
Casi 10 millones de personas viven con enfermedad de Parkinson en el mundo y se suman alrededor de 90 mil casos nuevos cada año, según la Parkinson’s Foundation. Es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente después del Alzheimer y un estudio proyecta que para 2050 el número global de personas afectadas alcanzará los 25,2 millones.
El envejecimiento poblacional es el principal factor de este aumento de casos, lo que representa un desafío creciente para los sistemas de salud. Así, la detección precoz y el tratamiento adecuado pueden contribuir a un mayor control de la enfermedad a futuro.
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Una reciente noticia puede ayudar a un diagnóstico más rápido y efectivo. Investigadores de la Universidad Laval, Canadá, descubrieron que las retinas de personas con Parkinson responden de manera diferente a la luz en comparación con las de personas sanas.
Este hallazgo facilitaría en un futuro el desarrollo de un método de detección no invasivo a través de exámenes oculares rutinarios. El estudio fue publicado en la revista Neurobiology of Disease.
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Según explicaron los expertos de Ineco en una nota reciente en Infobae, la enfermedad de Parkinson es un trastorno del sistema nervioso central que afecta principalmente el movimiento. Se debe a la degeneración de las neuronas productoras de dopamina en una región del cerebro llamada sustancia negra. La dopamina es un neurotransmisor clave en el control de los movimientos, y su disminución progresiva provoca síntomas motores y no motores característicos de la enfermedad.
En la actualidad, el Parkinson se suele diagnosticar cuando aparecen síntomas motores evidentes, como temblores o rigidez, que comienzan a alterar la vida diaria.
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“Para entonces, la enfermedad ya lleva varios años presente y las neuronas afectadas ya están en un proceso degenerativo irreversible. Por eso, es importante encontrar biomarcadores que detecten el Parkinson en una etapa temprana de la enfermedad”, explicó el líder del estudio, Martin Lévesque, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Laval e investigador del Centro de Investigación Cerebral CERVO en la ciudad de Quebec, Canadá.
Desde la retina al cerebro

El diagnóstico del Parkinson es clínico y debe ser realizado por un neurólogo especializado. “Actualmente, no existe una prueba específica para detectar la enfermedad, por lo que se basa en la evaluación de síntomas y en estudios complementarios para descartar otras patologías”, expresó Ineco.
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Sin embargo, los investigadores decidieron estudiar el ojo como medio para facilitar el diagnóstico.
“La retina es una extensión directa del sistema nervioso central y, por lo tanto, ofrece una forma no invasiva de explorar el cerebro”, afirmó el investigador. “Una respuesta inusual de la retina a los estímulos luminosos podría indicar una patología cerebral”, destacó.
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Para estudiar esta vía, el equipo de investigación reclutó a 20 personas a las que se les había diagnosticado Parkinson hacía menos de 5 años.
“El objetivo fue identificar biomarcadores validando el uso de la electrorretinografía, una técnica no invasiva, para detectar anomalías tempranas de la función retiniana que reflejen disfunción central”, dijeron los científicos.
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“Colocamos un electrodo en el párpado inferior de cada participante y registramos su respuesta retiniana a una serie de destellos de diferente intensidad, frecuencia y color. Hicimos lo mismo con personas de la misma edad, pero con buena salud. Los resultados que obtuvimos en las personas con Parkinson presentaron una firma distintiva de los del grupo de control”, explicó el profesor Lévesque.
Los investigadores hicieron pruebas similares en ratones transgénicos que sobreexpresaban una proteína humana asociada con el Parkinson.
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“Utilizamos ratones jóvenes en los que aún no se observaban signos motores de la enfermedad. Una vez más, obtuvimos respuestas diferentes en animales modelo de Parkinson. Esto sugiere que las manifestaciones funcionales del Parkinson podrían detectarse en una etapa temprana de la enfermedad mediante un examen de retina”, resumió Martin Lévesque.
Debido a que la enfermedad de Parkinson se presenta con mayor frecuencia en personas mayores de 60 años, Lévesque propuso ofrecer un examen funcional de retina a partir de los 50 años.
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“Al detectar la enfermedad a tiempo, podríamos ofrecer intervenciones que prevengan la degeneración de las neuronas implicadas en el Parkinson. Este enfoque también podría utilizarse para monitorizar la progresión de la enfermedad, así como la eficacia de las intervenciones ofrecidas a los pacientes” remarcó el investigador.
Finalmente, el equipo concluyó: “Los hallazgos, tanto en cohortes de ratones como de humanos, indican que las alteraciones funcionales de la retina pueden detectarse en las primeras etapas de la progresión de la enfermedad de Parkinson, especialmente en mujeres. Estas herramientas resultan prometedoras para facilitar el diagnóstico temprano, el seguimiento de la enfermedad, la intervención terapéutica y, en última instancia, mejorar la evolución de los pacientes”.
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