
(Enviado especial). Alberto Fernández desplegó un discurso sin muletillas ideológicas frente a Joseph Biden, pero la agenda regional que propuso será de difícil cumplimiento ante los intereses geopolíticos que tiene la Casa Blanca en América Latina.
El Presidente exigió que terminen los bloqueos comerciales contra Cuba y Venezuela, solicitó una profunda reforma en la Organización de los Estados Americanos (OEA) y reclamó que la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) regrese a la región.
“Desde la periferia en la que nos colocan, la América Latina y el Caribe miran con dolor el padecimiento que sobrellevan pueblos hermanos. Cuba soporta un bloqueo de más de seis décadas impuesto en los años de la “Guerra Fría” y Venezuela tolera otro mientras que una pandemia que asola a la humanidad arrastra consigo millones de vidas. Con medidas de ese tipo se busca condicionar a gobiernos, pero en los hechos solo se lastima a los pueblos”, opinó Alberto Fernández.
Y remató: “Presidente Biden. Estoy seguro de que es momento de abrirse de modo fraterno en pos de favorecer intereses comunes. Los años previos a su llegada al Gobierno de los Estados Unidos de América, estuvieron signados por una política inmensamente dañina para nuestra región desplegada por la administración que lo precedió. Es hora de que esas políticas cambien y los daños se reparen”.
En la actual coyuntura electoral, Biden no tiene espacio político para terminar con los bloqueos comerciales a Cuba y Venezuela. El Presidente necesita el voto latino en estados clave, y una medida de la Casa Blanca a favor de los regímenes de La Habana y Caracas terminaría de volcar la elección hacia el Partido Republicano.
Alberto Fernández creyó que Biden enterraría la Doctrina Trump para América Latina, pero sus ilusiones terminaron cuando Washington mantuvo la agenda regional del exmandatario experto en transacciones inmobiliarias. No es que Biden quiere preservar la mirada de su antecesor: sucede que para los mismos temas -Cuba y Venezuela- aún no encontró una salida diferente desde la diplomacia regional.

El jefe de Estado sostiene que la OEA es una pieza maestra en la estrategia de Washington en América Latina. Y agrega que su secretario General, Luis Almagro, participó en la caída de Evo Morales como presidente de Bolivia.
Almagro rechaza las dos acusaciones, pero Alberto Fernández no pierde oportunidad de acusar a Almagro.
“Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia. Se han apropiado de la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo que históricamente estuvo en manos latinoamericanas.”, consideró el presidente.
Junto al cuestionamiento a Almagro, Alberto Fernández sumó las críticas a la decisión de Trump de asignar como presidente del BID a un funcionario de los Estados Unidos.
Hasta ese momento, la dirección del BID pertenecía a América Latina. Pero Trump cambió la distribución geopolítica y colocó a Mauricio Claver, un jugador clave en el FMI cuando Mauricio Macri obtuvo su crédito de 57.000 millones de dólares.
Claver confesó durante una charla virtual con académicos y diplomáticos chilenos que Trump forzó el crédito Stand-By para Macri con la intención política de facilitar su reelección y evitar la llegada del peronismo a Balcarce 50.

Alberto Fernández apuntó a Almagro y Claver, y continuación propuso a Biden una solución que es compartida por la mayoría de los miembros de la CELAC:
“La OEA, si quiere ser respetada y volver a ser la plataforma política regional para la cual fue creada, debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen (y) la Banca de Desarrollo Regional, sin más demoras, tiene que volver en su gobernanza a América Latina y el Caribe. El BID requiere un proceso de capitalización para tener más y mejores medios de financiamiento”, señaló el presidente.
Las propuestas geopolíticas de Alberto Fernández enfrentan la agenda realista de Biden en América Latina. Es poco probable que Estados Unidos levante los bloqueos a Cuba y Venezuela, y menos aún que fuerce la caída de Almagro como secretario general de la OEA.
El Presidente tiene una cierta posibilidad con el BID. Claver -su titular- está bajo investigación interna y la administración demócrata hará muy poco para defenderlo, aunque cayó mal que Alberto Fernández sugiriera que Estados Unidos se apropió de la dirección de la entidad crediticia.
Si finalmente Biden baja su pulgar contra Claver, el jefe de Estado podría coronar una de sus propuesta multilaterales. Pero como sucede en el peronismo, el que saca no pone. Ergo: Argentina quedaría al margen de la presentación de un candidato propio para reemplazar a Claver.
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