
Este domingo 26 de marzo es el Día Mundial del Cáncer de Cuello Uterino, una enfermedad que tiene lugar cuando las células del útero se transforman paulatinamente en células anormales, se multiplican y alcanzan a ser mayor cantidad que las células normales. La causa, en el 70% de los casos, es la infección prolongada por algunos subtipos de virus del papiloma humano (VPH/HPV -por sus siglas en inglés). Cuáles son los tipos de estudios que se realizan para detectarlo y la importancia de un diagnóstico precoz para elevar las chances de cura
El cáncer de cuello uterino impacta en toda la sociedad, es la cuarta causa más frecuente de cáncer en la mujer. Sin embargo, es una enfermedad que se puede prevenir y también curar, si se detecta a tiempo y se trata adecuadamente, siendo uno de los pocos tipos de cáncer con esta característica. Los virus de papiloma humano se transmiten por el contacto piel a piel con una zona infectada del cuerpo y son muy comunes en todo el mundo.
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Se estima que 8 de cada 10 adultos sexualmente activos contraerán VPH algún momento de sus vidas y hay, aproximadamente, 660 millones de personas infectadas con alguna de sus variantes a nivel global. Y, si bien el 90% de las infecciones desaparecen por sí solas en un período aproximado de dos años, existen más de 200 variantes del virus.
Para poder prevenirlo existen dos formas complementarias. La primaria: evitar la infección por VPH mediante el uso de preservativos en todas las relaciones sexuales y la administración de las vacunas contra la infección por VPH. La secundaria es realizando la detección y el tratamiento a tiempo de las lesiones precancerosas. Estas lesiones no tienen síntomas visibles por eso para detectarlas se requiere el tamizaje mediante la aplicación periódica de un test.
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Según los expertos, la mayoría de las veces la infección por VPH no presenta síntomas evidentes y el sistema inmunológico se encarga de eliminar el virus de forma espontánea, ya que las variantes de bajo riesgo pueden generar verrugas o protuberancias fácilmente tratables. En tanto, las que son alto riesgo no suelen generar síntomas en los estadios tempranos de la infección, y por eso allí reside la importancia de un diagnóstico de presencia del virus a tiempo.
En ese sentido, el doctor Silvio Tatti (MN 54387), profesor titular de ginecología en la Universidad de Buenos Aires y Presidente de la Sociedad Argentina para el estudio del VPH, explicó: “Existe un test molecular que detecta si la mujer tiene VPH en su tracto genital inferior y, a la vez, puede genotipificarlo, es decir, al haber 200 variantes del virus, este test permite informar si se detectan los tipos 16 y 18 que son los más riesgosos ya que pueden desarrollar cáncer de cuello uterino”.
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Este test molecular para el VPH consiste en una prueba que detecta la presencia de ADN del VPH. Existen distintas tecnologías para realizar la detección, pero todas detectan la presencia de los virus de alto riesgo y algunas incluso identifican qué tipo o tipos se encuentran presentes en la muestra, un proceso conocido como genotipificación del virus.

Para poder realizar esta prueba, la recolección de la muestra se realiza de forma idéntica a la prueba de Papanicolau, aunque se analiza mediante un instrumento de biología molecular en el laboratorio de análisis clínicos. Esta clase de estudio cuenta con una sensibilidad de más del 90% para la detección de VPH de alto riesgo, por lo que no es necesario repetir la prueba anualmente en caso de tener un resultado negativo, sino que se puede repetir a los 3 o 5 años dependiendo del criterio clínico del ginecólogo o institución médica a cargo.
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“Es importante entender que tener VPH no es tener cáncer. El 80% de la población sexualmente activa va a tenerlo alguna vez en su vida y el 80% de ellos se curarán sin necesidad de tratamiento. El problema radica en la persistencia del virus. Es decir, del 12% al 15% de las mujeres que para los 30 años no se curan, están en condiciones de ya tener una lesión pre-cancerosa o desarrollar un cáncer a los 45 años como edad promedio. Por eso la importancia de la prevención”, detalló Tatti.
