
A las 1745, Mauricio Macri le envió un WhatsApp a Marcos Peña: "Voy", escribió. El presidente estaba en Los Abrojos y su jefe de Gabinete en una quinta bonaerense que alquila como casa de fin de semana. Macri ya había recibido decenas de chats, imágenes y videos desde la Plaza de Mayo -inclusivo uno de Juan José Campanella-, y se puso a esperar el helicóptero oficial que había salido desde Aeroparque para recogerlo en la quinta familiar y llevarlo sin demoras a la Casa Rosada.
La decisión de Macri fue inesperada y complicó a la burocracia del gobierno y a la seguridad presidencial. En Balcarce 50 tuvieron que prender las luces del Balcón para recibir a Macri, no hubo tiempo para instalar un micrófono -sólo se utilizaron las redes sociales- y cuando era inminente la llegada del presidente se decidió abrir las rejas que dividen en dos a la Plaza de Mayo.
Macri chateó con Peña, con Fernando de Andreis -secretario general de la Presidencia- y con su staff en la Secretaria de Medios, que dudaba sobre la decisión de llegar a la marcha y saludar a los miles de participantes espontáneos que gritaban "sí se puede".
Durante toda la semana, Macri consultó a sus ministros más cercanos si tenía que ir a la marcha o no. Primó la cautela, aún están abiertas las heridas de la apabullante derrota ante la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner, y no querían poner al presidente frente a otro golpe anímico y político.

Pero a la tarde, Macri vivió en tiempo real la marcha que sucedía frente al Obelisco. Observaba en su celular los mensajes de apoyo, las fotos y los vídeos que entraban a borbotones a su cuenta de WhatsApp. Ya se había emocionado con el video posteado por Luis Brandoni, el actor radical con formación de izquierda que apoya a un presidente conservador que enfrenta al neokirchnerismo.
Macri Estaba en Los Abrojos junto a Juliana Awada, sin asesores o ministros a la vista. Hizo caso a su olfato político y decidió apostar por una salida en el balcón, mientras su Gabinete se enteraba que rompía su rutina de fin de semana. Se subió al helicóptero con Juliana, continuó chequeando los mensajes y llegó en veinte minutos a otra encrucijada en su vida política.
La Casa Rosada ya estaba iluminada, se abrieron las puertas dobles que dan al Balcón y Macri irrumpió con una sonrisa emocionada, en tanto sus redes sociales mostraban un hecho inédito y espontáneo en la crónica del gobierno de Cambiemos.
El presidente estuvo casi quince minutos frente a la marcha que apoya su reelección. Después se refugió en su despacho antes de regresar a Los Abrojos. No había ministros ni secretarios. Solo Juliana, un par de asesores y su custodia.Agradecido por la respuesta popular, no paraba de llorar.
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