
El uso de lentes de contacto se volvió una opción cotidiana para millones de personas que buscan prescindir de los anteojos en actividades diarias, deportivas o laborales.
Su comodidad y discreción impulsaron un uso extendido, aunque detrás de esa aparente sencillez se mantienen riesgos clínicos poco difundidos. Especialistas en salud visual insistieron en que ciertas rutinas habituales incrementan la probabilidad de infecciones oculares graves, incluso en usuarios de lentes descartables.
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Oftalmólogos consultados por The Washington Post describieron tres prácticas frecuentes que deberían evitarse por su riesgo para la córnea. Se trata de acciones vinculadas al contacto con agua y al descanso nocturno, factores que alteran el equilibrio natural del ojo y facilitan la aparición de patógenos.
Contacto con agua: el riesgo invisible en actividades cotidianas
Uno de los principales errores identificados es nadar con lentes de contacto puestos. Piscinas, jacuzzis, océanos y lagos concentran microorganismos capaces de adherirse a la superficie del lente. Incluso el agua del grifo puede representar un riesgo, ya que no es estéril.

La preocupación central gira en torno a la Acanthamoeba, una ameba presente en el agua y el suelo que puede causar queratitis severa, una infección que en casos graves deriva en pérdida de visión.
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La optometrista y epidemióloga Loretta Szczotka-Flynn, directora del Servicio de Lentes de Contacto del Centro Médico UH Cleveland, explicó a The Washington Post que las lentes blandas pueden comportarse como “esponjas”, al absorber elementos del entorno.
En el mismo sentido, la profesora asociada de oftalmología Deborah Jacobs, vinculada a Massachusetts Eye & Ear y a la Harvard Medical School, advirtió que los organismos presentes en el agua pueden quedar atrapados en el lente y alcanzar la córnea.

El oftalmólogo Thomas Steinemann, de MetroHealth, profesor de la Case Western Reserve University y portavoz de la American Academy of Ophthalmology, señaló que estos patógenos pueden adherirse a la superficie del lente y permanecer en contacto directo con el tejido ocular, lo que facilita la infección.
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Las recomendaciones de los especialistas apuntan a evitar el uso de lentes durante actividades acuáticas y, en caso de exposición, retirarlos lo antes posible.
Ducharse con lentes: un hábito subestimado
El segundo error frecuente es ducharse con lentes de contacto colocados. El agua del grifo, aunque apta para el consumo humano, no es estéril y puede contener bacterias y amebas capaces de provocar infecciones oculares.
Según Steinemann, el agua doméstica puede actuar como vehículo de microorganismos que entran en contacto con la superficie del lente durante la ducha o el lavado del rostro. El riesgo se extiende al uso de soluciones caseras o agua corriente para la limpieza de los lentes, práctica desaconsejada.
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Szczotka-Flynn destacó la importancia de establecer rutinas de higiene consistentes, como colocarse los lentes después de la ducha o retirarlos antes de ingresar al baño, con el objetivo de minimizar la exposición a fuentes de agua no estériles.
Dormir con lentes: un ambiente propicio para infecciones
El tercer error señalado es dormir con lentes de contacto, incluso en aquellos modelos aprobados para uso prolongado. La evidencia clínica indicó que esta práctica incrementa de forma significativa el riesgo de infección corneal.
De acuerdo con datos citados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), dormir con lentes puede aumentar entre seis y ocho veces la probabilidad de infección.
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Steinemann explicó que durante el sueño el ojo permanece en un entorno oscuro y húmedo, lo que favorece la proliferación bacteriana. Además, la reducción del parpadeo elimina el mecanismo natural de limpieza ocular.
En paralelo, la córnea recibe menos oxígeno debido a la presencia del lente bajo el párpado cerrado, lo que incrementa su vulnerabilidad.
Señales de alerta y criterios de cuidado
Los especialistas recomendaron retirar los lentes ante síntomas como dolor, enrojecimiento, secreción o sensación de cuerpo extraño. Si las molestias persisten más de 12 horas, se aconseja la consulta con un oftalmólogo.
El uso de lentes descartables diarios aparece como una opción con menor riesgo relativo, ya que cada día se emplea un lente nuevo. Sin embargo, la seguridad depende de la correcta higiene y del cumplimiento estricto de las recomendaciones sobre agua y descanso nocturno.
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