
Horacio Rodríguez Larreta hace malabares. En su agenda se mezclan la elección de su gabinete, el rol de Mauricio Macri después del 10 de diciembre, la discusión interna por el futuro de la coalición y su proyecto presidencial, el mayor de sus objetivos.
El jefe de Gobierno tomó en ese sentido algunas decisiones de corto plazo.
La primera: va a esperar a los últimos días de noviembre para oficializar al nuevo elenco de funcionarios, según confiaron en su entorno.
La segunda: se convenció de que aún no es tiempo de blanquear a viva voz su proyecto nacional, aunque sí empezará a esbozarlo en forma subterránea.
La tercera: no es tiempo, según resaltan sus colaboradores, de enfrentarse al liderazgo de Macri que el Presidente salió con vehemencia a instalar en estas dos semanas, una construcción que lleva el sello de Marcos Peña y que generó más fricciones que acuerdos dentro de la alianza electoral.
Macri y Rodríguez Larreta hablaron de eso en el encuentro que mantuvieron a solas el pasado miércoles, a la hora del almuerzo, 72 horas después de las elecciones. “Fue muy bueno”, se limitó a contarle a sus allegados el jefe de Gobierno, que no suele confiar demasiado los detalles relevantes de esas reuniones.
A Rodríguez Larreta, la rebelión de estos días de Cambiemos lo incomoda. Le preocupa. Y lo ubica en el centro de la discusión interna, tras su contundente triunfo en primera vuelta. “Generó mucha expectativa de construcción. Pero hay que ver cómo juega en el esquema de conducción de Macri”, resaltan desde la mesa chica que lidera Emilio Monzó, reunida el mediodía de este miércoles.
Al titular de la Cámara baja nadie le saca de la cabeza que el núcleo duro del PRO en el Parlamento que reporta al primer piso de la Casa Rosada le obturó la semana pasada la posibilidad de empezar a posicionarse como candidato a la Defensoría del Pueblo, acéfala desde el 2009. Los trascendidos dan cuenta de que el mensaje que le enviaron fue que aceptaban darle impulso a esa nominación -debe reunir los dos tercios en el recinto- siempre y cuando la docena de diputados que le reportarán a partir del 10 de diciembre se queden dentro del bloque de Juntos por el Cambio.
El último encuentro entre Monzó y Rodríguez Larreta de hace algunos días estuvo atravesado por esos cortocircuitos. Para el jefe de Gobierno, es una carrera de largo aliento. “Esto es una maratón”, repite una y otra vez en la intimidad.

Según sus colabadores, el alcalde propicia una conducción colegiada. “Una mesa ovalada”, describen. Lo miran con recelo. Su estilo metódico de construcción política de estos años fue de apertura: le cedió las listas al socialismo, a la Coalición Cívica, a la UCR, a Graciela Ocaña y a Daniel Angelici, entre otros actores de la política local, y cerró un pacto de fiscalización en los barrios del sur con Luis Barrionuevo, enemistado con Marco Lavagna. Pero el jefe de Gobierno también fue una pieza central de la mesa de decisiones que solo tuvo lugar para Macri, Peña y María Eugenia Vidal. Y que ahora cruje.
Mientras tanto, Rodríguez Larreta medita la integración de su gabinete, que tiene previsto anunciar hacia fin de mes. Ya adelantó que no será un “aguantadero”.
Trató de convencer a Carolina Stanley de volver al Ministerio de Desarrollo Social porteño, pero no tuvo éxito. Está vacante aún, tras la salida de Guadalupe Tagliaferri, que se muda al Senado.
La decisión de desdoblar Justicia y Seguridad, que sonó con fuerza en la campaña, se diluye. Rodríguez Larreta no lo tiene definido. Antes de las elecciones, había conversado con Vidal la posibilidad de incluir a Gustavo Ferrari, un dirigente de estrechos vínculos con la Justicia federal de la Ciudad -Comodoro Py-. Ahora piensa en darle a Justicia un lugar de relevancia, pero como secretaría.
En principio, Diego Santilli seguiría al menos por un tiempo en su doble rol de vicejefe y ministro.
En Salud -Ana María Bou Pérez será legisladora a partir de diciembre- se inclinó por Fernan González Bernaldo de Quirós, el vicedirector médico del Hospital Italiano que colabora con Rodríguez Larreta desde hace tiempo en el rubro. El alcalde lo había querido de ministro en el 2015: se conocieron en Pizza Cero, el bar preferido del jefe de Gobierno, a metros de su departamento. La presión de Médicos Municipales, ya saldada, lo sacó de carrera en esos días. Hay un encuentro pendiente entre ambos, explicaron fuentes oficiales.
Quirós tiene el visto bueno de Martín Lousteau, que está en conversaciones diarias con con el jefe porteño. La UCR quería ese sillón.
Hay conversaciones similares con la Coalición Cívica de Elisa Carrió, que se recluyó en su casa de Exaltación de la Cruz y dejó las negociaciones en manos de Maximiliano Ferraro. Un esquema parecido con Ocaña, que este martes se reunió a solas con Rodríguez Larreta para planificar cuestiones legislativas: la diputada está interesada en el área de la Tercera Edad.

A Guillermo Dietrich, de estrecho vínculo, el jefe de la Ciudad tiene previsto darle un casillero importante para alguno de sus hombres de confianza.
En Economía, Martín Mura tiene el despacho confirmado. Dedica estos días a pulir el presupuesto que deberá enviar a la Legislatura en las próximas semanas.
En paralelo, Rodríguez Larreta esquiva las tensiones internas y los pedidos de su círculo íntimo.
Es una incógnita, por ejemplo, cuál será el rol de Franco Moccia, ministro de Desarrollo Urbano y Transporte, y de Eduardo Macchiavelli, de Ambiente y Espacio Público. Está en análisis, según supo este medio, fusionar o desdoblar áreas. O rotar funcionarios.
Macchiavelli fue el jefe de la campaña local. Se perfila como relevante en el proyecto nacional de Rodríguez Larreta que, por ahora, se mantiene en reserva.
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