
El Gobierno argentino y la administración de Estados Unidos anunciaron la firma de un Acuerdo sobre Comercio e Inversiones que marca un hito en la relación bilateral. Se trata del primer país de América del Sur en cerrar un entendimiento de este tipo bajo la política de “comercio justo y recíproco” impulsada por Washington desde 2025.
A diferencia de los tratados de libre comercio tradicionales, este instrumento se enmarca en la lógica de “rebalanceo” promovida por la Casa Blanca. Incluye reducciones o eliminaciones arancelarias puntuales, cupos específicos y un conjunto amplio de compromisos regulatorios, en su mayoría asumidos por Argentina.
En su análisis sobre el acuerdo, y sobre las implicancias directas sobre el agro, la Fundación INAI puntualiza que, para la Argentina, el dato más destacado es la ampliación de la cuota de carne bovina para ingresar al mercado estadounidense, que sumará 80.000 toneladas adicionales. También se acordó que más de 1.600 posiciones arancelarias quedarán exceptuadas de aranceles recíprocos, aunque solo una porción limitada corresponde a productos agroindustriales.

Del lado argentino, el acuerdo implica la eliminación de aranceles en 221 posiciones y la apertura de contingentes para bienes como carnes, quesos, vinos y productos alimenticios. Sin embargo, el núcleo de las obligaciones se concentra en normas técnicas, sanitarias y de propiedad intelectual, donde se prevén adecuaciones regulatorias profundas.
El entendimiento se inscribe en un escenario internacional marcado por el giro comercial de Washington y su estrategia de acuerdos bilaterales tras la imposición de sobretasas arancelarias. Esta política -destaca el análisis de la Fundaciín INAI- responde a la visión estadounidense de que el comercio global se volvió desfavorable para su economía y seguridad nacional.
La sombra de China
Detrás de esta reconfiguración comercial aparece la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, destaca el estudio. Mientras Beijing rechaza negociar bajo presión, otros países, entre ellos Argentina, optan por adaptarse al nuevo esquema para no perder acceso al mayor mercado del mundo.
Además de lo comercial, Argentina asumirá compromisos en áreas sensibles como reglamentaciones técnicas, medidas sanitarias y protección de la propiedad intelectual. También deberá avanzar en estándares vinculados a derechos laborales, ambiente y transparencia regulatoria.
Uno de los incentivos incluidos es el respaldo estadounidense al financiamiento de inversiones en sectores estratégicos argentinos, a través de agencias como EXIM Bank y la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional. El foco estará en energía, minerales críticos e infraestructura productiva.
El acuerdo entrará en vigor una vez que ambas partes completen sus procesos internos de ratificación, lo que en Argentina implicará el paso por el Congreso. A partir de allí, comenzará una etapa de adecuaciones normativas que podrían impactar en múltiples sectores productivos.
Impacto regional
La firma también abre interrogantes dentro del Mercosur, que como unión aduanera negocia acuerdos en bloque. La decisión argentina podría reactivar el debate sobre la flexibilidad para pactos bilaterales y sobre la coherencia con otras negociaciones en curso.
Estados Unidos representa el 25% del producto mundial y uno de los mayores importadores de alimentos de alto valor. Argentina hoy abastece menos del 1% de ese mercado, lo que sugiere margen para crecer, aunque el acceso dependerá de la capacidad de cumplir exigencias regulatorias cada vez más estrictas.
Más allá de los números iniciales, india el informe de la Fundación INAI, el acuerdo inaugura una etapa de integración selectiva con la principal potencia económica global. Su verdadero alcance se medirá en los próximos años, cuando se vea si las oportunidades comerciales logran compensar las reformas internas que el nuevo marco exigirá.
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