
Después de varias investigaciones con animales, la neurocientífica Li-Huei Tsai del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge informó junto a su equipo en 2016 que las luces parpadeantes tenían efectos beneficiosos en ratones con enfermedades similares al Alzheimer.
Si bien muchos investigadores desestimaron los resultados, ya que pensaron que esa noticia era “demasiado buena para ser verdad y no podía ser real”, Tsai no se desalentó y redobló los esfuerzos. Sabía que para reforzar su teoría y primeros datos con animales, debía iniciar ensayos clínicos con humanos.
Así que Tsai, junto con su colaborador del MIT, el neurobiólogo sintético Ed Boyden, cofundó una empresa llamada Cognito Therapeutics con la que pudo en los siguientes dos años comenzar los ensayos clínicos con personas.

Desde entonces, y habiendo probado esta tecnología con cientos de personas, los resultados han brindado evidencia alentadora de neuroprotección, sin ninguno de los efectos secundarios graves, como hinchazón o sangrado cerebral, que suelen derivarse de la toma de medicamentos de anticuerpos actualmente disponibles.
“Todo va en la dirección correcta”, dice Allan Levey, neurólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad Emory en Atlanta, Georgia, y asesor de Cognito. Ahora, todas las miradas están centradas en un gran ensayo aleatorio en el que participan más de 600 personas, entre ellas Joan. “Me siento optimista, pero también me gusta ser cautelosa”, afirmó Fiza Singh, psiquiatra de la Universidad de California en San Diego. “Cuando se produce una convergencia de datos como esa, me dice que hay alguna señal: algo está sucediendo”, sostuvo.
Si bien la ciencia es cauta y toma su tiempo para comprobar con distintos estudios un avance médico como el descrito, en los últimos años han surgido distintos dispositivos que se comercializan promocionando bienestar y mejoras contra esta enfermedad. Así, hay dispositivos electrónicos con luces intermitentes y sonidos, lámparas de escritorio, y apps de teléfonos inteligentes que se promocionan como eficaces. Así, aparecieron en el mercado aplicaciones y sitios web para teléfonos móviles que hacen que los dispositivos de los consumidores emitan destellos y vibraciones a intervalos de 40 hercios.

¿Por qué 40 hercios? Ocurre que la enfermedad de Alzheimer, que se caracteriza principalmente por la acumulación de placas de beta-amiloide y ovillos de proteína tau en el cerebro, genera interferencia en la comunicación neuronal y provocan la muerte celular.
A principios de los años 90, el neurocientífico Rodolfo Llinás y sus colegas del Centro Médico de la Universidad de Nueva York (NYU) notaron otra característica intrigante de la enfermedad al investigar los campos magnéticos producidos por la actividad neuronal. Los especialistas descubrieron una deficiencia en algunas de las ondas de emisión más rápidas del cerebro, en concreto, las de la banda de frecuencia gamma, que oscilan en torno a los 40 hercios. En los individuos con enfermedad de Alzheimer, estas ondas gamma, que son cruciales para procesos como la atención y la memoria, eran más débiles que las de los individuos cognitivamente sanos.
Entonces, en 2016 los investigadores del MIT indujeron ondas gamma en cerebros de ratones mediante una técnica compleja que implicaba modificar genéticamente las neuronas y luego implantar fibras ópticas a través del cráneo. Después desarrollaron métodos menos invasivos, como simples tiras de luz, minisistemas de sonido o subwoofers vibratorios cerca de las jaulas de los animales. El experimento radicó en que la señal gamma se propagó a regiones cerebrales más profundas, como el hipotálamo, que desempeñan un papel clave en la memoria y la cognición.

Con la exposición repetida a estos rayos, dentro del cerebro se produce un “entrenamiento”, donde los patrones de activación de las neuronas comienzan a alinearse con el ritmo del estímulo. Así, las sinapsis se fortalecen y la inflamación disminuye. Y, como informó el equipo del MIT en febrero de este año, la estimulación de 40 hercios también activa un mecanismo de limpieza neuronal en ratones, en el que el líquido cefalorraquídeo ingresa al cerebro, recoge desechos moleculares y sale a través de canales especializados de eliminación de desechos.
Para validar esta técnica, otros expertos en China y Portugal ha replicado este hallazgo, y los investigadores de la Universidad de Boston en Massachusetts han demostrado que el mismo proceso también se activa mediante parpadeos visuales en humanos.
“Tenemos una modulación generalizada de los circuitos humanos, incluso en las regiones cognitivas. Y estos circuitos se ponen en marcha a toda marcha en respuesta a la estimulación de 40 hercios”, explicó la neurobióloga Annabelle Singer, ex becaria postdoctoral en el laboratorio de Boyden que contribuyó a muchos de los primeros estudios y continúa investigando el fenómeno en el Instituto de Tecnología de Georgia en Atlanta.
No solo contra el Alzheimer

Los posibles beneficios de estos parpadeos centelleantes con sonidos no se limitan a la enfermedad de Alzheimer, ya que los investigadores han descubierto efectos positivos de la estimulación sensorial en modelos de ratón con trastorno del espectro autista, accidente cerebrovascular, esclerosis múltiple y deterioro cognitivo relacionado con la quimioterapia.
Y en experimentos con humanos, hay evidencia preliminar de resultados favorables para niños con insomnio y adultos con epilepsia resistente al tratamiento. Las últimas investigaciones se están realizando ahora con ensayos para personas con depresión, enfermedad de Parkinson y traumatismo craneal.
En conclusión, recientes estudios académicos realizados por los equipos del MIT y Emory, junto con ensayos patrocinados por la industria realizados por investigadores de Cognito, han descubierto colectivamente que 1 a 6 meses de estimulación de 40 hercios con luz y sonido, administrada en casa durante una hora al día, puede mejorar la cognición, preservar el volumen cerebral, mejorar la calidad del sueño, mejorar la capacidad para realizar tareas cotidianas e inducir cambios favorables en la inmunidad cerebral.

Uno de los últimos ensayos de esta técnica es llevado adelante por la doctora Diane Chan, neuróloga del Hospital General de Massachusetts en Boston y posdoctora en el laboratorio de Tsai, que está monitoreando a un grupo de personas con enfermedad de Alzheimer leve que se han sometido a un tratamiento diario de 40 hertz durante 30 meses.
Los participantes interactúan con la terapia a través de un panel de luz montado en un caballete y un sistema de barra de sonido, con una tableta ubicada en el centro para que los usuarios puedan entretenerse con videos durante cada sesión. Los resultados han sido netamente positivos.
“El volumen cerebral no mostró signos de disminución y los niveles de una proteína asociada a la enfermedad en la sangre incluso mostraron una tendencia a la baja. “Estos pacientes han superado la prueba del tiempo”, afirma Chan, quien presentó los hallazgos en una conferencia internacional sobre enfermedades neurodegenerativas en marzo.
Si bien todavía falta recorrer mucho camino para entender cómo funciona este beneficio, los estudios clínicos que se llevan adelante buscan las respuestas correctas y científicas para luchar contra distintas enfermedades neurodegenerativas.
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