
Una fue multitudinaria, con todo el poder movilizador de los gremios, agrupados en las distintas centrales obreras. La otra marcha, menos numerosa, organizada por partidos y organizaciones sociales de izquierda, cubrió la mitad de la Plaza de Mayo y terminó envuelta en tensiones porque las fuerzas de seguridad quisieron apurar la desconcentración de los manifestantes. Pero en ambas dominó un factor común: la oposición a las políticas que aplica el gobierno de Javier Milei hacia la clase trabajadora y el respaldo al paro nacional proyectado para el jueves 9 de mayo, el segundo en contra de la administración libertaria.
La Avenida Independencia fue la columna vertebral de la manifestación que estaba prevista para las 10 de la mañana aunque arrancó con bastante demora, casi una hora y media después de lo previsto. Si bien mucha gente llegó por sus propios medios ya desde temprano una apreciable cantidad de micros escolares o de larga distancia se estacionaron principalmente sobre las avenidas 9 de julio, Paseo Colón, San Juan y Belgrano. De esa manera arribó un gran grupo de Rosario, otro de Mercedes y otro con empleados de Luz y Fuerza de Zárate que se oponían con unas remeras alusivas al posible cierre de centrales nucleares.


En la esquina de Independencia y Defensa se montó el escenario con pantalla gigante incluida desde el que se escuchaba música nacional a un volumen exageradamente alto desde las 8.30. Sobresalían la leyenda convocante “La Patria no se vende” e imágenes de la impactante marcha en defensa de las universidades y la educación pública del 23 de abril.
Cada media hora se leían partes del documento que elaboraron los dirigentes de la CGT. Sobresalía una pancarta que iba de cordón a cordón mientras sobre Defensa había varios carteles contra las privatizaciones. “Marcos Galperin, planero del Estado” podía leerse en uno, en referencia al creador de Mercado Libre y las exenciones impositivas que recibe esa empresa. Más atrás había otra que pedía por la continuidad de Radio Nacional en todo el país y por último una contra el paso a manos privadas de Aerolíneas Argentinas.


La organización de cada columna fue impecable en un comienzo. Porque cada sindicato se concentró en una esquina distinta de las calles que cruzan Independencia, y ese orden se respetó a rajatabla. Hasta que llegaron los principales dirigentes de la central obrera y empezaron los empujones y una desprolijidad notoria para avanzar. Todo se desmadró. Por eso estuvieron varios minutos para hacer las dos cuadras hasta Paseo Colón a paso lento. Entre los asistentes pudo verse al ex canciller Felipe Solá, al ministro de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Katopodis, al intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, y al senador nacional Mariano Recalde, entre otros referentes del justicialismo.
Antes de arrancar la corta caminata apareció toda la liturgia peronista, que incluyó cantar la marcha que los identifica después de entonar a capella las estrofas del Himno Nacional Argentino. Un señor mayor, con larga barba blanca, mostraba su cartel hecho a mano delante de ellos. “Reforma laboral. Vienen a quitarnos derechos, los que nunca creyeron y siempre combatieron. No pasará”, decía.


Sobre Paseo Colón, que al principio estuvo cortada hasta la mitad para que circulara el Metrobus y que luego se interrumpió en su totalidad, estuvieron las pobladas columnas de los partidos de izquierda, que según el referente del Polo Obrero, Eduardo Belliboni, fueron “como un sector disidente y para pedirles mayor acción a quienes integran la CGT”.
Cuando la cúpula cegetista llegó a ese lugar fueron recibidos al canto de “Paro, paro, paro, paro general”, una exigencia de mayor dureza ante la reciente aprobación de la Ley Bases en la Cámara de Diputados del Congreso. El cruce de consignas con el resto de los manifestantes gritando “el que no salta votó a Milei” no ocasionó incidentes, aunque un grupo de la UOCRA casi se toma a golpes de puño en una de las veredas del Metrobús.


Desde un camión, tres jovencitas arengaban con micrófonos a la gente de la izquierda. “A la ley del Peluca la vamos a voltear con piquetes y una huelga general”, se escuchaba, mientras Daer, Moyano y el resto de los representantes gremiales ya habían tomado rumbo hacia la sede de Azopardo al 700.
Pasadas las 12.15 empezó la desconcentración de la primera movilización hacia la avenida Belgrano. La columna del Partido Obrero empezó a dirigirse hacia Plaza de Mayo. Los hicieron desviar del recorrido original y debieron caminar muchas cuadras más de las previstas para llegar a las inmediaciones del Cabildo donde había un operativo de seguridad reforzado con Gendarmería, camiones hidrantes y policía motorizada.


“Hace 20 años que conmemoramos el Dia de los Trabajadores en la Plaza y nunca vi semejante operativo represivo para intimidarnos. No queremos caer en la provocación de la ministra (Patricia) Bullrich y de las fuerzas de seguridad. Pero hicieron todo lo posible para impedirnos el acto. No dejaron que armemos el palco, nos secuestraron un camión y nos obligaron a desconcentrar rápido”, le dijo el diputado de la Ciudad del Frente de Izquierda, Gabriel Solano a Infobae. Mientras tanto un imponente cordón de Gendarmería les impedía el paso por Avenida de Mayo hacia la 9 de Julio.


Hasta las dos veredas quedaron bloqueadas por la compacta fila de gendarmes. Esta vez el protocolo antipiquetes fue aplicado hasta la exageración.
Esta situación, que contrastó notablemente con la discreta presencia policial que se observó en el acto de la CGT, hizo abortar los planes de ir hasta la Embajada de Israel a tres cuadras del Obelisco para respaldar el accionar palestino en Oriente Medio. El paso también fue cortado por Diagonal Norte por una doble fila de efectivos de la Policía Federal, entonces las columnas -que cubrieron poco más de media Plaza‐ tuvieron que desplazarse por Diagonal Sur. En ese trayecto quienes estaban más atrás, del MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores), improvisaron otro acto que debió ser interrumpido por el avance de la Federal con motos y carros hidrantes.

La tensión se extendió por unos cuantos minutos hasta que por la intermediación de la diputada nacional Myriam Bregman la situación se calmó y todos se dispersaron después de gritarles insultos a los policías.
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