
Jueves 11 a la mañana: visita sigilosa a la nueva casa de Mauricio Macri en Acassuso.
Viernes 12 al mediodía: almuerzo en la Jefatura de gobierno porteño con María Eugenia Vidal, Martín Lousteau y Emilio Monzó.
Martes 16: almuerzo con Marcos Peña en la sede de Uspallata.
Martes 23: zoom con todos los socios porteños de Juntos por el Cambio.
La agenda de Horacio Rodríguez Larreta está dedicada casi exclusivamente a seguir el ritmo que desde hace meses impone la pandemia. El jefe de Gobierno porteño pasa horas analizando el número de contagios de coronavirus y la cantidad de camas de terapia intensiva ocupadas. Mira las curvas y sigue con atención cada pequeño movimiento. Pero en su agenda también hay lugar para lo que más le gusta y lo que lo moviliza hace años: la política. Hace tiempo que no oculta su deseo de competir por la Presidencia en 2023 y está convencido de que para poder cumplir su sueño tendrá que trabajar duro. Claro que todavía no se anima a plantearlo públicamente en esos términos. Por ahora, prefiere insistir en que una de sus prioridades es mantener unido a Juntos por el Cambio.
“Necesitamos una oposición unida para que exista un equilibrio con el Gobierno. El peronismo siempre se las ingenió para dividir a la oposición, así que yo le dedico bastante tiempo a tratar de evitarlo. Hoy, si yo luchara para ser el líder de la oposición atentaría contra esa unidad”, reconoció en las últimas horas. Desde hace varios días, Rodríguez Larreta sabe que en cada entrevista aparecerá una pregunta inevitable. Y es la que apunta a resaltar las diferencias que existen entre él -que comparte encuentros y puntos de vista con Alberto Fernández y Axel Kicillof- y el sector más combativo de la oposición que cuestionó públicamente las últimas decisiones del Gobierno. Para responder, el jefe porteño suele apelar a una paciencia a prueba de cualquier cuarentena. Desde la Casa Rosada buscan profundizar esa brecha en el frente opositor, pero él se muestra inmutable. Nada parece alterarlo mientras redobla los esfuerzos para tratar de contener a todos unidos en el mismo espacio.

Eso fue lo que lo llevó hace casi dos semanas a Acassuso, a la casa con vista al río que alquiló Macri. “Mauricio tiene que ser parte de lo que viene. No es una piedra en el camino, para nada. De todos nosotros es el que más votos sacó. Hoy mis aspiraciones no complican la relación, el día de mañana no sé”, repite en privado. Desde el entorno del ex presidente aseguraron que en ese café a solas no se habló de “nada que no esté en los diarios”. Y detallaron: “Preocupación compartida por la situación que se vive por el futuro inmediato y por los atropellos institucionales. Se reforzó la idea de unidad”. La causa por espionaje ilegal está en los diarios, por lo que es lógico suponer que el tema no estuvo ausente. Cerca de Rodríguez Larreta juran que hoy no es un tema que genere conflicto. Pero enseguida agregan una frase que podría sonar inquietante: “Está claro que a Horacio no le gustó enterarse de que lo espiaban. Pero las pruebas que le mostraron hasta ahora no le preocuparon demasiado. Tampoco se sabe quién estaba atrás de todo esto. Si más adelante aparecieran otras cosas sería distinto”.
Hay otro dato que no es menor. Cuando Rodríguez Larreta visitó a Macri ya tenía previsto almorzar al día siguiente con Vidal, Lousteau y Monzó. Y según pudo saber Infobae, el jefe de Gobierno no le anticipó nada al ex presidente. La idea era que ese almuerzo no trascendiera, y así ocurrió hasta que se supo que Vidal tenía coronavirus. El encuentro con Marcos Peña, en cambio, salió a la luz ese mismo martes. Tuvo un final abrupto porque Rodríguez Larreta recibió un llamado de Alberto Fernández y se tuvo que ir a reunirse con él en la Casa Rosada. Cuando un colaborador le preguntó cómo lo había visto a Peña, el jefe de Gobierno respondió que le pareció que ya no tiene ganas de seguir en la construcción política.
“Hace tres meses que tomo todas decisiones malas; lo único que puedo hacer es elegir entre las espantosas y las malas”, se lamentó en las últimas horas Rodríguez Larreta. Sabe que en los próximos días será inevitable volver a una cuarentena más estricta en la zona metropolitana.
Mientras tanto, mantiene las reuniones políticas. Aunque después del resultado positivo de Vidal y de dos hisopados negativos, decidió frenar un poco los encuentros presenciales y recurrir más a las teleconferencias o a las llamadas telefónicas. Elisa Carrió, Alfredo Cornejo, Mario Negri, Cristian Ritondo, Álvaro González, Vidal, Lousteau, Monzó... habla seguido con todos. No descuida ni al aliado más insignificante. Esa es su agenda paralela, la que se puede en estos tiempos de cuarentena.
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