¿Puede el uso sostenible de la madera convertirse en un aliado para conservar los bosques?

La clave reside en cómo se producen y gestionan los recursos forestales

Bosque implantado de pinos
Desde el Programa para la Homologación de Sistemas de Certificación Forestal Internacional aseguran que usar madera puede ayudar a conservar los bosques, una paradoja que cambia el debate forestal (CONICET)
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Durante años, el aprovechamiento de la madera estuvo asociado en el debate público con la pérdida de bosques. Sin embargo, especialistas internacionales plantean una perspectiva diferente: cuando se gestiona de manera sostenible, la actividad forestal puede generar incentivos económicos para conservar los bosques, favorecer su regeneración y evitar que los terrenos se destinen a otros usos. La cuestión fue analizada durante un encuentro internacional realizado en Japón, con participación de representantes de organismos forestales y de PEFC Internacional.

El debate tuvo lugar durante el encuentro Del bosque a la construcción: la edificación responsable con madera y la transición hacia una economía baja en carbono, en el marco de la Cumbre Global por una Naturaleza Positiva, realizada en Kumamoto. Representantes de la Agencia Forestal de Japón, la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (ITTO) y el Programa para la Homologación de Sistemas de Certificación Forestal Internacional (PEFC Internacional) analizaron cómo las decisiones de consumo, especialmente en las ciudades, pueden influir en la gestión de los territorios forestales. El planteo central es que conservar y producir no necesariamente son objetivos opuestos, siempre que existan reglas claras y controles efectivos.

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El desafío: conservar los bosques

La pérdida permanente de superficie forestal ocurre por diversos factores. En determinadas circunstancias, si mantener un bosque ofrece pocas posibilidades económicas, pueden debilitarse los incentivos para conservar su uso forestal. Por el contrario, una demanda de madera vinculada con prácticas responsables puede contribuir a financiar tareas de manejo, mantenimiento y regeneración, además de generar empleo y actividad económica en las comunidades. Esto no implica promover la extracción indiscriminada: el aprovechamiento debe respetar los límites ambientales y preservar la biodiversidad y las funciones ecológicas.

CLT Park Harumi, edificio totalmente construido en madera en Japón
En Tokio, diseñaron el CLT Park Harumi, un pabellón semiabierto de 1.631 m² construido con madera laminada cruzada para actividades culturales y exposiciones

Japón ofrece un ejemplo de los desafíos que puede enfrentar la gestión forestal. El país cuenta con importantes superficies de bosques plantados durante la posguerra que alcanzaron la madurez, pero la disminución del uso de madera y los bajos retornos económicos dificultaron el manejo de algunas áreas. Como respuesta, se impulsaron políticas para fortalecer el vínculo entre la utilización de los recursos forestales y la renovación de los bosques. La construcción con madera en edificios públicos fue una de las primeras iniciativas, seguida por la incorporación de nuevas tecnologías y acciones para ampliar el conocimiento sobre estos sistemas constructivos.

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La construcción también ocupa un lugar central en esta discusión por su capacidad de conectar la demanda urbana con las cadenas de valor forestales. La madera utilizada en productos de larga duración puede almacenar parte del carbono capturado por los árboles durante su crecimiento y, en determinadas aplicaciones, reemplazar materiales con mayores emisiones asociadas a su fabricación. Sin embargo, esos beneficios dependen del origen de la madera, las características del proyecto y las prácticas de manejo. La demanda, por sí sola, no garantiza resultados ambientales positivos.

Para que el aprovechamiento contribuya a la sostenibilidad, resulta necesario asegurar la regeneración de los recursos, proteger la biodiversidad, respetar los derechos de los trabajadores y las comunidades locales y verificar la legalidad y trazabilidad de los productos, aseguran desde el Programa para la Homologación de Sistemas de Certificación Forestal. En ese contexto, la certificación forestal adquiere relevancia: el sistema PEFC establece requisitos de gestión forestal sostenible y mecanismos de cadena de custodia para vincular los productos comercializados con fuentes responsables. Así, empresas y consumidores pueden contar con información verificable sobre el origen de los materiales que utilizan.

Mjøstårne es el edificio de madera más alto del mundo, con 18 pisos, construido en Noruega (Banca Generali)
Mjøstårne es el edificio de madera más alto del mundo, con 18 pisos, construido en Noruega (Banca Generali)

En Argentina, la discusión requiere considerar la diversidad de los territorios forestales, desde bosques nativos de alto valor ambiental hasta plantaciones destinadas a producir madera y otros bienes. La protección estricta sigue siendo indispensable en ecosistemas, hábitats y áreas de especial valor de conservación.

En los territorios donde el aprovechamiento está permitido y es ambientalmente adecuado, la gestión sostenible puede contribuir a mantener la cobertura forestal, impulsar la regeneración y generar oportunidades para las economías regionales. En los bosques nativos, cualquier actividad debe ajustarse al marco normativo y a las restricciones correspondientes según las categorías de ordenamiento territorial.

Desde PEFC Argentina promueven la certificación como una herramienta para respaldar la gestión responsable de los recursos forestales. El desafío consiste en determinar dónde corresponde proteger, dónde es posible gestionar sosteniblemente y cómo garantizar que las actividades productivas preserven los valores ambientales y sociales de cada territorio. La discusión internacional propone así ampliar la mirada sobre la conservación: los bosques deben protegerse por sus funciones esenciales para la biodiversidad, el agua, el clima y las comunidades, pero en determinados contextos una actividad productiva responsable también puede aportar recursos para su mantenimiento. La pregunta, entonces, no es solamente cuánta madera se utiliza, sino de dónde proviene, cómo se produce y qué sucede con los bosques que la generan.

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