
La circulación de imágenes que muestran una agresión extrema contra Samahara Lobatón colocó nuevamente a Bryan Torres en el centro de la polémica pública. El material audiovisual, de más de veinte minutos, expuso un episodio que especialistas calificaron como un ataque con riesgo letal.
Sin embargo, a pesar del impacto social y de la intervención de diversas instituciones, el cantante no ha sido detenido. La ausencia de una captura inmediata generó cuestionamientos y especulaciones, en especial entre quienes desconocen los límites legales que rigen este tipo de casos.
El proceso avanza bajo investigación fiscal, mientras se evidencian vacíos temporales, antecedentes previos y versiones contrapuestas que complejizan la situación judicial.
El video que reveló una agresión de extrema violencia

Las imágenes difundidas muestran un episodio que marcó un punto de quiebre en la historia pública de la relación entre Bryan Torres y Samahara Lobatón. En el registro audiovisual se observa cómo el cantante reduce físicamente a la madre de sus hijos, la inmoviliza con telas y presiona una almohada contra su rostro. El fragmento más crítico dura cerca de dos minutos y refleja una situación que puso en riesgo su vida.
Hasta antes de la difusión completa del material, Lobatón había mostrado solo partes de una discusión vinculada a conflictos sentimentales. Esa primera versión minimizaba la gravedad de lo ocurrido. Con la publicación íntegra del video, el contexto cambió de manera radical. Especialistas consultados en distintos espacios mediáticos coincidieron en que la escena correspondía a una conducta compatible con tentativa de feminicidio, por el nivel de violencia y la forma del ataque.
Tras conocerse el contenido, la reacción familiar fue inmediata. Melissa Klug, madre de la influencer, intervino para retirar a su hija del domicilio que compartía con Torres. En declaraciones públicas, explicó que Samahara atravesaba un ciclo repetitivo de agresiones y reconciliaciones, un patrón que, según expertos, suele generar dependencia emocional y dificulta la ruptura definitiva.
Desde ese momento, Bryan Torres dejó de aparecer en redes sociales y en espacios públicos. Su entorno legal sostuvo que no existía una denuncia formal presentada directamente por la víctima en ese instante, aunque otras entidades del Estado activaron medidas preventivas ante el riesgo de una posible fuga.
Antecedentes de violencia que volvieron a salir a la luz

La agresión registrada en video no fue el primer episodio de este tipo vinculado al cantante. Tras el escándalo, se recordaron hechos ocurridos en 2023 que ya habían encendido alertas. En octubre de ese año, Samahara Lobatón contactó a su entonces amigo Erick Farfán en busca de ayuda, luego de una pelea con Torres.
Farfán relató que recibió una llamada desesperada. Según su testimonio, la influencer lloraba de manera incontrolable y le pidió auxilio para salir de la vivienda donde se encontraba. El joven aseguró que intentó apoyarla enviándole un taxi de confianza. “Yo le mandé un taxista de mi confianza para que la traiga a mi casa, pero ella nunca subió al taxi, se quedó ahí con Bryan”, contó durante una entrevista televisiva.
Además, se difundieron conversaciones de WhatsApp fechadas el 25 de octubre de 2023. En uno de los mensajes, Lobatón escribió: “Bryan me pegó, no tengo con quién ir”. Pese a la contundencia del texto, tiempo después ella dio una explicación distinta. Consultada por una reportera, afirmó que sus palabras no debían tomarse de manera literal. “Lo que dije nunca fue en modo literal, siempre fue en modo broma”, declaró, restando gravedad a los chats.
Ese mismo año, Farfán también denunció haber sido agredido por el cantante. El hecho ocurrió en los exteriores de una discoteca de Miraflores, luego de un altercado vinculado a la difusión de un video donde Samahara aparecía afirmando que estaba soltera. “Me insultó, me amenazó y me tiró dos cachetadas”, relató, describiendo un episodio de violencia directa.
Por qué la Policía no puede detenerlo de inmediato

Uno de los principales cuestionamientos tras la difusión del video fue por qué Bryan Torres no había sido capturado de forma inmediata. La respuesta está en los límites que impone la legislación penal. De acuerdo con la información proporcionada desde la comisaría de Monterrico, el presunto ataque ocurrió el primero de diciembre de 2025. Al haberse superado ampliamente ese momento, ya no se configura la flagrancia delictiva.
La ley establece un plazo máximo de 48 horas para que la Policía ejecute una detención directa sin orden judicial. Ese periodo permite intervenir cuando el delito acaba de cometerse o cuando el autor es sorprendido en el acto. En este caso, la difusión del video ocurrió semanas después de los hechos. “Si esta agresión hubiera ocurrido dentro de las 48 horas de flagrancia, la Policía hubiera podido salir en un patrullero y capturar al presunto agresor”, se explicó desde la dependencia policial.
Al no existir flagrancia, el procedimiento cambia. La autoridad policial solo puede citar al denunciado para que rinda su manifestación, mientras el Ministerio Público continúa con la investigación correspondiente. Cualquier medida restrictiva de la libertad depende ahora de una decisión del Poder Judicial.
El juez, tras evaluar los elementos reunidos por la Fiscalía, puede ordenar una detención preliminar o incluso prisión preventiva, siempre que se acrediten los requisitos legales. Hasta que eso ocurra, la Policía carece de atribuciones para intervenir de oficio.
Medidas preventivas, investigación y debate público

Aunque Bryan Torres no ha sido detenido, el caso sí activó acciones desde otras instancias del Estado. El Ministerio de la Mujer solicitó a la Fiscalía que se dicte una medida para impedir su salida del país, con el objetivo de garantizar su presencia durante el proceso. Esa solicitud busca evitar un escenario de evasión mientras se recaban más pruebas.
En paralelo, la investigación fiscal continúa. El video difundido, los testimonios previos y los antecedentes denunciados forman parte del análisis que determinará la calificación jurídica final. La ausencia de una detención inmediata no implica el cierre del caso, pero sí evidencia los límites temporales del sistema penal.
El episodio generó un intenso debate en redes sociales y espacios de opinión. Para algunos usuarios, la falta de una captura refuerza la percepción de impunidad. Para otros, expone la necesidad de comprender cómo operan los plazos legales y la diferencia entre indignación social y procedimiento judicial.
Mientras Samahara Lobatón intenta reconstruir su vida fuera del entorno de violencia, el proceso contra Bryan Torres avanza en una etapa silenciosa pero determinante. Las próximas decisiones judiciales marcarán el rumbo de un caso que, más allá de la exposición mediática, se desarrolla bajo reglas estrictas que no siempre coinciden con la urgencia de la opinión pública.
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