
Muy cerca del Mar Adriático, al sur de Italia y en pleno verano europeo, el canciller argentino Felipe Solá mantendrá este martes una reunión con el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, en la que le expondrá la postura de nuestro país sobre la situación en dos países que a Estados Unidos le preocupan especialmente: Nicaragua y Venezuela.
Solá y Blinken estarán frente a frente en Bari, en el segundo día de la Cumbre de Cancilleres del G20. El funcionario estadounidense, que desde hace 20 años es un estrecho colaborador del demócrata Joseph Biden, conoce profundamente la región y sus problemáticas. Si bien el Gobierno de Alberto Fernández mantiene coincidencias con Estados Unidos, también Solá le planteará las sutiles diferencias de criterio en relación a la actualidad política de la región.
La Casa Rosada se abstuvo de condenar recientemente las violaciones a los derechos humanos cometidas por el regimen sandinista durante el tratamiento de un proyecto de resolución en la Organización de Estados Americanos (OEA). Una de las diferencias que explicitará Solá ante el secretario de Estado de Biden es el papel del titular de ese organismo, Luis Almagro, a quien se lo cuestiona desde sus decisiones sobre Bolivia, cuando se desplazó a Evo Morales del gobierno de ese país.
También sobre Venezuela hay miradas disímiles. Quedaron en evidencia cuando Argentina decidió retirarse del Grupo de Lima, conformado por 13 países, a fines de marzo de 2021 con el argumento de que las acciones que se impulsaron desde allí para “aislar al Gobierno de Venezuela y a sus representantes no han conducido a nada” y de que la oposición venezolana que encabeza Juan Guaidó estaba involucrada allí. Toda vez que pudo nuestro país evitó condenas o reproches contra la manera de ejercer el poder del dictador Nicolás Maduro.
Incluso, el mes pasado, Alberto Fernández expresó en declaraciones radiales que a pesar de que respaldaba el trabajo de la chilena Michelle Bachelet como Alta Comisionada de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos, ese problema “poco a poco en Venezuela fue desapareciendo. Hay un camino para resolver los problemas que no pasa por meterse en los países ni de forma armada ni con bloqueos”.

Además, el 15 de junio de este año Argentina compartió su voto de abstención sobre la situación nicaragüense con Belize, República Dominicana, Honduras y México. Y otra vez, como sucedió en la ONU con su posición sobre los ataques terroristas de Hamas contra Israel, Argentina quedó por afuera de sus socios del Mercosur: Brasil, Uruguay y Paraguay condenaron al régimen de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo.
En ese proyecto de resolución, Carlos Raimundi, el representante argentino ante la OEA, votó por la abstención frente a un proyecto de resolución que exigía a Ortega y Murillo que terminen con las persecuciones políticas y que garanticen la transparencia de las próximas elecciones presidenciales. Más tarde, Argentina y Mexico emitieron un comunicado conjunto en el que expusieron sus razones. “No estamos de acuerdo con los países que, lejos de apoyar el normal desarrollo de las instituciones democráticas, dejan de lado el principio de no intervención en asuntos internos, tan caro a nuestra historia. Tampoco con la pretensión de imponer pautas desde afuera o de prejuzgar indebidamente el desarrollo de procesos electorales”, señalaron.
Unos días después, el 21 de junio, la Cancillería argentina y la mexicana decidieron convocar a sus respectivos embajadores en Managua, la capital de Nicaragua, para que expliquen in situ cuál era la realidad que se estaba viviendo en el país centroamericano. “Argentina y México se mantendrán atentos a la evolución de los acontecimientos relacionados con la hermana República de Nicaragua y seguirán promoviendo inequívocamente el pleno respeto y promoción de los derechos humanos, las libertades civiles, políticas y de expresión de toda persona, con independencia de su nacionalidad y/o profesión”, se indicó en esa ocasión.

El ministro de Relaciones Exteriores argentino también le pedirá a Blinken su apoyo para la renegociación de la deuda con el FMI y con el Club de París. En el FMI la influencia estadounidense puede cumplir un rol determinante y Argentina necesita obtener respaldo como el que ya logró de varios mandatarios europeos en la gira que Alberto Fernández realizó por España, Francia e Italia a mediados de mayo.
Así como hay coincidencias sobre otros temas (la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, por ejemplo) Solá ratificará el compromiso de Argentina sobre el cambio climático. Biden tiene a la “agenda verde” como uno de los ejes de su gestión, un modo de mostrarse en las antípodas de su antecesor en el cargo, el republicano Donald Trump. En abril, Biden presidió en el “Día de la Tierra” una cumbre de la que participaron 40 líderes mundiales, entre los que estuvo Alberto Fernández como invitado.
En esa actividad se buscó avanzar en estrategias para limitar el aumento de la temperatura global, en el parámetro de 1,5 grados centígrados. Fernández presentó la posición de la Argentina en la primera sesión, que se tituló “Elevando nuestra ambición climática”.

Solá tuvo este sábado en Roma una audiencia de una hora en el Palacio Apostólico con el secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, monseñor Paul Richard Gallagher. Según informó la Cancillería argentina hablaron sobre la pandemia y el faltante global de vacunas y también dialogaron sobre la situación en Latinoamérica, fundamentalmente, sobre la visión de nuestro país sobre Venezuela y la situación en Nicaragua, temas sobre los que la Santa Sede mostró su preocupación. Solá estuvo acompañado por su jefe de Gabinete, Guillermo Justo Chaves, y por la embajadora ante la Santa Sede, María Fernanda Silva.
El viernes el titular del ministerio de Relaciones Exteriores argentino había expuesto ante el Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York donde volvió a reclamar ante el C24 por la soberanía sobre las Islas Malvinas.
La cumbre de cancilleres del G20 comenzará este lunes y se extenderá hasta el miércoles en las ciudades de Matera y Brindisi. Solá incluirá en su agenda de trabajo varias reuniones bilaterales y tendrá una serie de audiencias en el Vaticano que se desarrollarán el jueves 1 de julio.
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