La salud no puede esperar. Mucho menos cuando se trata de un sistema como EsSalud, del que dependen más de 12 millones de peruanos. Por eso, la creación del Grupo de Trabajo para la mejora de su gobernanza y sostenibilidad (según la reciente Resolución Ministerial N.º 097-2025-TR) representa —o debería representar— algo más que una mesa de análisis: es una última llamada para enfrentar, con honestidad y rigor, una crisis que ya no admite maquillaje.
Quienes trabajamos en el sector salud, desde distintos frentes, venimos alertando desde hace años sobre un deterioro progresivo: deudas impagables que superan los 3,000 millones de soles, procesos de compra estancados, servicios colapsados, desabastecimiento recurrente de medicamentos e insumos, y una gestión fragmentada que ha perdido el foco en lo más importante: el paciente.
Lo que está en juego no es un tema de planillas o presupuestos, sino la continuidad de un servicio esencial. La demora en los pagos no es solo un problema financiero. Es una cadena que se rompe: el proveedor no entrega, el hospital no atiende, el paciente no accede. Y cuando esto ocurre, la desconfianza crece —y con razón.
Es importante subrayar que esta crisis no es nueva. Viene gestándose desde hace muchos años y trasciende a cualquier gobierno de turno. Resolverla no pasa únicamente por una mayor asignación de recursos. Y sí, se necesita presupuesto. Pero también, y sobre todo, se necesita visión. Un modelo de gobernanza sólido, continuidad en las políticas, cuadros técnicos capacitados, procesos con trazabilidad, decisiones basadas en datos. Y algo más difícil de lograr: voluntad de reformar lo que ya no funciona.
Desde el sector privado de la salud —y hablo desde una asociación que reúne a laboratorios comprometidos con altos estándares de calidad y ética en todos nuestros actos— saludamos esta iniciativa del Ministerio de Trabajo, pero también creemos que se necesita una agenda técnica con metas claras, resultados medibles y, sobre todo, decisiones valientes.
Porque en EsSalud no hay espacios para la improvisación. Lo que hoy se requiere es liderazgo. Con transparencia. Con compromiso real y muy importante, la participación de todos los actores del sistema.
Reparar la confianza en el Seguro Social es posible. Pero requiere asumir que no estamos frente a un bache administrativo, sino ante una falla estructural que afecta el corazón del sistema. Y que, si no se atiende ahora, será cada vez más difícil revertir.
La salud de millones está en juego. Y eso debería bastar para ponernos de acuerdo.

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