
En la última década, los diagnósticos de cáncer de intestino en adultos jóvenes de entre 25 y 49 años registraron un crecimiento acelerado en países como Nueva Zelanda, Chile, Estados Unidos y Reino Unido, según un análisis publicado por The Telegraph.
Este fenómeno despertó la alarma de la comunidad médica, ya que los casos en mayores de 65 años descienden al mismo ritmo en que aumentan entre los más jóvenes. Especialistas advirtieron que los factores genéticos no explican este cambio de tendencia y apuntaron a cambios ambientales y del estilo de vida como protagonistas de este nuevo escenario.
El profesor Tim Spector, investigador y experto en salud, detalló en diálogo con The Telegraph que quienes nacieron en la década de 1990 enfrentan un riesgo cinco veces mayor de padecer cáncer de intestino de aparición temprana, en comparación con quienes nacieron en los años 60.
Spector integra el proyecto internacional PROSPECT, dedicado a la investigación del cáncer de intestino auspiciado por instituciones europeas, financiado con aproximadamente USD 25 millones y dirigido a identificar las causas de este aumento.
Cifras que revelan una tendencia global
De acuerdo con el reporte de The Telegraph, el incremento porcentual promedio anual de casos de cáncer de intestino entre 2007 y 2017 superó el 3% en varios países, situando a Nueva Zelanda (3,97 %), Chile (3,96 %) y Estados Unidos (3,81 %) entre los territorios más afectados. En Reino Unido, el aumento alcanzó el 3,59 %.

En contraste, países como España y Letonia notificaron una reducción en los casos durante el mismo periodo. El crecimiento de la enfermedad en adultos jóvenes no puede atribuirse a mutaciones genéticas, ya que los genes no cambian en lapsos tan breves.
Spector y el equipo de PROSPECT sostienen que el entorno y los hábitos alimenticios sufrieron modificaciones sustanciales, a las que las nuevas generaciones estuvieron expuestas desde edades tempranas.
Cuatro estrategias para reducir el riesgo
La prevención del cáncer de intestino en edades tempranas se ha convertido en una preocupación creciente para la comunidad médica. Diversos especialistas coincidieron en que ciertos cambios en el estilo de vida pueden ayudar a disminuir el riesgo.
1. Alimentos ultraprocesados y fibra: el papel de la dieta
El consumo elevado de alimentos ultraprocesados constituye una de las principales hipótesis de la comunidad científica para explicar el aumento del cáncer de intestino en adultos jóvenes.
Según Spector, estos productos, que incluyen desde fórmulas infantiles hasta aperitivos y comidas preparadas, se elaboran con ingredientes refinados y múltiples aditivos, y presentan bajo contenido de fibra. El especialista afirmó que los ultraprocesados afectan la microbiota intestinal y el sistema inmunitario, elevan la inflamación y dificultan la eliminación de células cancerosas.

Recomendó reducir el consumo de ultraprocesados y aumentar la ingesta de fibra, presente en verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas. “Por cada 10 gramos de fibra que consumas, puedes reducir tu riesgo en aproximadamente un 10 %”, indicó Spector. Las guías internacionales sugieren superar los 30 gramos diarios de fibra, aunque el consumo promedio es de 15 gramos.
2. Pesticidas: una exposición inadvertida
El aumento del uso de pesticidas y herbicidas en la agricultura representa otra posible causa ambiental. Los residuos de estos químicos persisten en frutas, verduras y productos ultraprocesados.
Mientras los organismos reguladores consideran seguros los niveles actuales, la prueba sobre sus efectos a largo plazo en humanos resulta insuficiente. Spector sostiene que “ya existen indicios de que algunos herbicidas comunes, como el glifosato, pueden causar ciertos tipos de cáncer de sangre menos frecuentes”.

El investigador sugirió optar por productos orgánicos siempre que sea posible y lavar bien frutas y verduras, especialmente aquellas con mayor carga de pesticidas, como frutos rojos, uvas, brócoli, pimientos y avena. No obstante, advirtió que los beneficios de consumir una amplia variedad de plantas superan los riesgos de la exposición a pequeñas cantidades de pesticidas.
3. Microplásticos: tema de preocupación actual
La exposición a microplásticos se suma a la lista de preocupaciones. Según investigaciones citadas en el informe, estos fragmentos diminutos de plástico, presentes en envases, botellas, ropa sintética y el aire, ya se detectaron en el revestimiento intestinal.
Estudios preclínicos en animales muestran que los microplásticos pueden inducir inflamación y debilitar el sistema inmune, aunque la prueba en humanos todavía es limitada.

Spector recomendó evitar el uso de botellas y envases plásticos, así como reducir la compra y el lavado de ropa sintética. También aconsejó instalar filtros de ósmosis inversa para el agua en el hogar.
4. Calidad del aire: el impacto de la contaminación urbana
El análisis del experto señaló que la calidad del aire influye en el riesgo de cáncer de intestino. Las personas que viven en ciudades presentan más casos que quienes residen en zonas rurales.
La exposición a partículas finas y contaminantes derivados del tráfico vehicular está asociada a un aumento del 40% en el riesgo de cáncer de colon, según investigaciones realizadas en Reino Unido y Estados Unidos.

Entre las estrategias de prevención, Spector aconsejó el uso de mascarilla al circular en bicicleta por áreas urbanas y la utilización de baños de vapor o saunas, prácticas que podrían ayudar a eliminar toxinas.
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