El sencillo hábito que permite proteger el corazón y la memoria desde los 55 años

Cardiólogos y neurólogos coinciden en que esta práctica promueve la constancia, estabiliza la presión arterial y reduce el riesgo de demencia

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Una mujer mayor caucásica con cabello blanco corto camina de frente por un sendero de tierra, vestida con camiseta rosa y leggings grises, en un entorno natural.
Análisis recientes en adultos mayores vinculan superar esa cifra diaria con menos muertes por cualquier causa y con mejores indicadores cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

La costumbre de monitorear la cantidad de pasos, impulsada por dispositivos electrónicos y aplicaciones móviles, se consolidó entre quienes superan los 55 años. Especialistas citados por la revista de salud estadounidense Verywell Health destacan que diversos estudios científicos relacionan este hábito con mejoras en la salud cardíaca, el metabolismo, la función cognitiva y el bienestar emocional. Los expertos subrayan que llevar un seguimiento diario promueve la constancia y facilita el logro de metas graduales, lo que puede traducirse en beneficios sostenidos.

A diferencia de otros métodos de ejercicio, el control del movimiento diario pone el foco en la regularidad antes que en la intensidad. Esta rutina resulta especialmente significativa para personas mayores, un grupo en el que la movilidad, el metabolismo y la agudeza mental suelen experimentar cambios propios de la edad.

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Un médico explica los cambios cardiovasculares tras los 55 años

La salud del sistema circulatorio suele deteriorarse con la edad a causa del endurecimiento de las arterias, lo que incrementa el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. Diversas investigaciones concluyen que realizar al menos 7.000 pasos cada día contribuye a mantener la elasticidad vascular y estabilizar la presión arterial.

El cardiólogo Dennis Sifris explicó a Verywell Health que estas mejoras pueden observarse tras solo dos meses de seguimiento. Entre los efectos positivos se cuentan una disminución de la presión arterial sistólica y diastólica, además de una mejor capacidad para regular el flujo sanguíneo. Los datos señalan que quienes alcanzan esa meta presentan un 25 % menos de riesgo de enfermedad cardíaca y un 47 % menos de probabilidad de fallecer por cualquier causa, respecto a quienes no superan los 2.000 pasos.

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Una persona mayor con ropa deportiva camina por un sendero en un parque soleado. Su cabeza muestra una silueta de cerebro brillante.
Un estudio observacional en más de 72.000 personas halló que quienes alcanzaron ese rango diario presentaron menos enfermedad cardiovascular y menos muertes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine analizó a más de 72.000 personas y comprobó que caminar entre 9.000 y 10.000 pasos diarios reduce el riesgo de muerte en un 39% y el de enfermedad cardiovascular en un 21%, incluso en quienes pasan muchas horas sentadas. Los beneficios comienzan a percibirse desde los 4.000 o 4.500 pasos y aumentan hasta un umbral óptimo en torno a los 10.000 pasos diarios.

Otras investigaciones señalan que, en adultos mayores, los efectos positivos se evidencian a partir de los 6.000 pasos diarios, con una reducción de entre el 40 % y el 50 % en el riesgo de enfermedades cardiovasculares frente a quienes caminan solo 2.000 pasos. La intensidad de la caminata también influye en el alcance de estos resultados.

Además, los datos indican que caminar fortalece la función endotelial, esencial para la relajación y ensanchamiento de los vasos sanguíneos, un mecanismo que ayuda a prevenir eventos cardiovasculares graves en la población mayor.

Caminar y registrar pasos fortalece el cerebro y la memoria

Hombre canoso de mediana edad con camiseta oscura, sentado a una mesa de cocina, se sujeta la cabeza con ambas manos, mirando hacia abajo, con papeles y gafas en la mesa.
Un artículo revisado por un médico reporta que rondar esa meta diaria se relaciona con menos probabilidad de desarrollar demencia y con menor acumulación de proteínas ligadas al alzhéimer (Imagen Ilustrativa Infobae)

La actividad física regular tiene un impacto directo en la función cerebral, especialmente después de los 55 años. Registrar la actividad diaria no solo aporta mayor claridad mental, sino que también se refleja en parámetros objetivos como el flujo sanguíneo cerebral y la producción de proteínas neuroprotectoras.

Incrementar la actividad física favorece la llegada de oxígeno al cerebro, lo que facilita un procesamiento cognitivo más ágil. Caminar, además, estimula la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, fundamentales para el estado de ánimo, la concentración y la flexibilidad mental.

Según el artículo revisado por el médico estadounidense Forest Miller, quienes alcanzan cerca de 7.000 pasos diarios presentan menor riesgo de desarrollar demencia y menor acumulación de proteínas vinculadas a la enfermedad de Alzheimer. Incluso quienes cumplen solo la mitad de ese objetivo obtienen aproximadamente el 50 % de los beneficios máximos para la salud cerebral.

Metabolismo, peso y movilidad: otros efectos del registro de pasos

Mano sin rostro sostiene plato de ensalada verde, legumbres y pollo. Flotando, estructura molecular de grelina azul y un cerebro estilizado conectado al plato.
Llegar a unos 7.000 pasos con pérdida de peso en tres a seis meses y con mejores marcadores metabólicos, como colesterol y sensibilidad a la insulina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con el avance de la edad, el metabolismo tiende a enlentecerse, lo que favorece el aumento de peso y la pérdida de masa muscular. El artículo subraya que caminar con regularidad activa la “termogénesis de la actividad no relacionada con el ejercicio” (NEAT), un proceso que facilita la quema de calorías durante las tareas cotidianas.

Estudios citados por la publicación indican que los adultos mayores que suman 7.000 pasos diarios pueden perder entre un 3 % y un 5 % de su peso corporal en un período de tres a seis meses, sobre todo si acompañan la marcha con una dieta adecuada. El aumento del gasto energético contribuye a rebajar el colesterol LDL y la grasa visceral, mientras incrementa el colesterol HDL y mejora la sensibilidad a la insulina.

Además, caminar fortalece las articulaciones, los huesos y la musculatura estabilizadora. Este hábito mejora la marcha, ayuda a preservar la densidad ósea y favorece la circulación del líquido sinovial, lo que disminuye el dolor articular y mantiene la movilidad en la edad avanzada.

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