Además de estos estudios, otra forma de detectar la aparición de células precancerosas o cancerosas provocadas por el VPH es mediante el Papanicolau, PAP o citología, indicado en Argentina para todas las mujeres a partir de los 25 años. El PAP es el más conocido y accesible en el país y se ofrece de forma gratuita por los prestadores integrales de salud. Sirve para detectar la presencia de cambios en las células del cuello del útero ocasionadas por el virus y conocer si estas son normales o anormales. Este test debe ser realizado anualmente, si su resultado es negativo, aunque dependerá de lo dispuesto por el profesional de la salud.
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Cuáles son los objetivos de la OMS sobre el cáncer de cuello de útero
La Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en marcha la Estrategia Mundial para Acelerar la Eliminación del Cáncer del Cuello Uterino basada en tres pilares fundamentales: la vacunación, la detección y el tratamiento. La aplicación con éxito de estos ítems tres podría llevar a una reducción de más del 40% de los nuevos casos de la enfermedad y evitar 5 millones de muertes relacionadas con ella para el año 2050.
El logro de las siguientes metas para el año 2030 pondrá a todos los países en el camino hacia la eliminación:
- 90% de las niñas totalmente vacunadas antes de cumplir los 15 años con la vacuna contra el virus del papiloma humano

- 70% de las mujeres examinadas antes de los 35 y nuevamente antes de los 45 años mediante una prueba de alta precisión (test molecular)
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- 90% de las mujeres diagnosticadas con cáncer del cuello uterino reciben tratamiento (90% de las mujeres con lesiones precancerosas y 90% de las mujeres con cáncer invasivo).
Cómo es el programa argentino de prevención de cáncer cervicouterino
En Argentina se estima que cada año se diagnostican 4.500 nuevos casos y más de 2.300 fallecen a causa de esta enfermedad. Para eliminar las barreras de acceso a la salud, alguna de las cuales se basan en la inequidad en la distribución territorial de las pruebas de tamizaje y del personal de salud para realizar la toma y lectura de las muestras, se estableció el Programa Nacional de Prevención de Cáncer Cervicouterino (PNPCC- Res. Ministerial 1261/2011), dependiente del Instituto Nacional del Cáncer del Ministerio de Salud de la Nación (INC/MSAL).
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Su objetivo es reducir la incidencia y mortalidad por cáncer de cuello de útero en el país. Para ello, diseña, implementa y evalúa estrategias para fortalecer a los programas de prevención jurisdiccionales de nuestro país.
Cuáles son los objetivos del programa argentino de prevención de cáncer cervicouterino
- Brindar apoyo técnico a los programas de prevención jurisdiccionales de nuestro país.
- Alcanzar una alta cobertura del tamizaje, entre la población objetivo de las estrategias de tamizaje implementadas.
- Alcanzar una alta calidad diagnóstica de la prueba de tamizaje, estudios diagnósticos y tratamientos para prevenir el cáncer de cuello de útero.
- Alcanzar un alto acceso al diagnóstico y tratamiento entre las personas con sospecha y/o confirmación de lesiones de alto grado y/o cáncer.
- Fortalecer la calidad del registro de información en el SITAM para el monitoreo y evaluación de las estrategias diseñadas e implementadas.
- Fortalecer las acciones comunicacionales vinculadas a la prevención del cáncer de cuello de útero.
- Generar datos y/o evidencia científica sobre el impacto de las estrategias de prevención del CC diseñadas e implementadas.
“El cáncer de cuello de útero es evitable y prevenible. Si aunamos esfuerzos en todos los sectores vinculados a la salud, evitaremos las muertes y los 4500 nuevos casos que se producen anualmente en Argentina”, concluyó Tatti.
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