
En un artículo publicado en la revista científica Thought Leaders Invited Review in Brain Health, investigadores de la Universidad de Lausana en Suiza, junto con la Universidad Médica SUNY Upstate de Estados Unidos, introdujeron el concepto de criticoma.
Según explican, es el registro completo de experiencias que el cerebro incorpora durante los períodos críticos de plasticidad, desde antes del nacimiento hasta los 25 años. La investigación advierte que la exposición a pantallas durante estas etapas puede dejar una huella irreversible en el desarrollo cerebral.
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Un marco para analizar trastornos del desarrollo
Con base en esta revisión, los autores afirman que la neurociencia no contaba con un término preciso para describir la influencia de las pantallas en la infancia. De acuerdo con la revista especializada Infosalus, la síntesis, liderada por los neurocientíficos suizos Michel Cuenod y Kim Q. Do del Centro de Neurociencia Psiquiátrica de la Universidad de Lausana, junto con el neurocientífico brasileño Julio Licinio de la Universidad Médica SUNY Upstate, plantea que trastornos como el autismo, la esquizofrenia, la depresión mayor y el trauma deben considerarse afecciones del desarrollo.
El estudio indica que estos cuadros pueden originarse en experiencias que se integran —o no— durante los periodos críticos de maduración cerebral.
Los efectos de las pantallas, una incógnita urgente

En el desarrollo del artículo, los autores remarcan que este nuevo marco modifica la pregunta clínica central. Ahora, el enfoque no se limita a identificar qué se daña en el cerebro adulto, sino a comprender qué experiencias no lograron integrarse, o se integraron de forma incorrecta, durante la infancia y la adolescencia.
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“Los datos nos han indicado durante años que la esquizofrenia es un trastorno del desarrollo, no un trastorno de la sinapsis adulta. La dificultad siempre ha residido en articular qué falló y cuándo. El criticoma nos proporciona un marco para abordar esta cuestión”, explicó Michel Cuenod.
El artículo enfatiza que aún no se conoce el impacto exacto de la exposición masiva a pantallas, aunque el criticoma ofrece una vía para analizar este fenómeno con criterios científicos.
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La plasticidad cerebral y los riesgos de la infancia digital
Por otro lado, el criticoma abarca la experiencia sensorial, motora, social y cultural que el cerebro asimila en periodos de máxima plasticidad. Los autores sostienen que aquello que el cerebro no incorpora en esas etapas, o recibe de modo incorrecto, resulta difícil de recuperar más adelante.

La revisión indica que hasta la mitad de las sinapsis corticales desaparecen durante la infancia y adolescencia, en un proceso donde intervienen la microglía y el marcaje mediado por el complemento. “Lo que se poda no se puede recuperar. Lo que se conserva se convierte en el sustrato de la cognición adulta”, subraya el artículo, citado por Europa Press.
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Trastornos psiquiátricos bajo una nueva luz
El nuevo marco redefine la interpretación de ciertos trastornos psiquiátricos. Según la revisión, la esquizofrenia se asocia a alteraciones en la maduración de interneuronas en la corteza prefrontal durante la adolescencia tardía.
En el caso del autismo, se observa una desincronización de los periodos críticos en distintos sistemas sensoriales y de asociación. El trauma temprano, en cambio, influye permanentemente sobre la respuesta al estrés.
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El análisis sobre la depresión mayor se basó en un estudio con gemelos monocigóticos; en los casos estudiados, quien sufría depresión había atravesado una ruptura relacional significativa durante la adolescencia, lo que derivó en trayectorias vitales divergentes.
Seis pilares neurobiológicos del criticoma

Finalmente, el artículo describe seis mecanismos neurobiológicos que sostienen el criticoma: la regulación gabaérgica por interneuronas positivas para parvalbúmina, las redes perineuronales, la mielinización progresiva, la regulación epigenética dependiente de la experiencia, la maduración neuromoduladora y la poda sináptica.
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La revisión sostiene que estos procesos configuran la arquitectura cerebral adulta y determinan la regulación del estado de ánimo, la cognición y los vínculos sociales.
Por último, los autores aclaran que el criticoma es un marco conceptual, no una herramienta de medición. “No buscábamos un término nuevo. Buscábamos una manera de hablar de algo que no lográbamos nombrar”, declaró Kim Q. Do a Europa Press.
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El concepto organiza décadas de estudios sobre periodos críticos en una estructura útil para futuras investigaciones y políticas de salud. Los expertos concluyen que la clave se encuentra en cómo la exposición a pantallas durante la infancia podría estar definiendo, de forma permanente, la base biológica de la salud mental en la adultez.
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