El 25 de abril de 1945, Berlín tambaleaba y la derrota del Tercer Reich ya era una certeza militar. Los aliados cerraban la pinza planificada en Washington y Moscú, y Adolf Hitler se acercaba a la caída final.
Ese 25 de abril, un cable secreto partía desde el cuartel general de la Marina de Alemania a los espías nazis Sargo y Luna, que estaban preparando el desembarco de un submarino que debía llegar a Necochea hacia fines de julio de 1945.

La operación de escape en submarino se estudió con muchísimo tiempo y Buenos Aires como destino final no fue una decisión azarosa.
Argentina se mantuvo neutral hasta que la Segunda Guerra Mundial quedó bajo el control militar y político de Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido.

En este contexto, se puede entender la rendición de dos submarinos nazis ante la dictadura militar que controlaba el coronel Juan Domingo Perón.
El 10 de julio de 1945, el submarino U-530, capitaneado por Otto Wermuth y con una tripulación de 40 personas, entregó su pabellón en el puerto de Mar del Plata.
Y unas semanas más tarde, el submarino U-977, con el capitán Heinz Schaeffer y una tripulación de 32 personas, también se rendía en Mar del Plata.

Cada uno por su lado, los capitanes Wermuth y Schaeffer decidieron rendirse.
Distinto fue el caso del submarino alemán que esperaban los espías Sargo y Luna: no hubo rendición, ni se conoce el nombre del capitán, su tripulación, la cantidad de pasajeros, sus nombres y lo que trajeron desde Alemania hacia la Argentina.
Fue una operación perfecta: todos escaparon y desde ese momento -fin de julio de 1945- la burocracia de Argentina y Alemania encubren la historia inédita del submarino hundido en Necochea.
Casi 75 años más tarde, el periodista argentino Abel Basti inicia una investigación personal con datos de la época. Basti está empecinado en descubrir la verdad, e inicia una batalla desigual contra la burocracia, los secretos del mar y los escasos recursos a su alcance.
Sin embargo, Basti y su equipo de trabajo -llamado “Eslabón Perdido”-, logró su cometido. Encontraron un submarino alemán, frente a las costas de Necochea.
Basti sólo utilizó buzos deportivos y una lancha con motor fuera de borda.
El 9 de marzo de 2021, el periodista se presentó ante la Prefectura Naval Argentina para anunciar su descubrimiento histórico.
La Prefectura soslayó la investigación de Basti, pero obligada por su propia legislación, debió ejecutar una expedición oficial para constatar la denuncia del periodista argentino.
La conclusión de la Prefectura fue un fiasco: reconoció que había un objeto bajo el mar, y a continuación aseguró que no podía precisar si era un buque o un submarino.
Tras las conclusiones de la Prefectura, basadas en una expedición con escaso nivel técnico, Basti convoca a los ingenieros navales Juan Martín Canevaro y Andrés Miguel Cuidet.
Canevaro y Cuidet confirman que no es un barco y que “se podría inferir que estamos ante el hundimiento de algo similar a un sumergible, pero debemos dejar bien claro que son aproximaciones y no verdades de estructuras de sumergibles”.

Con la pericia de Canevaro y Cuidet, más las imágenes oficiales de la Prefectura, Basti decidió cerrar el círculo para probar su descubrimiento histórico: se contactó con la Liga Naval Italiana (LNI), que tiene probada experiencia en identificación de naves utilizadas en la Segunda Guerra Mundial.
La Liga Naval Italiana tiene un Centro de Estudios Subacuáticos que lidera el perito Fabio Bisciotti. Basti envió a Italia toda la documentación y las imágenes, y Bisciotti confirmó lo que la Prefectura negaba:
- Era un submarino nazi tipo IX, con una certeza del 90 por ciento.
- Distinguió -sin dudas- el periscopio, la cubierta, las escotillas y el contenedor de torpedos.
- El submarino había sido explotado para ocultar su presencia bajo el mar.









La pericia de Bisciotti fue concluyente, pero entre el 8 y 12 de abril se hizo otra expedición a Necochea apoyada por la Fundación Reitich, una organización sin fines de lucro constituida en Chile y con sedes en Estados Unidos y Argentina.

Con el respaldo de la Fundación Reitich, ya no hubo dudas de que el submarino hundido estaba a “unos 28 metros de profundidad y a aproximadamente a 4 kilómetros de la costa de Quequén, provincia de Buenos Aires, Argentina”.
La pericia de la Fundación Reitich agrega que “durante los días que duró la expedición, se descubrieron escombros metálicos, incluidas estructuras tubulares y modulares de varias toneladas en la cubierta y alrededores del naufragio. Entre los elementos identificados se encuentran una torreta semidestruida, un elemento tubular compatible con un periscopio (con cordones antivibración sueltos), escotillas de presión circulares inclinadas (probablemente para carga de torpedos), doble bita retráctil y perfiles estructurales compatibles con la construcción de submarinos alemanes de la Clase VII o IX".
Y concluye: “Se constató la ausencia de elementos típicos de un barco convencional, como barandas, cadenas, malacates, escaleras, ojos de buey, mástiles, bodega, superestructura o timonera, lo que refuerza la hipótesis de que se trata de un submarino. El grado de destrucción observado es consistente con la hipótesis de que el naufragio haya sido volado intencionalmente, como dictaminó el Dr. Fabio Bisciotti, posiblemente para ocultar la nave tras su uso en desembarcos clandestinos de jerarcas nazis y materiales durante la Segunda Guerra Mundial”.
En Argentina y Alemania todavía hay movimientos silenciosos que tratan de ocultar la existencia del submarino nazi hundido.
Antes de la expedición oficial de la Prefectura Naval, el submarino nazi se podía detectar y observar sin problemas. Pero después del informe de la Prefectura, aparecieron restos de chatarra naval que complican la identificación del sumergible que participó del esfuerzo militar del Tercer Reich.
Asimismo, el Estado alemán también evitó una definición oficial.
“Tras varias indagaciones podemos comunicarle que de momento no hay indicios de que se trate de un naufragio de un submarino alemán”, explicaron por carta al periodista Basti.
Ya está comprobado que es un submarino nazi, y que su tripulación y sus pasajeros escaparon en la Argentina.
Bajo el concepto legal de secreto militar, la Armada protege información clave de la llegada del submarino nazi. Un desembarco que ocurrió hace ochenta años, cuando el Tercer Reich ya había caído.
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