduardo Chuluyan, del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos, vinculado al CONICET y a la Universidad de Buenos Aires.

La proteína actuó sobre señales inflamatorias ligadas a la formación de nuevos vasos

El equipo no solo registró los cambios visibles en la córnea. También buscó comprender qué mecanismos celulares podían explicar la menor vascularización y la reparación del tejido. Los análisis identificaron una disminución de mediadores relacionados con inflamación y angiogénesis, el proceso por el cual se forman vasos sanguíneos nuevos.

Entre esas moléculas figuraron TNF-α, IL-17 y VEGF. Las dos primeras participan en la comunicación entre células del sistema inmunitario y pueden amplificar una respuesta inflamatoria. VEGF, por su parte, estimula el crecimiento de vasos sanguíneos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los resultados pertenecen a una etapa preclínica, por lo que faltan nuevos estudios antes de evaluar el tratamiento en pacientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

La baja de estos mediadores coincidió con una menor invasión vascular y una reducción de la opacidad corneal.

Las opciones actuales para estas lesiones pueden controlar algunos aspectos de la inflamación, aunque no siempre logran impedir la progresión hacia neovascularización, cicatrices y pérdida de transparencia. El estudio argentino plantea una estrategia que apunta a modificar varios de esos mecanismos a la vez, pero sus autores remarcan que el trabajo permanece en etapa preclínica.

Esto implica que los datos provienen de un modelo en animales y que todavía faltan evaluaciones antes de considerar una aplicación en pacientes. Las próximas investigaciones deberán confirmar la seguridad de la proteína, definir dosis, frecuencia y duración del tratamiento, además de establecer si el efecto se replica en otros modelos y, más adelante, en ensayos clínicos.

Por ahora, el aporte central radica en la demostración de que Cementoin–SLPI limitó la neovascularización y la alteración estructural de la córnea después de una quemadura química experimental. La publicación internacional y la posterior revisión sobre el tema sitúan al desarrollo argentino dentro de la búsqueda de tratamientos para una lesión ocular que puede dejar consecuencias permanentes.

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